lunes, 30 de diciembre de 2013

“ASÍ CONOCÍ A DIOMEDES”

Por Félix Carrillo Hinojosa*

Un día cualquiera del mes de Septiembre de 1974, nos arremolinamos los estudiantes del Colegio Nacional Loperena, ante el llamado de la realización de su quinta semana cultural, que tenía como acto especial el concurso de canto. El salón se volvió insuficiente ante la asistencia de las barras de los diversos colegios, que traían a sus representantes a manera de pollitos del canto. Así vi desfilar a Jorge Quiróz, Adalberto Ariño, Diomedes Díaz y Rafael Orozco, entre el variado grupo, que pretendía emular a los ya posicionados dentro de esa manifestación artística, cuyas raíces vallenatas se peleaban los del ayer y de ese momento.

Unas barras, eran más organizadas que otras y sus diferencias se notaban, cada vez que salía su representante a cantar. Mientras Rafael José Orozco Maestre, representante del Loperena, se hacia visible por su amplia melena que le caía en sus hombres, que entre todos, ganaba seguidores por su canto, al tiempo que desde el colegio Inspecam, sobresalía un muchacho delgado, silente, que cada vez que abría su boca para cantar creaba su diferencia. Después supe que su nombre era Diomedes Díaz Maestre. Al final, hubo un ganador y fue Rafael Orozco, quien fue superior a todos, pero que sin lugar a dudas, desde ese instante, empezó el contrapunteo artístico, entre quienes serían las dos banderas del Vallenato por muchos años: Rafael Orozco y Diomedes Díaz. 


La suerte de Rafael Orozco Maestre, ganador de ese concurso, se vio compensada con la unión que hizo con el acordeonero Emilio Oviedo y que marcó el inicio de su senda llena de triunfos. En lo que corresponde al cantor campesino, seudónimo que siempre usó Diomedes Díaz Maestre en los concursos, vio compensada su aparición en el escenario de ese concurso, al ser grabadas dos de sus nacientes composiciones: “la negra y el cantor campesino” por Jorge Quiroz y Luciano Poveda, en un variado de discos Fuentes. 




Para inicios de 1976, estaba con unos compañeros del Colegio Nacional Loperena, viendo un partido de baloncesto, ante todo por el grupo de jovencitas que disputaban ese encuentro, cuando Julio Díaz Martínez corrió y me pegó un grito: primo Félix. Eran las cuatro de la tarde. De pronto, me encontré de frente, con el mismo muchacho desgarbado de dos años atrás. Esta vez, vestido con un pantalón poliéster rojo, bota ancha, una camisa verde y unas gafas, quien con grabadora en mano, se dispuso a ponerla a todo volumen. Antes de hacerlo, Julio Díaz Martínez le dijo: él es Félix Carrillo Hinojosa. Solo balbuceó: “entonces es familia mía, porque yo soy Hinojosa”. Así nació esa relación, hecha por el llamado de la música, sostenida por la familiaridad y perpetuada por la admiración reciproca. Empezamos a escuchar sus canciones, cantadas por él y el acordeón de su tío Martín Maestre Hinojosa. Las mismas que marcaron su posicionamiento como el más grande cantautor vallenato. Después de escucharlas, hice que se detuviera en el Paseo “Hijo Agradecido”.  
La escuchamos dos veces y le dije: “con ese tema podemos concursar en el Festival”. No le sonó mucho la idea, porque al final dijo: ese concurso es para los grandes y ya tiene a sus seleccionados. “Le reposté que no era así y que el concurso era el medio para llegar a ser reconocido como compositor”. Al final accedió y nos comprometimos con Julio Díaz Martínez, a pasar en limpio la canción e inscribirla en la Oficina de Turismo como en efecto ocurrió. Esperamos paciente la selección que hacían en ese evento de las canciones. Luego salió la lista de las canciones preseleccionadas con sus respectivos seudónimos. Me fui para Radio Guatapurí y le hice enviar con el locutor Egberto Gutiérrez Acosta, un mensaje a Diomedes Díaz Maestre a la Junta: “se le avisa a Diomedes Díaz que clasificó en la canción inédita con el paseo “El Hijo Agradecido”. 

 Tres días después, me sorprendió la presencia de Diomedes Díaz Maestre. Emocionado como nunca lo vi antes, me contó lo que hizo para poder estar en Valledupar: “imagínese primo, me tocó meterme a una finca ajena, a recoger un saco de limón y venderlo en el pueblo, para pagarle el pasaje al señor Arturo Araujo, quien es el encargado de llevarnos y traernos de la Junta al Valle”. Esa historia me conmovió tanto, que lo abracé y le dije: “bueno primo, ahora es que van a saber, quien es Diomedes en ese concurso. Hay que ganar”. Él me miraba incrédulo. Esa tarde nos dedicamos a practicar la canción, en el Barrio San Joaquín, ya que el concurso de la canción se iniciaba al día siguiente. Esa fe que teníamos cifradas, en la canción y en el nuevo pollito del canto, empezó a dar sus frutos. Más de uno, de esa elite vallenata de la composición, empezó a caer derrotado por la manera distinta de cantar Diomedes. Él era puro sentimiento. No era lo bien que cantaba, sino la manera distinta de expresarse. Él era la melodía, que en muchos de los concursantes no abundaba. Ese concurso me dio, unos ingredientes, que con el tiempo pude ratificar. Estábamos frente a un diamante sin pulir, ante una voz que había que decirle hacia donde dirigirla. Con mi grabadora, tomé la muestra de su presentación, que fue sin temor a herir a ninguno de los participantes, la mejor y que le permitió a Diomedes, graduarse en ese evento. Todos corrimos hacia él y lo felicitamos. El sudaba copiosamente. Con una sonrisa respondía a nuestras expresiones de alegría por ese logro. 

 Al final, después de un largo enfrentamiento musical, un tercer lugar ratificó, el nacimiento de Diomedes al interior del Festival de la Leyenda Vallenata. Todos festejamos con aguardiente antioqueño ese logro, mientras ellos se embriagaban, los rendía el alcohol y el guayabo, con la grabación que había hecho de su presentación estuve en el Hotel Sicarare, pregunté por el señor Rafael Mejía, quien era un alto directivo de Codiscos. Le hablé de Diomedes y su canto. Le puse su presentación en el concurso de la Canción. Después de escucharlo, sentenció: “más canta un pollo al horno que Diomedes”. Salí entristecido de la habitación. Al llegar a recepción me encontré con Alonso Fernández Oñate, ganador de la canción inédita con el merengue “Yo soy vallenato”, Antonio del Villar, vinculado con esa compañía discográfica y Andrés Gil Torres, artista exclusivo de la misma. A ellos les hablé de mi interés para que tuvieran en cuenta a Diomedes. El Doctor Alonso Fernández Oñate me pidió el casete que contenía su presentación. Luego supe que todos ellos, incidieron para se diera la grabación del naciente cantautor y el rey de ese año, Nafer Durán Díaz. 

Ese hecho, me permitió empezar a fortalecer mis inquietudes culturales en torno al Vallenato. Diomedes Díaz me invitó varias veces a sus ensayos, con el nuevo rey Nafer Durán, a los que asistí una sola vez, ya que el colegio me exigía responder con mis compromisos académicos. Luego supe de su viaje a Medellín y de los contratiempos vividos para poder cristalizar sus sueños: su primera grabación 

Después de esa conquista, realizada por Diomedes Díaz Maestre, que le permitió construir una pista para volar al mundo de lo artístico, son varios los hechos que valen la pena exponer sobre él, para no quedarnos en la mera construcción de lo anecdótico, en la que por lo general, terminan esas referencias que se hacen sobre nuestros valores artísticos. Diomedes Díaz Maestre, el hijo de Elvira Maestre Hinojosa y Rafael María Díaz, es más que eso. Su aporte a la música colombiana y en especial al Vallenato, tiene que ser abordada con una mayor responsabilidad, no con el sello farandulero en el que muchas veces termina su análisis. Entraría a plantear lo siguiente: cómo un muchacho tirado a su suerte, logra posicionar su primer sueño musical. Cómo un naciente cantautor considerado más compositor que cantante, supera esa barrera impuesta por sus propias circunstancias vocales y las de sus colegas. Ese primer antecedente, merece una mirada calmada y sin fanatismo. Para ello es bueno precisar que, Diomedes Díaz Maestre siempre tuvo contratiempos cuando se metía a cantar. Era rechazado y solo su fe de carbonero, lo llevó a superar sus falencias. Él aprendió a cantar. Cuando se quedó solo en su primera grabación, encomendó a Dios y a la Virgen del Carmen ese sueño. 

Su manera de vivir la vida, solo a él, le corresponde analizarla. Por eso siempre me quedo con su aporte artístico, lo humano que lo mire Dios. Solo él es el indicado para juzgarnos. De Diomedes Díaz Maestre puedo decir, a manera de cierre, que su aporte es maravilloso y es el punto de mayor madurez de la Música Vallenata. En él se encuentran varios factores, que inciden mucho en la consagración de un ser humano frente a su actividad: talento, carisma.

Diomedes Díaz Maestre, es el cantautor más grande que ha gestado el vallenato. 

*Escritor, Periodista, Compositor, Gestor Cultural para que el Vallenato tenga una categoría dentro de los Premios Grammy Latinos.

domingo, 22 de diciembre de 2013

LA JUNTA LLORA A SU CACIQUE

DIOMEDES DIAZ 
La Junta  26 de mayo de 1957 / valledupar 22 de Diciembre de 2013