martes, 1 de febrero de 2011

“Rondas Culturales, el alma del Cesar”

Félix Carrillo Hinojosa
Escritor, Periodista, Compositor y Rey Vallenato, Gestor cultural proponente para que el Vallenato y la cumbia tengan una categoría dentro de los Premios Grammy Latinos.



“No sabiendo que aquí en el Cesar, nadie nos puede hacer desistir”

Luciano Gullo Fragoso



En medio de la tragedia, que un fenómeno natural como es la lluvia nos ha prodigado a manos llenas, se levanta el departamento del Cesar con toda su fortaleza, para cubrir de esperanza a sus habitantes, que pese a sus rostros tristes decidieron ponerles un toque motivador, traducido en las rondas culturales, que permitirán conocer de una manera especial, los sueños de una tierra.
Pero, qué es esa estrategia cultural y hacia dónde apunta. El gobernador Cristian Moreno Panezo y su equipo de trabajo, han comprendido que en medio de la tragedia, no se puede dejar derrumbar lo que con tanto ahínco se ha construido, en cada pedacito de tierra de ese departamento que cifra su empuje en sus grandes colores sustentados en el arte y el optimismo de su gente. Es por ello, que los eventos que se hacen en cada municipio o vereda de los kilómetros que constituyen al Cesar, no han parado como una enseñanza que más allá de su territorio natural, debe tener el protagonismo que su gente quiere. Es una manera de decirle a Colombia, que seguimos vivos de la mano de sus personajes culturales, quienes relatan con sus diversas maneras de encarar la vida, la complicidad de viva voz que hay en sus mensajes vallenatos, con sus brochazos de múltiples acuarelas, sus tambores que retumban en las diversas esquinas de la Patria y el sonido incesantes de sus voces ante el rebruje de una guacharaca que sonsaca al acordeón, para que muestre sus mágicas notas escondidas y termine con un golpe sonoro de caja, que dicen al unísono: “Colombia es Vallenata”.

El Cesar no puede ni debe desmayar ante la tragedia. Eso lo han comprendido los responsables de las políticas de gobierno y cultura. Por ello, ese querido territorio no puede detener sus voces, porque el agua nos moje a cantaros el alma, nos robe muchas vidas y nos quite de un tajo, nuestros sembradíos y los animales que nos acompañan en cada amanecer o al final de la jornada. El debe seguir recorriendo muchos caminos de la mano de su gente, cubierta de esperanza y cuyo propósito firme es, ser visible en la muestra de sus costumbres.
En ese peregrinaje cultural, uno de los actos que dio inicio a la construcción de lo que debe ser la gran escalinata de la cultura, fue el lanzamiento del libro “Adiós al mito” del periodista Carlos Alberto Atehortua, quien recogió pasajes pocos comentados del compositor Rafael Escalona Martínez, los actualizó y los puso al servicio de la gran causa vallenata. El escenario no podía ser otro que la Universidad Santo Tomás, seccional Bogotá, que contó con una nutrida presencia de seguidores del vallenato y la conducción del periodista Rafael Oñate Ribero. El libro fue presentado en sociedad por la editorial Carrera séptima y prologado por el jurista e investigador social, autor del libro Vallenato hombre y canto, Ciro Quiróz Otero. Este acto se desarrolló en el mes de octubre y fue respaldado por el cubrimiento de diversos medios de comunicación, contó con los comentarios de personas autorizadas en el tema vallenato, la vida de Rafael Escalona Martínez y la presencia de nuestra tierra se hizo determinante al condecorar al escritor Atehortua Gil, por parte del Gobierno departamental que preside Cristian Moreno Panezo, con la medalla al merito que le fue entregada por Iván Duarte, representante de la casa vallenata en Bogotá, al destacado periodista, quien sin lugar a dudas, es de los más conocedores de la vida pretérita del Cesar.
La constante preocupación del departamento en las actividades culturales, en la que tiene que ver, la participación activa de sus niños, hombres y mujeres, nos condujo a una noche inolvidable en donde las notas musicales del vallenato se hizo presente con un personaje que está lleno de sencillez y que sustenta en cada palabra que expresa, lleva un sello especial que representa al más puro de los gestores, para que nuestra música esté en el sitial en que se encuentra. Es nada menos que Leandro José Díaz Duarte, el cantor de Alto Pino, jurisdicción de Barrancas-La Guajira, quien nos ha enseñado de diversas maneras como se construye un buen canto vallenato. Ese relato, que por más de seis décadas nos ha dejado con su impronta especial, ha venido de diversas maneras. Una, con sus cantos adoloridos, otra, con la rebeldía que es característica especial en un hombre de su talante. Esa noche artística estuvo organizada por la Gobernación del Cesar, con presencia de su gobernador Cristian Moreno Panezo y de su representante en Bogotá, Iván Duarte y del senador Félix Valera, el representante José Alfredo Gnecco quienes fueron acompañados por el senador guajiro Jorge Ballesteros, el secretario del Senado Emilio Otero y otras distinguidas personalidades de la política nacional. La conducción de ese evento cultural, fue desarrollada por Carlos Alberto Atehortua Gil y Rafael Oñate Ribero, el cual contó con el aporte musical de los reyes vallenatos Ivo Luís Díaz Ramos y Hugo Carlos Granados Córdoba, quienes nos deleitaron con la excelsa obra del maestro Leandro Díaz, que sirvió de cierre al panel sobre su vida y obra, que desarrollaron Ciro Quiroz Otero, Ariel Castillo Mier y Carmelo Perdomo, quienes plantearon las diversas miradas que solo un hombre como el cantor de Alto Pino puede generar.
Fue una noche especial, en donde las palabras del creador vallenato Leandro Díaz Duarte se confundieron con las expresiones de cariño de cada uno de los asistentes, en uno de los importantes salones del Congreso Nacional, que gozó del colorido musical que la obra del homenajeado puede brindar y de las condecoraciones que ambas cámaras y el Departamento del Cesar entregaron como un reconocimiento a un hombre sencillo de la gran provincia vallenata, que ha llevado en sus hombros una de las mayores responsabilidades culturales como es la de hacer conocer a una tierra, a través de su obra musical. El recorrido de los ritmos y las canciones del grande Leandro Díaz, nos brindaron muchas enseñanzas, que hacen más visible los valores de nuestros campesinos, quienes son los responsables para que el vallenato esté gozando de todos estos reconocimientos.
En ese proyecto de la gran ronda cultural, el departamento del Cesar se ha comprometido a entrelazar las diversas muestras que arrancan del sur y terminan en la cabecera de una tierra que nació con el influjo de la música. Es por ello, que esos sonidos libertarios se siguen sumando a las voces de sus gentes, que no se amilanan ante la embestida natural para sacar todas sus ganas y decir siempre presente. Es por eso que Chimichagua, con el agua hasta el cuello, supo capotear el vendaval y le hizo un sentido homenaje este fin de semana pasada, a uno de sus hijos más queridos. Se trata del hombre musical Camilo Namén Rapalino, quien con sus cantos con sabor a pueblo, le ha mostrado a Colombia como se compone en medio del dolor. Todo el pueblo se volcó, en medio de la tormenta y se impuso ante la adversidad para decirle al reconocido compositor lo que significa para su tierra. Todo ese empuje demostrado por los Chimichagueros servirá de telón para que nos enrutemos a disfrutar del Festival de Compositores que se hace como epilogo de un cierre cultural. No podía ser una tierra distinta a Patillal, la que diera el toque especial para cerrar esta ronda. Los canticos de navidad tienen un sabor vallenato especial en esa fecha escogida por los Patillaleros, quienes decidieron hacer de este remanso de paz, la excusa perfecta para decirle a Colombia, que en un caserío cercano a Valledupar, está la reserva musical del Vallenato. Es por ello, que cuando se abre el libro de esta música con alma provinciana, una de las páginas más especiales, la escriben sus hijos que llenaron de textos y melodías al País, para inmortalizar a una música, a una tierra. La cita es a partir del 23 de Diciembre, donde las melodías de Tobías Enrique Pumarejo, Rafael Escalona, Freddy Molina, Edilberto Daza, Octavio Daza, el canto de Freddy Peralta y las voces de mujeres, niños y ancianos se confunden en un solo sentir, para llenarnos de una música celestial que toca las puertas de las casas humildes y las más encopetadas, para regalarnos a manera de villancico vallenato, una nueva esperanza, una mejor manera de encarar la vida y de decirle a la adversidad, que no ha nacido para vencernos.

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