miércoles, 2 de febrero de 2011

“Y al Festival Vallenato, quién lo defiende”

Félix Carrillo Hinojosa
Escritor, Periodista, Compositor y Rey Vallenato, Gestor cultural proponente para que el Vallenato y la cumbia tengan una categoría dentro de los Premios Grammy Latinos.

“El que no conoce el tema sufre de engaño”(Sebastián Guerra)





Si el Festival de la Leyenda Vallenata no se organiza en Valledupar, la realidad de nuestra música no sería como se vive hoy, así muchos, grupo reducido por cierto, traten de restarle al mismo, apostándose en cualquier esquina de Colombia y en buen uso del poder que da el centralismo, para argumentar muchos hechos, que no se han podido probar y así cerrarle el paso, al primer evento cultural que tiene el país. En ese afán maquiavélico se ha parapetado Evelio Daza Daza, un personaje que no es un buen ejemplo en su andar personal y quien en medio de su histriónico proceder, se ha llenado de perversos requisitos y malquerencias, que ya no le caben en el cuerpo, llevándose por delante si lo dejamos, el buen nombre de un evento, que nunca necesitó de él, para constituirse en lo que es y no, en un nido de ratas como lo promulga sin la argumentación probatoria suficiente.
El Festival de la Leyenda Vallenata se creó en 1968, en donde muchas personas tuvieron que ver con ese nacimiento, entre ellas, Consuelo Araújonoguera, Rafael Escalona Martínez, Miriam Pupo, Alfonso López Michelsen, los Hermanos Pavajeau Molina, Hernando Molina Céspedes, “Colacho” Mendoza, Rodolfo Castilla, Adán Montero y tantos músicos que como ellos, contribuyeron de manera abierta y sincera como somos en nuestra provincia, a su gestación. Los primeros eventos, fueron organizados por la oficina de turismo del Cesar, por la que desfilaron importantes personalidades como Pedro García, Alonso Fernández Oñate, Darío Pavajeau, Gustavo Gutiérrez Cabello, Simón Martínez, entre otros, siempre con un reducido grupo, entre quienes sobresalía Cecilia Monsalvo, “La Polla”, que le apostaban cada año, contra viento y marea, a sacar adelante lo que parecía un imposible. Ese hecho, lo que hace es reordenar nuestra música y permite que acordeoneros de todos los rincones del Caribe llegaran allí y demostraran sus virtudes en la música vallenata. Así se dieron cita y hoy día más, un gran número de ejecutantes del acordeón con su repertorio al frente y voz en cuello, para moldear lo que tenemos con mucho orgullo, “el primer evento con la música vallenata en Colombia”, que sirvió además, para que muchos pueblos le siguieran y ahí es donde, la Fundación jugó su papel determinante en la consecución de los recursos para mantener el desarrollo del mismo. Hoy día “Colombia es Vallenata” y este evento, puede decir sin vanidad alguna, que sirvió de plataforma para que ello ocurriera. Cómo es posible que por una vieja dolencia, que no pudo superar Evelio Daza Daza, esperó que se muriera nuestra querida “Cacica” Consuelo Araujonoguera, para arremeter contra sus hijos. Lo que no ha previsto el quejoso, es que su mal accionar no solo es contra la familia Molina Araujo o Edgardo Maya Villazón, exprocurador de la Nación, sino contra todo un pueblo, en donde los ganadores, concursantes, jurados, vendedores informales, artistas vallenatos y quienes nos visitan, nos sentimos afectados por esa desaforada carrera que ha montado, en donde uno se pregunta, ¿qué persigue el quejoso?
Es cierto que, Consuelo AraújoNoguera no está físicamente con nosotros, pero lo que ha olvidado el resentido y leguleyo abogado de causas perdidas, es que tiene al frente a un contingente que creo, no lo abruma la ingratitud y mucho menos la amnesia, ya que todos sin excepción, hemos pasado por ese evento, unos como jurado, otros como concursantes o invitados especiales. Habría que preguntarle a Evelio Daza Daza, por qué aceptó ser jurado o pasearse como vedette por la tarima Francisco El Hombre, de un Festival prototipo de la corrupción, argumento que esgrima en reuniones publicas y privadas o en los medios de comunicaciones, donde se pavonea de la verdad formal que esgrime. Nuestro evento cultural que no es de Cesarences, Guajiros o del Caribe, sino de una Nación que ha visto en él, lo que no quiere aceptar el quejoso. Si es cierto lo que Evelio Daza Daza argumenta, es urgente fustigar a los organismos de control del Municipio de Valledupar y del Departamento del Cesar, que han dejado que la corrupción cubra al Festival de la Leyenda Vallenata. Le agradecería nos responda el quejoso, Por qué no planteó en vida de “La Cacica”, el tema de la locativa del actual parque de la Leyenda Consuelo AraújoNoguera, máxime que él tiene conflicto de intereses en ese tema. Qué necesidad tiene él, de ir a donde el sanedrín centralista que siempre nos ha visto como poca cosa y que cada vez que alguien de nuestra provincia quiero surgir, surge como aplanadora y nos barre. Es que acaso nuestra justicia local o regional no existe. O es que el Festival es producto del paramilitarismo o hecho parecido. Por lo visto, quiero que esto no sea así, pero he llegado a varias conclusiones, entre ellas, que “el quejoso lo que no se come lo daña” y en esa política de poca monta y rastrera por demás, nos golpea al enfrentarse a una familia como los Molina Araújo y al exprocurador Maya Villazón, quienes hacen parte de nosotros, pero que el Festival como tal, no tiene nada que ver con sus aciertos o no. Por qué esperó Evelio Daza Daza en alianza con otros personajes de la política nacional, cuyos procesos fueron fallados por el entonces procurador Maya Villazón, para pasarle cuenta de cobro y por mala ventanilla. Es bueno subrayar, que el exprocurador no necesita de mi defensa, ya que puede mostrar una excelente labor en su paso, por la Procuraduría General de la Nación.
Todos estos argumentos, me obligan como compositor y rey, jurado y conferencista de ese Festival e investigador de la música vallenata, a solicitarle a cada uno de los ganadores de las 43 versiones que se han hecho de ese evento, a los gestores culturales y a quienes han fungido como jurado o conferencista, nos ayuden con sus voces, en esta encrucijada en que la mente buscapleitos de Evelio Daza Daza nos ha puesto. Nuestros queridos Alcalde Luis Fabián Fernández Maestre y Gobernador Cristian Moreno Panezo saben de la labor que ha venido desarrollando la Fundación Festival de la Leyenda Vallenata. Ellos saben, por la magnitud de sus respectivas funciones, que organizar un Festival no es con la boca, que sin bien es cierto, pueden existir errores al interior del ente que lo organiza, con “matar el Festival” no es que vamos a corregir los mismos. Cabe preguntar, en manos de quien o quienes vamos a dejar nuestro evento, de la Alcaldía o la Gobernación o entregada en comodato a una fundación de papel o que lo presida Evelio Daza Daza.
Invito a los ganadores del Grammy Vallenato Hermanos Tomás Alfonso y Emiliano Alcides Zuleta Díaz, Jorge Celedón y Jimmy Zambrano, Peter Manjarres y Sergio Luís Rodríguez y Diomedes Díaz con Álvaro López, al igual que a Jorge Oñate, el grammy a la excelencia artística, que hagamos un frente común y “frenemos al caballo desbocado que maneja Evelio Daza Daza” con el único propósito de exaltar la venganza, ponernos por el suelo como lo peor y sobresalir él como lo impoluto e inmaculado. Igual a los miles y miles de amigos que llegan de los distintos lugares de Colombia y el extranjero y son bien atendidos por nosotros, al darse cita en el Festival de la Leyenda Vallenata para escuchar nuestros cuatro aires o ritmos como lo son El Paseo, El Son, El Merengue y La Puya que a través del Acordeón, Caja y Guacharaca han logrado inmortalizar a una región. No duden un instante, “Valledupar el vaticano del Vallenato”, los espera con los brazos abiertos en su versión 44 en homenaje a Leandro Díaz y Lorenzo Morales del 26 de Abril al 1 de Mayo/11, para que vean que no es cierto ni es verdad, que el Festival se hace por osmosis o la mayor quiromancia posible y que sus “resultados económicos”, son sacados en sacos de tres rayas a altas horas de la madrugada por los áulicos de los querellados por Evelio Daza Daza.

martes, 1 de febrero de 2011

EN LA GUAJIRA

Félix Carrillo Hinojosa
Escritor, Periodista, Compositor y Rey Vallenato, Gestor cultural proponente para que el Vallenato y la cumbia tengan una categoría dentro de los Premios Grammy Latinos.


¿Qué tan rico somos?


Desde niño le escuché a mí padre, hablar de las bondades que tenía la Guajira en la construcción de la música vallenata. Eso lo pude corroborar con el paso del tiempo, al tener contacto directo con los descendentes de los juglares, gestores de la prehistoria de ese género musical y con las actuales leyendas urbanas, que a manera de héroes tanto los unos como los otros, se levantan en defensa de las veredas, caseríos y pueblos que sin lugar a dudas, tienen el influjo de ellos.

Es la Guajira, un abanderado territorio que presenta el privilegio de tener en sus entrañas, elementos tan determinantes para el cimiento de una música local: la entrada en 1850 del instrumento proletario que replanteó todo el quehacer musical de la gran provincia, que a manera de fuelle nostálgico recogió las melodías que desconocidos hombres construyeron a través de sus décimas, conjuntos de hojita, luego pico de botella, hasta que llegó el acordeón altivo, alegre y bucólico y recogió los diversos sentires y arrinconó a los instrumentos nativos. Así se me hizo recurrente saber de tantos pasajes, que en el territorio guajiro se construía y vivía de manera cotidiana. Conocer detalles de Francisco Moscote Guerra, el hombre que se enfrentó al diablo convertido en acordeonero, en donde el primero, de manera hábil tomó una danza de los negros marginados en Riohacha conocida como “el credo alrevés”, que fue satanizada por la iglesia y que le sirvió para vencer el maleficio, que sirve a la vez, de sustento al género de la Píqueria. Luego, las famosas mudanzas en la Sierra de los Brito, que duraban ocho días y que a manera de encuentro, veía desfilar a tantos acordeoneros venidos de muchos lugares, en donde las madres tenían una décima a manera de regaño, para enviar a sus hijos a hacer un mandado o cuando el marido se iba de parranda y regresaba días después. Encontrar en Galán, a los Mellos Brito Sierra hacer miles de malabares con sus respectivas cajas o a las heroínas Tomasita Arrégoces, cantando y tocando su guacharaca al lado de Francisco el hombre mientras la voz sonora del Plan, Sara María Baquero Salas, a punta de versos dejaba que la cogiera la madrugada para que sus pollerines elevaran al punto más alto, a una mujer menudita de mirada buena pero siempre altiva, quien guió todo ese movimiento cultural, que con base en la música popular se hizo grande. En ese caserío del Plan Sierra Montaña, caminó de su mano, el portentoso Emiliano Zuleta Baquero, el hombre que hizo de la música vallenata toda una escenografía teatral mientras el verso serrano de Antonio Salas se esparcía como el perfume natural.
Si por esas tierras, ocurrían tantos hechos que hoy día son la base para el expansionismo musical, no lo era menos por Barrancas, Lagunita de la Sierra, Fonseca, San Juan del Cesar, Urumita, El Molino, La Jagua del Pilar, sitios que afilaban las espuelas de sus gallos musicales con el solo comentario del que lleva y trae la razón: “en el caserío tal, hay un músico que dice que no respeta a ninguno por aquí. Que es pura espuela lo que van a llevar”. No terminaban de decir eso, cuando la contesta era un canto con destinatario propio. Así se construyó nuestra música que arrancó con un sonoro “Música Provinciana”, “Música de Parranda”, “Música del Magdalena”, hasta llegar a “Música Vallenata”, no por razones geográficas sino musicales, sino analicen esta expresión de un guajiro: “Y Luís Enrique el pollo vallenato y es candela lo que van a llevar”. Por eso es necesario recordar, los nombres de Tomás Gregorio Hinojosa Mendoza quien junto a “Chico” Bolaños y Eusebio Ayala llevaron el acordeón a la zona Bananera y el arranque revolucionario del segundo, quien logró unir el golpe de bajo con los pitos, que es la prueba fehaciente que nuestra música ante la llegada del acordeón tuvo una etapa Instrumental sustentado en el desconocimiento que hacia ese instrumento se tenía y que luego, se pasó a tocar lo que se escuchaba como Foxtrox, Pasillo y Mazurcas para terminar en la adaptación de sus creaciones a ese instrumento, para tener a un Luís Enrique Martínez quien depuró el estilo de su padre Santander Martínez y el de los Brito con quienes les unía una familiaridad de sangre y del mismo “Chico” Bolaños, quien por expresiones de todos los músicos de su generación, lo consideraron el más aventajado. Como olvidar a Rafael Henriquez del Prado, un músico que enseñó a más de una generación a tocar guitarra, del que se desprende su ahijado Carlos Huertas Gómez, toda una manera distinta de ejecutar y componer el vallenato. Armando Zabaleta un hombre que representa la primera muestra del cantautor en el vallenato, hecho que fue seguido por Isaac Carrillo. Julio Vásquez y Máximo Móvil, cuyas obras son dignas de tener en cuenta por su exquisitez musical y su pura narración campesina. Sin que lo anterior sea más ni menos tampoco, lo realizado por los Pitre, Solano, Sarmiento, Maestre, Mendoza y tantos hombres y mujeres que cayeron bajo el peso del anonimato y el paso inexorable del tiempo, son hazañas musicales que nos deben servir de orgullo. Eso es lo que ha sustentado a este movimiento artístico, que más que folclor es pura muestra de música o de arte popular. Ese aporte del artista Guajiro es una constante en nuestra cultura, lo que ha permitido que no haya un estacionamiento tanto en el lenguaje como en su música. Responsable de esa continuidad aparecen Alfonso Zuleta Díaz y Diomedes Díaz Maestre en el canto, quienes lo elevan al más alto nivel. Igual ocurre con la composición y la ejecución del acordeón, en la que un Emiliano Zuleta Díaz, Rosendo Romero, Daniel Celedón, Alfonso Cotes, Hernando Marín, Luís Egurrola Hinojosa, Adanies Díaz, Toby Murgas, Ender Alvarado, Lenín Bueno Suárez, Héctor Zuleta Díaz, Hernán Urbina, los Hermanos Calderón Cujia, Marciano Martínez, Silvio Brito, Elías Rosado, los Hermanos Meriño, Alberto Zabaleta, Alfredo Celedón, Chema Ramos, Orangel Maestre, Norberto Romero, Aurelio Nuñez, Martín Maestre, Leonardy Vega Gutiérrez, Everardo Armenta, Alberto Murgas, Romualdo Brito, Juan Manuel Gutiérrez, Ildefonso Ramírez Bula, Gustavo Bula, “El Cacha” Acosta, Reynaldo Díaz, Luís Quinto, Jesualdo Bolaños, los hermanos Ovalle, “Pacho” Rivera, Humberto Herrera, Israel Romero, Juan Roís, quienes a su manera exponen los diversos colores que tiene la composición y la ejecución del acordeón. Pero no nos hemos quedado ahí, plegados al tiempo y sin renovación. Todo lo contrario, para bien de la nueva generación tanto creadora como seguidora del vallenato, aparecen nuevos valores como Silvestre Dangond, “Morre” Romero, Luís Alonso, Jr Santiago, Jorge Celedón, Nelson Velásquez, Wilman Bolaños, Emerson Plata, Iván Zuleta, Ronald Urbina, Fabián Corrales, María José Ospino, Chemita Ramos, Jean Carlos Centeno, Jr Santiago, Hermanos Farfán, quienes continúan todo ese legado que tiene más de un siglo de aporte artístico, pese a que nuestros eventos o festivales que en otrora brillaron por su organización y buenas decisiones, caen bajo el embate de la corrupción y sin una hoja de ruta que les permita mantenerse. Los mismos, no son más que uno remedo de lo que pudo ser y no fue. Es urgente que quienes dirigen el norte cultural en nuestra tierra, de verdad organicen y pongan en práctica unas verdaderas políticas culturales y no le den paso, a unos fracasados políticos que ahora fungen de gestores culturales, mientras tanto, “La Yonna”, danza insigne de nuestra cultura y de la que se desprende el paseo alegre y el digíteo rápido de nuestros acordeoneros, es más en la actualidad una muestra para el espectáculo y no la muestra viva de nuestra raza o mostrando la artesanía como lo único para tener en cuenta por parte de nuestros Wayuu. Pese a todo, ahí siguen de pie nuestros artistas Guajiros, incólumes ante la corrupción y todos esos fantasmas que rodean al ser humano y que en la mayoría de nuestros políticos ha hecho mucha mella, prueba fehaciente es que el desempleo, la mala educación y salud, la falta de una vivienda digna y ante todo, el respeto que debe dársele a la población civil no llega, peor aún, ésta última se postró ante la mala clase política nuestra. Los índices que surgen, del análisis sobre cada administración que termina, no es la mejor. Para infortunio de la población de los pueblos nuestros, la mayoría de sus gobernantes trabajan para enriquecerse. Ellos saben, que las penas que les espera por su mal accionar los lleva a una detención domiciliaria o en el peor de los casos, si no hay un buen arreglo con los que ofician justicia, se obtiene una inhabilidad por un determinado tiempo, que con los bolsillos llenos productos de la corrupción, los lleva a poner a un hijo, sobrino, mujer, amante o un esbirro que les tape todo su mal accionar, mientras tanto, la población civil paga los platos rotos del mal gobernante y sufre las consecuencias de su mala elección que es siempre, con contadas excepciones, la misma. Pese a todo, nuestros artistas siguen ahí de pie, de frente con los embates que las malas administraciones dejan, con sus propios problemas de alcoholismo, drogadicción, contaminación ambiental y desempleo, que hacen estrago en la población artística guajira, sin que los que orientan el tema de la salud en nuestra tierra, hayan hecho un serio diagnostico para cerrarle la brecha a esa terrible enfermedad.
Entre todos podemos sacar adelante a nuestra querida Guajira. Ella merece un mejor trato por parte de sus dirigentes políticos y administradores públicos. Nuestra tierra necesita una sociedad civil más coherente con sus sueños. Debemos hablar menos y hacer más. No robar y hacer obras que sean útiles a la población. No dejar que la envidia, la pereza, la virtud de hablar mal del contrario y tantos bichos raros que nos cubre, hagan estragos en nuestra gente. De nada sirve que la población denuncie los malos hechos y existan personas corruptas dentro de los órganos de vigilancia y fiscalización. De nada sirve que el artista Guajiro deba migrar para poder lograr cristalizar sus sueños. De nada sirve que desde Riohacha hasta el último de nuestro pueblo Guajiro, esté amordazado por la corrupción y su progreso frente a los otros pueblos del caribe colombiano sea un pálido referente. Algo está pasando al interior de nuestra querida Guajira, lo raro es que de ello nadie se quiere percatar. Todos se hacen los sordos. Es urgente que se haga un gran frente con todos los sectores sociales para encontrarle una salida a esta gravísima problemática. Es sano, que nuestros gobernantes se apersonen de nuestra triste pero cruda realidad. De nada sirve que pregonemos al mundo que somos una región rica mientras nuestra población está empobrecida. De nada sirve que se hable del gas, carbón y cuantas riquezas más tengamos por ahí como futuro negocio, mientras el mayor potencial que tenemos y que es nuestra población Guajira, esté en esas condiciones. Como compositor e investigador sobre mí cultura musical, tengo unos serios compromisos pero más allá de esa agradable sensación, si se trata de todos mis paisanos, para mí ellos, valen más que un edificio, unas minas, una caja, guacharaca o acordeón, estas tres últimas, la razón de nuestra existencia musical.

“Rondas Culturales, el alma del Cesar”

Félix Carrillo Hinojosa
Escritor, Periodista, Compositor y Rey Vallenato, Gestor cultural proponente para que el Vallenato y la cumbia tengan una categoría dentro de los Premios Grammy Latinos.



“No sabiendo que aquí en el Cesar, nadie nos puede hacer desistir”

Luciano Gullo Fragoso



En medio de la tragedia, que un fenómeno natural como es la lluvia nos ha prodigado a manos llenas, se levanta el departamento del Cesar con toda su fortaleza, para cubrir de esperanza a sus habitantes, que pese a sus rostros tristes decidieron ponerles un toque motivador, traducido en las rondas culturales, que permitirán conocer de una manera especial, los sueños de una tierra.
Pero, qué es esa estrategia cultural y hacia dónde apunta. El gobernador Cristian Moreno Panezo y su equipo de trabajo, han comprendido que en medio de la tragedia, no se puede dejar derrumbar lo que con tanto ahínco se ha construido, en cada pedacito de tierra de ese departamento que cifra su empuje en sus grandes colores sustentados en el arte y el optimismo de su gente. Es por ello, que los eventos que se hacen en cada municipio o vereda de los kilómetros que constituyen al Cesar, no han parado como una enseñanza que más allá de su territorio natural, debe tener el protagonismo que su gente quiere. Es una manera de decirle a Colombia, que seguimos vivos de la mano de sus personajes culturales, quienes relatan con sus diversas maneras de encarar la vida, la complicidad de viva voz que hay en sus mensajes vallenatos, con sus brochazos de múltiples acuarelas, sus tambores que retumban en las diversas esquinas de la Patria y el sonido incesantes de sus voces ante el rebruje de una guacharaca que sonsaca al acordeón, para que muestre sus mágicas notas escondidas y termine con un golpe sonoro de caja, que dicen al unísono: “Colombia es Vallenata”.

El Cesar no puede ni debe desmayar ante la tragedia. Eso lo han comprendido los responsables de las políticas de gobierno y cultura. Por ello, ese querido territorio no puede detener sus voces, porque el agua nos moje a cantaros el alma, nos robe muchas vidas y nos quite de un tajo, nuestros sembradíos y los animales que nos acompañan en cada amanecer o al final de la jornada. El debe seguir recorriendo muchos caminos de la mano de su gente, cubierta de esperanza y cuyo propósito firme es, ser visible en la muestra de sus costumbres.
En ese peregrinaje cultural, uno de los actos que dio inicio a la construcción de lo que debe ser la gran escalinata de la cultura, fue el lanzamiento del libro “Adiós al mito” del periodista Carlos Alberto Atehortua, quien recogió pasajes pocos comentados del compositor Rafael Escalona Martínez, los actualizó y los puso al servicio de la gran causa vallenata. El escenario no podía ser otro que la Universidad Santo Tomás, seccional Bogotá, que contó con una nutrida presencia de seguidores del vallenato y la conducción del periodista Rafael Oñate Ribero. El libro fue presentado en sociedad por la editorial Carrera séptima y prologado por el jurista e investigador social, autor del libro Vallenato hombre y canto, Ciro Quiróz Otero. Este acto se desarrolló en el mes de octubre y fue respaldado por el cubrimiento de diversos medios de comunicación, contó con los comentarios de personas autorizadas en el tema vallenato, la vida de Rafael Escalona Martínez y la presencia de nuestra tierra se hizo determinante al condecorar al escritor Atehortua Gil, por parte del Gobierno departamental que preside Cristian Moreno Panezo, con la medalla al merito que le fue entregada por Iván Duarte, representante de la casa vallenata en Bogotá, al destacado periodista, quien sin lugar a dudas, es de los más conocedores de la vida pretérita del Cesar.
La constante preocupación del departamento en las actividades culturales, en la que tiene que ver, la participación activa de sus niños, hombres y mujeres, nos condujo a una noche inolvidable en donde las notas musicales del vallenato se hizo presente con un personaje que está lleno de sencillez y que sustenta en cada palabra que expresa, lleva un sello especial que representa al más puro de los gestores, para que nuestra música esté en el sitial en que se encuentra. Es nada menos que Leandro José Díaz Duarte, el cantor de Alto Pino, jurisdicción de Barrancas-La Guajira, quien nos ha enseñado de diversas maneras como se construye un buen canto vallenato. Ese relato, que por más de seis décadas nos ha dejado con su impronta especial, ha venido de diversas maneras. Una, con sus cantos adoloridos, otra, con la rebeldía que es característica especial en un hombre de su talante. Esa noche artística estuvo organizada por la Gobernación del Cesar, con presencia de su gobernador Cristian Moreno Panezo y de su representante en Bogotá, Iván Duarte y del senador Félix Valera, el representante José Alfredo Gnecco quienes fueron acompañados por el senador guajiro Jorge Ballesteros, el secretario del Senado Emilio Otero y otras distinguidas personalidades de la política nacional. La conducción de ese evento cultural, fue desarrollada por Carlos Alberto Atehortua Gil y Rafael Oñate Ribero, el cual contó con el aporte musical de los reyes vallenatos Ivo Luís Díaz Ramos y Hugo Carlos Granados Córdoba, quienes nos deleitaron con la excelsa obra del maestro Leandro Díaz, que sirvió de cierre al panel sobre su vida y obra, que desarrollaron Ciro Quiroz Otero, Ariel Castillo Mier y Carmelo Perdomo, quienes plantearon las diversas miradas que solo un hombre como el cantor de Alto Pino puede generar.
Fue una noche especial, en donde las palabras del creador vallenato Leandro Díaz Duarte se confundieron con las expresiones de cariño de cada uno de los asistentes, en uno de los importantes salones del Congreso Nacional, que gozó del colorido musical que la obra del homenajeado puede brindar y de las condecoraciones que ambas cámaras y el Departamento del Cesar entregaron como un reconocimiento a un hombre sencillo de la gran provincia vallenata, que ha llevado en sus hombros una de las mayores responsabilidades culturales como es la de hacer conocer a una tierra, a través de su obra musical. El recorrido de los ritmos y las canciones del grande Leandro Díaz, nos brindaron muchas enseñanzas, que hacen más visible los valores de nuestros campesinos, quienes son los responsables para que el vallenato esté gozando de todos estos reconocimientos.
En ese proyecto de la gran ronda cultural, el departamento del Cesar se ha comprometido a entrelazar las diversas muestras que arrancan del sur y terminan en la cabecera de una tierra que nació con el influjo de la música. Es por ello, que esos sonidos libertarios se siguen sumando a las voces de sus gentes, que no se amilanan ante la embestida natural para sacar todas sus ganas y decir siempre presente. Es por eso que Chimichagua, con el agua hasta el cuello, supo capotear el vendaval y le hizo un sentido homenaje este fin de semana pasada, a uno de sus hijos más queridos. Se trata del hombre musical Camilo Namén Rapalino, quien con sus cantos con sabor a pueblo, le ha mostrado a Colombia como se compone en medio del dolor. Todo el pueblo se volcó, en medio de la tormenta y se impuso ante la adversidad para decirle al reconocido compositor lo que significa para su tierra. Todo ese empuje demostrado por los Chimichagueros servirá de telón para que nos enrutemos a disfrutar del Festival de Compositores que se hace como epilogo de un cierre cultural. No podía ser una tierra distinta a Patillal, la que diera el toque especial para cerrar esta ronda. Los canticos de navidad tienen un sabor vallenato especial en esa fecha escogida por los Patillaleros, quienes decidieron hacer de este remanso de paz, la excusa perfecta para decirle a Colombia, que en un caserío cercano a Valledupar, está la reserva musical del Vallenato. Es por ello, que cuando se abre el libro de esta música con alma provinciana, una de las páginas más especiales, la escriben sus hijos que llenaron de textos y melodías al País, para inmortalizar a una música, a una tierra. La cita es a partir del 23 de Diciembre, donde las melodías de Tobías Enrique Pumarejo, Rafael Escalona, Freddy Molina, Edilberto Daza, Octavio Daza, el canto de Freddy Peralta y las voces de mujeres, niños y ancianos se confunden en un solo sentir, para llenarnos de una música celestial que toca las puertas de las casas humildes y las más encopetadas, para regalarnos a manera de villancico vallenato, una nueva esperanza, una mejor manera de encarar la vida y de decirle a la adversidad, que no ha nacido para vencernos.

¿Quién defiende a Diomedes?

Félix Carrillo Hinojosa
Escritor, Periodista, Compositor y Rey Vallenato, Gestor cultural proponente para que el Vallenato y la cumbia tengan una categoría dentro de los Premios Grammy Latinos
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Quienes lo conocen, aseguran que él todavía no ha podido entender, en qué momento la madeja que enredó su vida, lo puso a pender en un delgado hilo del inmenso tropel, a que lo ha sometido la fama y el prestigio, una queriendo vencer a la otra y las dos, marcando los pasos que debe seguir un artista, que generó las grandes diferencias dentro de su generación y la música que representa, al tiempo que hay quienes sostienen, que no hay un artista en nuestra Patria que haya mal aprovechado todo lo que la naturaleza musical de la gran provincia le prodigó. Mientras la discusión crece, sin que busquemos ponerlos de acuerdo, es importante descubrir a través del problema, la realidad que vive Diomedes Díaz Maestre. Solo él y nadie más que él, puede contar de viva voz, los dolores y las alegrías que narra en sus versos y ante todo, el por qué es entendido de esa manera, por la gran masa que pese a sus contratiempos, siguen plegados a su espíritu, a su relato de cantor adolorido y de narrador desbocado, por el solo hecho de sentirse querido. Por eso lo busqué y al fin, después de dar con su paradero y sortear un aguacero de muchas horas, en donde los continuos truenos y rayos surcaban el ambiente y presagiaban una noche de tempestad. Mientras esperaba su llegada, empezó a dar vuelta en mí, un collage difuso de imágenes en blanco y negro y a color, de esos episodios que hacen de la vida de alguien, en donde muchas de ellas lo ponen como un héroe indestronable y en otras aparece, la del muchacho frágil, que simplemente lo arrinconó su manera de encarar la vida. Me sacó de ese enfrentamiento, cuando el presentador anunció su nombre.Lo vi que llegó con sus cinco pisos acuesta y la presión constante de llevar entre pecho y espalda, la mirada inquisidora de un pueblo que le sigue, para saber qué dice, qué hace, qué piensa y cuál es su nueva creación, sumado al liderazgo que sostiene de la música vallenata, pese al mal momento que vive, reflejado en los buenos y malos comentarios que produce y lo persiguen como un fantasma. Ahí estaba él, parado frente a todos nosotros, con una sonrisa abierta, que recoge la satisfacción de saber, que solo su público hace eso: esperarlo hasta que él quisiera llegar. Era una manera de hablar sin abrir la boca y de ponerse una coraza ante tanta emboscada, al tiempo que esa audiencia crecía y se parapetaba en las escalinatas construidas con cada verso de su obra musical. Llegó perfumado y todo vestido de blanco. Lo esperaba como el padre confesor que asiste a sus feligreses, sin la prevención de imponer una lápida, sin antes haberlo escuchado. Me extendió sus brazos, llenos de cariño y su sonrisa ingenua que conserva como pasaporte eterno de un alma buena, que quita cualquier mala intención, que en este caso no existe, pero que en muchos, con o sin su presencia, le ha tocado sortear. Hablamos abierta y francamente de nuestras vidas, ante todo, de la él, que siempre está expuesta a muchas malquerencias argumentadas, con razón o sin ella, que se estrella en la sola consigna de no soportar, los hechos positivos que le ha brindado a la música Colombiana y en especial, al vallenato. Sin hacerle el quite, a esos grandes errores que han pesado en el desarrollo de lo humano y artístico que tiene Diomedes Díaz Maestre, quiero decirle a aquellos que no lo conocen y que sin saber donde queda Carrizal, el sitio mítico de su nacimiento, le aman su música y viven pendiente de su vida, que esta charla busca mostrarle al cantautor vital que está por encima del empecinamiento de unos cuantos, que no viven su vida, por estar pendiente de construir tantos párrafos negativos, sin saber que él, resiste todo eso y mucho más, cuando su voz se abre a pulmón abierto, a cantar en una noche o tarde memorable, el listado interminable de sus canciones. El sentimiento de sus versos, el relato de sus melodías y la historia viva de sus canciones, es posible que cualquier mal concepto que tengan de él por sus equivocaciones, en donde como protagonista central haya podido cometer, en un momento de esas emociones que solo un hombre pasional como él, vive de manera intensa. –“Primo, si viene a preguntarme, cuántos errores he cometido, le diré que son muchos”. –Me dijo. Al tiempo que se agarraba las manos y miraba a los lados como en busca de algo. –“Pero la verdad verdad, es que no soy un hombre malo, es más, no tengo porque serlo. Mis padres me criaron con mucho amor y eso es lo que respiro en mis canciones. No tengo en mi alma nada de resentimiento. Todo el mal que me han hecho, ya lo perdoné. Espero que también lo hagan con mis errores”. Agachó la cabeza como en busca de una absolución. No era el indicado para perdonarlo, pero comprendí que su actitud lo que buscaba era protección. Ahí fue donde empecé a entender, que el muchacho a veces lengüilargo, que dice sin pensar una mala frase o al que el alcohol le hace unas malas pasadas y que ha puesto en riesgo su maravillosa labor, es el más frágil de lo cantores de mí tierra. Me miró de frente, como queriendo adivinar la pregunta que venía. Solo atiné a decirle, qué podemos esperar su familia, sus amigos de verdad, sus seguidores, si la gente dice que usted llega borracho y con otras drogas entre pecho y espalda, que incumple y que ya no canta. –“Vea primo, de mí se ha dicho de todo. Conmigo se han ensañado. Desde pelao me ha tocado luchar para darle nombre a mi nombre. Muchos no me perdonan que haya salido a la otra orilla”. Pero Diomedes, por qué no sales de esos problemas de droga y alcohol que tanto daño le ha hecho a su vida. Se sorprendió con mi reflexión y vi que arrugó la frente, que en él, es un signo de malestar. –“Primo si yo fuera solo alcohol y droga, ya no existiría Diomedes. Eso es más mito que realidad. Lo que pasa es que ese, es el caballito de batalla que usan conmigo. Solo para poner por encima ese problema, a mi talento. Si fuera pura droga, usted cree que tendría voz. Es tanta la mala fe frente a mis problemas, que cuando sufrí la enfermedad que padecí, más de uno sin reflexionar dijo: que era producto de la droga. Pensar que ese mal me lo produjo un virus que cogí en el ambiente. Todo eso lo he vivido con paciencia franciscana. Pero Dios es grande y la virgen del Carmen que no dejan de ayudarme, me acaban de mandar la nominación al Grammy con mi compañero Alvarito”.


-Abrí mis manos como deteniendo sus impulsos. Diomedes qué piensa de su más reciente producto musical. –“Ese es un trabajo hecho con el alma, pese a mi enfermedad, lo canté en una tarde rodeado de mi mamá, mis hermanos, mis hijos y mis amigos más cercanos. Pese a que muchos no creían en lo que estaba grabando, ha tenido una gran aceptación. Es tan bueno, que la gente del Grammy lo ha nominado y allá vamos a estar, dando la pelea para obtener ese galardón que desde ya se lo dedico a todos mis seguidores, a esa gente humilde que en invierno o verano me sigue. Para ellos, Diomedes no es malo y es que no lo soy primo, se lo juro por mama Vila, por el viejo Rafael María que está recogío por Dios”.-Tranquilo primo, que le creo. Qué piensa Diomedes del Grammy para el vallenato.-“Es un gran logro para nuestra música. Estaba en Venezuela cuando se produjo esa noticia tan valiosa para nuestro folclor y quienes lo han ganado merecen ese gran premio”. Cómo ve su producto “listo pa’ la foto frente a los nominados. –“Mi producto no es porque sea mío, está a la altura para ganar ese bello trofeo. Tengo a unos grandes talentos al frente: Poncho es un maestro del vallenato, “Cocha” fue mi compañero, Jorge otro grande del folclor, el Binomio aunque no esté Rafa, sigue bajo la batuta de Israel, que es un gran acordeonero y de Omar Géles y Alex Manga, son muchachos que hacen una gran labor. Cualquiera de ellos, puede ganar”.-
Mientras llovía, la noche de manera abrupta se cortó en dos, al aparecer una fuerte luz lunar que nos hizo entender, que la espera no fue tan larga como la charla con uno de los más reconocidos cantautores de la música vallenata. No quise irme sin preguntarle, lo que todos quieren saber. Qué podemos esperar de Diomedes Díaz Maestre, más escándalos, más comentarios negativos en los medios de comunicación o una mejor manera de vivir la vida –“Vea primo, siempre he respetado a los medios de comunicación, pero para mi infortunio, me he encontrado con unos personajes que dicen quererme, que les gusta mi música, pero que apenas cruzo la esquina, escriben hechos que no son verdad. Llenan tantas cuartillas contra mí, que a veces, he llorado de la impotencia, porque es una invención de mala fe que no tiene compasión de Dios. Pero bueno, también entiendo que es producto de la fama y algo tienen que decir, así sea una verdad a medias. Pero esa no es la gente que va a acabar a Diomedes. Para eso cuento con mi gente que está regada por muchos lugares del mundo, que me defienden sin conocerme, que tal cuando me conozcan. Todo se lo dejo a Dios, mientras tanto les seguiré cantando y componiendo a la gente que sigue mi música. Vine a este mundo fue a dejarle un regalo musical, no me preocupa que los resentidos escriban tantas páginas malas sobre mí, no se han dado cuenta que soy más que eso. Como dice un canto mío, “el día que me muera les dejo mi canto y mi fama”. Qué le parecen los nuevos valores del vallenato,” Lo hacen bien, creo que Jorgito Celedón y Jimmy Zambrano, Silvestre Dangond y Juan Mario de la Espriella, Peter Manjarres y Sergio Luís Rodríguez, Jean Carlos Centeno y Ronald Urbina, representan bien lo que hacen. No los veo como competencia sino como unos embajadores de nuestro folclor”.
Se paró y me dio un fuerte abrazo. Salió a cumplir un compromiso más, de esos que está acostumbrado a desarrollar para bien del vallenato. Atrás quedaron los que siguen rumiando su malquerencia para éste cantautor, al tiempo que al frente se levanta una multitud que lo sigue con la pasión del primer día o los que esgrimen grandes críticas, con razón, sobre el comportamiento del ídolo de nuestra música.

Octavio Daza Daza “El Cantor del Río Badillo”

Félix Carrillo Hinojosa
Escritor, Periodista, Compositor y Rey Vallenato, Gestor cultural proponente para que el Vallenato y la cumbia tengan una categoría dentro de los Premios Grammy Latinos.



El río Badillo fue fiel testigo de que te quise…” Octavio Daza Daza





La suerte de Octavio de Jesús Daza Daza está enmarcada en la visión de un caminante que se hace, no en la noche de su nacimiento sino en el sitio donde empieza a balbucear sus primeros alegatos de la vida. Cuentan los que saben más sobre él, que nació en San Juan del Cesar, en la Guajira, pero que no habían terminado su madre de curar su ombligo, cuando su padre “Chame” decidió con mujer e hijo abordo, encaminarse a su amado Patillal. Allí, infante y luego adolescente, cayó rendido por la prosa que dejó regada el mismo caminante que influenció su manera de componer, a lo que estuvo tentado siempre. Toda la vida quiso ser, lo que luego fue con lujos de detalles: compositor. Ese viejo anhelo lo cristalizó con unas pocas obras que lo llevaron a la cúspide y lo hicieron inmortal. Octavio supo capotear en más de una ocasión, la irreverencia del artista de moda del momento o la poca fe que generaban sus nacientes versos. Pese a todo ello, él estaba ahí poniéndole el pecho al frío de la nevada. Iba de un festival a otro o se metía en la parranda, en donde los consagrados de la composición jugaban de local. No importaba pasar desapercibido, lo importante era meterse en ese mundo al que estaba destinado a figurar como uno de los grandes. El tiempo pasó como siempre, sin hacer ruido y le dio la madurez como persona, pero ante todo como creador. Mientras hacia su carrera profesional en la fría capital fue moldeando sus versos y en procura de ser distinto a los de su generación y ante todo, parecerse a él. Eso lo logró en solo un año. Corría los finales de la década del 70 y el muchacho que esperó tanto, de armó de valor, una guitarra, unos versos y unos amigos intérpretes que le secundaran sus sueños. Es 1977, el inicio de lo que sería su encumbrada carrera. Diomedes Díaz y Elberto López adoptan como de ellos, unos versos y unas melodías que hacen de ese canto “siento tu amor frente a mí como el estudiante que en su desespero…”, un llamado de atención de lo que sería su corto pero fructífero paso por la tierra.

Ahí arranca su periplo musical con una crónica amorosa, llena de sentido de pertenencia por los elementos más cercanos a su vida. La canción empezó a hacer su recorrido sin tener que recurrir a mecanismos oscuros, de pagar para ser escuchado o de perder su identidad. Eso lo logró la canción en si, que se abría espacio y ponía en boca de todos, a un nuevo creador, que ya había saboreado el agradable dulce de sentirse grabado, más no, el de empezar a recorrer los caminos del triunfo. Octavio de Jesús, era un hombre callado y temperamental, pero meticuloso. Todo en él, estaba fríamente proyectado. Por eso fue que entendió de una, que alterno a la canción grabada debía llevar sus canciones inéditas, a los pueblos donde se hacían festivales. Por eso no era raro escuchar las noticias radiales: en el festival del pueblo tal, hay un muchacho que impacta con su canción en el concurso de la inédita. No hubo pueblo de la región Caribe, que no sintiera el influjo de sus creaciones. Su guitarra como compañera, junto a su inspiración y Armando Moscote, ya fallecido como él, especie de escudero musical y una de las voces recordadas por su timbre especial, se hicieron recurrentes y figuras de primer llamado, en cada uno de esos eventos, que son la reserva que muestra lo naciente en todos sus ordenes. Así se hizo Octavio de Jesús Daza Daza, al ganar con excepción del Festival Nacional de Compositores de San Juan del Cesar, La Guajira, todos los Festivales que con música vallenata se hacen en Colombia: Valledupar con su obra cumbre “Río Badillo”, San Andres Islas, “Sanandresana”, Festival de Arjona “Linda Sabanera” y en el Festival Nacional de la Canción que se hacia en Villavicencio-Meta, donde concursó con el paseo “La tierra tiene sed”, lo estuvo a punto de lograr pero por una mala interpretación de quien la defendió, no pudo alzarse con ese premio.
Octavio de Jesús Daza Daza vivió un momento especial dentro de la música vallenata, que fue truncado por las manos cobardes de alguien, que nunca entendió que los artistas nuestros no manchan el pentagrama con un mal accionar.
Un día cualquier nació el reconocido creador. Un día cualquiera se marchó, pero nos dejó una obra de grata recordación que siga prendida, en el sentir de la gente que sigue al vallenato en toda su dimensión. Octavio de Jesús Daza Daza, hace parte de los creadores escogidos por la naturaleza musical de nuestra gran provincia, que sabe como poner todo en su sitio, sin que sea producto de los top exitosos, aunque vivió y bebió de ese manantial, su obra hace parte del lirismo citadino que bien puede vivir en su mayor dimensión un campesino, que no conoce los nuevos pueblos y sus luces de modernidad o postmodernidad, a través de la radio o la televisión.
Octavio de Jesús Daza Daza cayó vencido por la entrega de que fue objeto, por alguien que lo negoció como se hace con cualquier objeto, pero lo que no pudo cercenar ese mercader fue con la obra, que en solo tres años pudo construir el compositor lleno de naturaleza y rebeldía para bien de la Música Vallenata. En ese bullicio de los pueblos, en donde las cantinas sirven de alcahuete a tantos sueños perdidos y otros por lograr, las voces de nuestros cantores que lograron interpretar sus anhelos, desgranan de manera certera los versos y melodías que un hermano nuestro, abatido por la intolerancia, compuso con el solo propósito de contribuir a que El Vallenato, recorra caminos triunfadores.

“Patillal, tierra musical”

Félix Carrillo Hinojosa
Escritor, Periodista, Compositor y Rey Vallenato, Gestor cultural proponente para que el Vallenato y la cumbia tengan una categoría dentro de los Premios Grammy Latinos.



Su apariencia física lleva a cualquier visitante, a buscarle los secretos que tiene guardado a lo largo de su existencia y que brota a manera de manantial dormido una palabra atrayente: música.
Patillal es un corredor musical, que recogió la vigorosa palabra de quienes iban y venían en transito permanente o los que por la magia de su entorno, decidieron quedarse allí. Esa tierra es producto de la migración de Guajiros, Magdalenenses, interioranos y uno que otro Sirio Libanes, vendedores de ilusiones que al final terminaron sometidos por su encanto natural. Su corte pastoril, sus lugares naturales y recurrentes, lo hacen que se transite en un dos por tres, en donde queda la rara pero agradable sensación de quien lo hace por primera vez, de continuar en ese ir y venir como rememorando a quienes pasaron por primera vez y no lograron desprenderse de sus olores, sabores, lenguaje, saberes y decires que han logrado permanecer incólume, pese a todos los embates del tiempo.
Patillal es una tierra de gente sencilla pero a la vez aspirante, con ínfulas por naturaleza de superación, de ser mejor todos los días. Por eso el campesino, dejó de labrar para otros y buscó la manera de tener algo propio y así sea un metro de tierra su pertenencia, sacan pecho para mostrarlo con orgullo sano. Creadores de un verbo que contrasta con el estado ágrafo de sus primeros pobladores, que inundaron su territorio con la palabra bien dicha y cuya sentencia siempre estuvo encaminada a construir un mejor amanecer. Patillal no solo es verso y música, es ante todo, su gente, en la que se refleja todo el diario acontecer de un caserío que no crece en extensión más sí, en sabiduría. La belleza natural de sus mujeres es un espejo que se puede presentar en cualquier lugar, en donde el donaire y su figura contrasta con tanta creación postiza del ser que más ha inspirado a sus compositores. Esa mujer natural tiene un raro encanto que cifra sus anhelos en sus ojos, con ellos lo dice todo. Parece mentira pero es una de sus más grandes fortalezas, “la mirada” que tiene la mujer Patillalera, es una especie de pasaporte a todos sus encantos. Es por eso, que la melodía y texto brota como manantial abierto y sin talanqueras de parte de sus hombres creadores. Por eso Patillal es un pentagrama abierto, que a manera de sinfónica se abre al mundo, sin tanta promoción desmedida y con la sola fuerza del verso narrador que hicieron sus campesinos y ahora, los nuevos valores que narran a su manera, los hechos internos o circundantes que afectan a su alma creadora y a su pueblo.
Patillal puede explicar con música, lo inexplicable. No importa lo pequeño de su territorio, si este contrasta con lo inmenso que es, solo por la música que brota de manos de sus compositores. La naturaleza musical de nuestros pueblos es una savia que brota sin pedirla nadie. Es una bendición que contrasta con tanta limitación. Todos nuestros creadores e intérpretes nacen de los vientres más humildes que tienen nuestras mujeres en toda la provincia. Y Patillal no es la excepción. Solo basta con mirar a todas sus mujeres y luego poner en el tapete natural de ese caserío para encontrar que sus versos tienen una fuerte razón de ser: lo humilde de sus gestoras, ya sean parinderas de música o musas inspiradoras. Queda siempre el bonito encanto de comparar la obra con quien la inspiró. Ambas gozan de su encanto. La primera, por haber logrado cautivar al gestor de la letra y melodía y la segunda, por terminar su gesta amorosa en la construcción de una obra inigualable. La posición de Patillal en el contexto de la música colombiana, de la bandera con el Vallenato, es única. No tiene parangón alguno. No es tanto un problema cuantitativo sino de calidad. La melodía Patillalera es dulce, así la haya hecho el campesino más rancio. Es celestial porque es construida por gente sencilla, sin el propósito desmedido de figurar, que logra con sus dones ponerle el estribillo justo y la medida melódica simpar, para que la cante el más sencillo de los contertulios o la analice el más encopetado letrado de la academia. Así es Patillal, así es su gente, así es su música, por eso este caserío no debe circunscribirse a un listado de compositores, ilustre por cierto, si su melodía y letra está en el hablar y sentir de su gente. Cada vez que hable con un Patillalero, mujer u hombre encontrará la razón especial de su existir y le hallará la justificación, el por qué camina tanto la obra de Rafael Escalona, Freddy Molina, Octavio Daza, quien recién nacido lo trajeron a ese remanso y se hizo músico, Edilberto Daza, “Chema” Guerra, Julio García, José Hernández Maestre, José Alfonso “El Chiche” Maestre Molina por citar los más visibles, quienes comandan el contingente de abanderados de un pueblo musical por naturaleza, los que han recogido todo ese hablar y sentir de un bello caserío que cada vez que habla su gente, pone a pensar a más de uno. Patillal es más que una frase de moda. Patillal es más que el mensaje mediático, que cree incrustarse en el sentir de su gente. Patillal es la fuerza arrolladora del hablar y sentir de su gente. No le busque otra.

“El Tributo y la Excelencia en el Grammy”

Félix Carrillo Hinojosa
Escritor, Periodista, Compositor y Rey Vallenato, Gestor cultural proponente para que el Vallenato y la cumbia tengan una categoría dentro de los Premios Grammy Latinos

La Academia Latina de la Grabación, preocupada por recoger el sentir de las músicas locales de los pueblos del continente, decidió abrir un importante espacio a través del Premio Grammy Latino, en donde se ha mirado el crecimiento de las muestras artísticas, en el caso específico, el de la música, que ha permitido ver desfilar a nuevas figuras que defienden el sentir de su país o hacer más visible, a los consagrados que han defendido por varias décadas su sentir musical. Ante este hecho, el consejo directivo de ese ente creador y organizador del premio más importante de la música en el mundo, decidió crear unos estímulos que a manera de valores agregados ha servido para exaltar la labor universal y local de muchos artistas. “El tributo a la persona y la Excelencia”, son los dos mecanismos que tiene la Academia para reconocerle a través de una inscripción previa, a tantos artistas que defienden con mucha altura, la música del país de donde provienen, situación que no desborda la naturaleza del Premio Grammy Latino, cuya supremacía es evidente. Obtener un artista del género musical y del país que provenga un Grammy, es la máxima exaltación a su labor, situación que no debe ser confundida cuando se le otorga “el tributo o la excelencia” a determinado artista.
El Premio Grammy Latino es el logro que jerarquiza un momento de determinado artista, situación que no está sujeta a “ventas de discos”, “permanencia por muchos años en el mercado” o “distinciones que haya recibido el mismo” y que no debe ser confundido, cuando se le rinde un homenaje con “el tributo o la excelencia”, que sin restarle importancia, no son más que valores agregados, que en nada desnaturaliza al Premio Grammy Latino.
Para la música vallenata, su máximo logro es cuando un artista nuestro obtiene el Premio Grammy Latino, por eso es importante tener claro que, lo logrado por Los Hermanos Zuleta Díaz, Jorge Celedón y Jimmy Zambrano, Peter Manjarres y Sergio Luís Rodríguez, ganadores hasta ahora de las cuatro versiones de la Categoría Cumbia-Vallenato/Álbum, que hasta el momento se ha desarrollado, es el punto más alto logrado por nuestra música, situación que como comentario, no busca restarle merito a lo hecho por dos valores grandes del vallenato como lo son Rafael Escalona Martínez y Jorge Oñate González, quienes han recibido una “replica del Premio Grammy Latino en categoría excelencia”, que nos debe servir de orgullo y abre el camino para que más artistas puedan obtenerlo, pero “no es cierto ni lo será nunca”, que este hecho esté por encima del “Premio Grammy Latino”, que todos los años reciben nuestros artistas vallenatos. Es más, ese hecho es producto de la existencia de una Categoría. Si ella no existiera, estamos seguros que no se hubiera dado y mucho menos, se exaltaría a valores de nuestra música. Es importante, agradecerles a los Hermanos García Riascos y a Freddy Jiménez haber inscrito los nombres de Rafael Escalona Martínez y Jorge Oñate González respectivamente, para que hoy la Academia Latina de la Grabación les entregue tan merecido galardón.
Es determinante que los artistas vallenatos que reciban esas distinciones, llámese “Premio Grammy Latino o Excelencia”, se dediquen en cuerpo y alma a defender ese logro y a fortalecer un espacio que se dio, para unirnos en la divulgación del Vallenato y no, para generar pobres disputas que en nada contribuyen a mejorar el camino de tener una Categoría, que muchas músicas locales tratan de obtener y que para nuestra fortuna, El Vallenato la tiene.
En la actualidad tenemos cinco grupos musicales que se disputan el honroso privilegio de ganar un Premio Grammy Latino, hecho que fortalecerá la Categoría Cumbia-Vallenato/Álbum. Por ello, es importante destacar que Diomedes Díaz y Álvaro López, Poncho Zuleta y Cocha Molina, Binomio de Oro de América, Alex Manga y Omar Geles y Jorge Oñate con Cristian Camilo Peña, son los llamados a llevar la responsabilidad futura de haber ganado un Grammy, que no debe quedarse engavetado, especie de museo, sino que debe permitir como buen ejemplo, para que nuestros artistas propugnen por mejorar en el desarrollo de su actividad artística. Ni “el Premio Grammy Latino”, muchos menos las exaltaciones de “Tributo y Excelencia”, valores agregados del mismo, deben servir para pretender deslegitimar la actividad musical de quienes no lo ganen o hacernos creer que quienes lo obtienen están por encima.


El Premio Grammy Latino es el instrumento más prestigioso que tiene la música en el mundo, al cual hay que valorar y tratar con mucho respeto, pese a todas las falencias que pueda presentar, igual ocurre con nuestra Categoría Cumbia-Vallenato/Álbum, a la que debemos tratar con mucha altura y buscar los mecanismos de transparencia, para que no surjan acciones creadas por nuestros artistas, que la deterioren. Por ello, es importante que cada uno de los grupos vallenatos se inscriban, presenten sus productos y ante todo, aborden la crítica al mismo, con mucha capacidad constructiva y no subestimen ese importante logro, que sirve para que nuestra Música Vallenata pueda competir con las otras músicas locales del continente y en un futuro no muy lejano, se convierta en el ombligo de la Música en América.
*Escritor, Periodista, Compositor y Gestor para que El Vallenato tenga una Categoría en los Premios Grammy Latinos.

“Adiós a un Guerrero”

Félix Carrillo Hinojosa
Escritor, Periodista, Compositor y Rey Vallenato, Gestor cultural proponente para que el Vallenato y la cumbia tengan una categoría dentro de los Premios Grammy Latinos.


Armando Darío Zabaleta Guevara


La fuerza de sus versos se parece tanto a su creador, que esa rebeldía que proyectan sus canciones, le identificó siempre y por eso nunca, hubo necesidad de recurrir a buscar su nombre: era Armando Darío Zabaleta Guevara su creador y eso lo sabíamos todos. El era, un guajiro altivo y de pocas palabras, que siendo muy joven dejó a su natal molino, donde nació un 21 de Febrero de 1927, para recorrer los caminos polvorientos de la gran provincia nuestra y elevar su canto, que se nutría con la narrativa de sus canciones y el acompañamiento con su guacharaca. Así se hizo hombrecito, al dejar atrás a su tierra, a la que juró no volver jamás, porque unos fuertes latigazos que da el amor, le habían herido el alma. A mitad de la década del cuarenta, con escasos 17 años, irrumpe en el movimiento vallenato y se conecta con el mundo que traía Emiliano Zuleta Díaz, Leandro Díaz, “Chema” Martínez y Luís Enrique Martínez, quienes acogieron al recién llegado, quien en poco tiempo, pasó el examen para pertenecer a esa barra de gigantes hacedores de música vallenata.
No hubo un instante, en la vida del colosal Armando Darío que supiera a versos contestatarios. Era un hombre que cuando fruncía el ceño, no le temía enfrentarse al más reconocido del momento. Así hizo su nombre y así, lo respetaron todos. En ese arco iris de nuestra música vallenata, él aparece entre los escogidos, al lado de los grandes porque supo ser fiel a sus principios y ante todo, respetuoso con sus sueños. El es de los que nunca canjeó nada para figurar. Todo se lo dejó al mundo fantástico de su creación. El no necesitó, meterse en la madeja que construyen ciertas elites privilegiadas. Siempre se impuso con su voz cantoril de versos directos y señaladores. Cuando le tocó mostrar afecto por un nuevo amor o por un colega lo hizo sin titubeos, de igual manera, cuando su relato demoledor atacó pocos quedaron sin cabeza. Conformó con “Chema” Gómez y Luís Enrique Martínez, el trío que se atrevió a denunciar, la persecución que se daba al inicio del Festival de la Leyenda Vallenata contra los músicos guajiros. Pero si de denuncia se trataba, su voz era un parlante abierto que abrazaba a la provincia y la ponía al tanto de lo que pasaba. Un día les dijo a los dirigentes de la caja agraria, que era una “falacia la tal reforma a la tierra”, luego, le dijo al escritor García Márquez que no estaba de acuerdo con su procedimiento, frente al abandono en que estaba su pueblo. Así fue el cantor del Molino: amigo de sus amigos y versificador de la denuncia, de aquello que no estaba bien. Amoroso y querellante del amor, sino escuchemos “amor comprado” uno de los clásicos de nuestra música. O afectivo, cuando sintió el dolor de ver partir a unos de sus colegas predilectos: Freddy Molina Daza. Esa elegía cuya carta de presentación es el paseo “no vuelvo a Patillal”, lo convirtió en ganador en 1973 de la canción inédita de nuestro Festival Vallenato. Allí la cantó y empezó a cerrar la brecha regional que se dirimió por muchos años en ese evento, en donde su sabio conocimiento permitió elegir a más de un rey.
Fue un respetuoso escucha de las canciones de sus colegas y un vociferante comentarista de lo que no estaba bien en ellas. Por eso cuando cantaba su admirado Leandro Díaz, hacia silencio, lo escuchaba en profundo rictus de admiración, todos hablaban sobre el cantor de alto pino y él en silencio. Al final, se levantó y dijo: “no hay más, qué tal que Leandro viera”.
Su música, esa que compuso en muchos tiempos de ese vallenato de ayer y hoy, se prende en las cornisas de los ranchos de bahareque y en las grandes urbes donde el vallenato pasó de largo y se propone meterse en alma de nuestra América y de muchos continentes más. Ahí en esa historia de hechos y personajes del mundo vallenato, tiene Armando Darío una página tan especial, que los estudiosos de esa música pueden pasarse horas y muchas más, buscándole el más íntimo secreto de éste cantor Guajiro que como su raza sigue de pie.