martes, 1 de febrero de 2011

“Adiós a un Guerrero”

Félix Carrillo Hinojosa
Escritor, Periodista, Compositor y Rey Vallenato, Gestor cultural proponente para que el Vallenato y la cumbia tengan una categoría dentro de los Premios Grammy Latinos.


Armando Darío Zabaleta Guevara


La fuerza de sus versos se parece tanto a su creador, que esa rebeldía que proyectan sus canciones, le identificó siempre y por eso nunca, hubo necesidad de recurrir a buscar su nombre: era Armando Darío Zabaleta Guevara su creador y eso lo sabíamos todos. El era, un guajiro altivo y de pocas palabras, que siendo muy joven dejó a su natal molino, donde nació un 21 de Febrero de 1927, para recorrer los caminos polvorientos de la gran provincia nuestra y elevar su canto, que se nutría con la narrativa de sus canciones y el acompañamiento con su guacharaca. Así se hizo hombrecito, al dejar atrás a su tierra, a la que juró no volver jamás, porque unos fuertes latigazos que da el amor, le habían herido el alma. A mitad de la década del cuarenta, con escasos 17 años, irrumpe en el movimiento vallenato y se conecta con el mundo que traía Emiliano Zuleta Díaz, Leandro Díaz, “Chema” Martínez y Luís Enrique Martínez, quienes acogieron al recién llegado, quien en poco tiempo, pasó el examen para pertenecer a esa barra de gigantes hacedores de música vallenata.
No hubo un instante, en la vida del colosal Armando Darío que supiera a versos contestatarios. Era un hombre que cuando fruncía el ceño, no le temía enfrentarse al más reconocido del momento. Así hizo su nombre y así, lo respetaron todos. En ese arco iris de nuestra música vallenata, él aparece entre los escogidos, al lado de los grandes porque supo ser fiel a sus principios y ante todo, respetuoso con sus sueños. El es de los que nunca canjeó nada para figurar. Todo se lo dejó al mundo fantástico de su creación. El no necesitó, meterse en la madeja que construyen ciertas elites privilegiadas. Siempre se impuso con su voz cantoril de versos directos y señaladores. Cuando le tocó mostrar afecto por un nuevo amor o por un colega lo hizo sin titubeos, de igual manera, cuando su relato demoledor atacó pocos quedaron sin cabeza. Conformó con “Chema” Gómez y Luís Enrique Martínez, el trío que se atrevió a denunciar, la persecución que se daba al inicio del Festival de la Leyenda Vallenata contra los músicos guajiros. Pero si de denuncia se trataba, su voz era un parlante abierto que abrazaba a la provincia y la ponía al tanto de lo que pasaba. Un día les dijo a los dirigentes de la caja agraria, que era una “falacia la tal reforma a la tierra”, luego, le dijo al escritor García Márquez que no estaba de acuerdo con su procedimiento, frente al abandono en que estaba su pueblo. Así fue el cantor del Molino: amigo de sus amigos y versificador de la denuncia, de aquello que no estaba bien. Amoroso y querellante del amor, sino escuchemos “amor comprado” uno de los clásicos de nuestra música. O afectivo, cuando sintió el dolor de ver partir a unos de sus colegas predilectos: Freddy Molina Daza. Esa elegía cuya carta de presentación es el paseo “no vuelvo a Patillal”, lo convirtió en ganador en 1973 de la canción inédita de nuestro Festival Vallenato. Allí la cantó y empezó a cerrar la brecha regional que se dirimió por muchos años en ese evento, en donde su sabio conocimiento permitió elegir a más de un rey.
Fue un respetuoso escucha de las canciones de sus colegas y un vociferante comentarista de lo que no estaba bien en ellas. Por eso cuando cantaba su admirado Leandro Díaz, hacia silencio, lo escuchaba en profundo rictus de admiración, todos hablaban sobre el cantor de alto pino y él en silencio. Al final, se levantó y dijo: “no hay más, qué tal que Leandro viera”.
Su música, esa que compuso en muchos tiempos de ese vallenato de ayer y hoy, se prende en las cornisas de los ranchos de bahareque y en las grandes urbes donde el vallenato pasó de largo y se propone meterse en alma de nuestra América y de muchos continentes más. Ahí en esa historia de hechos y personajes del mundo vallenato, tiene Armando Darío una página tan especial, que los estudiosos de esa música pueden pasarse horas y muchas más, buscándole el más íntimo secreto de éste cantor Guajiro que como su raza sigue de pie.

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