DATOS PERSONALES

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BOGOTA, Colombia
Nació en Barrancas-La Guajira El 3/5/59 Padre:Rafael Carrillo Brito Madre:Juanita Hinojosa Rubio Estudios: Comunicador Social y Periodista- Universidad Central Profesión: Compositor Actividades: Investigador y Gestor Cultural Premios: Rey Vallenato de la Canción Inédita/99 Festival de la Leyenda Vallenata, Gestor de la Categoria Vallenata en los Premios Grammy Latinos, Jurado de todos los Festivales de Música Vallenata y editor de la traducción de CIEN AÑOS DE SOLEDAD al WAYUUNAIKI.

martes, 28 de septiembre de 2010

“¿Sí hay ESCUELA en el Vallenato?”

Félix Carrillo Hinojosa
Escritor, Periodista, Compositor y Rey Vallenato, Gestor cultural proponente para que el Vallenato y la cumbia tengan una categoría dentro de los Premios Grammy Latinos.


“El estilo es el hombre” Buffon
Este es un tema que me apasiona, ya que desde niño lo he escuchado a través de muchas voces, unas autorizadas, otras no tanto, que al final lo volvió, casi que, de uso obligado en nuestras charlas cotidianas. Todo ese tiempo en que se ha discutido el mismo, la pasión se ha desbordado a tal punto que termina uno, escuchando y diciendo lo mismo. Esto me obligó a pensar más en serio y buscar más sólidos argumentos, que me permitan ampliar el conocimiento sobre el mismo y poder darle mayores luces a quienes se acercan, en busca de un aporte de nuestra parte y ante todo, para eliminar tantos mitos y paradigmas que en nuestro medio se ha construido frente a este hecho y otros más.
La palabra Escuela se usó muchos años antes y se reforzó a través de la audiencia que empezó a tener “la música del magdalena grande”, “música de parranda”, “música provinciana”, “música de acordeón” y “música vallenata” como se dice en la actualidad y se volvió de primer orden, al aparecer el libro “Vallenatología” de la inolvidable Consuelo AraújoNoguera en la década del 70, cuyo aporte generó una dinamización del tema y más, cuando empezaron los grandes reclamos de uno y otros, frente a ese particularmente. Estoy convencido que ese texto, puso al vallenato, al igual que el Festival, en el punto de discusión en todos los sectores sociales. Unos, porque aparecían o no, en el famoso libro y otros, porque habían ganado o eran eliminados, en ese evento que nacía. Ese término de escuela, para un movimiento que se dio en la gran provincia y que luego creció por acción de la migración, generó un serio pugilato que hasta la presente genera resquemor entre muchos. La designación de “vallenato vallenato”, “vallenato bajero” y “vallenato sabanero” fue la clasificación que rebozó el vaso, de tantas personas involucradas en este movimiento cultural. Si nos remitimos a la palabra “escuela”, su noción nos dice que puede ser: “un establecimiento donde se imparte la primera instrucción: primero fue a la escuela, luego, a un instituto y después, a la universidad. Institución colectiva de carácter público o privado donde se imparte cualquier género de instrucción: Escuela superior palatina de Carlomagno, Escuela de teología, Escuela de conducir, Escuela de bellas artes, Escuela de comercio. Método o sistema de enseñanza: Escuela Moderna, Escuela progresista. Conjunto de personas que en filosofía, ciencia o arte siguen una misma doctrina o tienen un estilo que da unidad al grupo: cuando un pintor pertenece a una escuela determinada, en este caso, realista por decir una. Conjunto de los discípulos o seguidores de un maestro o de ellos y sus obras, en donde solo los grandes hombres crean escuela, por decir, la escuela Kantiana “. Si aplicamos a nuestra música vallenata, esas diversas designaciones que el diccionario planeta de la lengua española brinda, nos enfrentamos a una discusión que genera varios interrogantes, que vale la pena tener en cuenta. ¿Cómo una música como la nuestra, de intérpretes ágrafos, dispersos y trotamundos pudo generar Escuela?, si uno de los primeros principios de la misma, es la unidad de estilo y desarrollo grupal. Cada músico nuestro de manera individual, marcó su territorio y creó sus ritos y magias, en el que mandaba y ponía sus condiciones, el cual pocas veces abandonaba. Otro aspecto para resaltar es que, la escuela designa unos parámetros de forma y contenido, que en nuestro medio nunca se dio. Por citar varios ejemplos: si la escuela existiera en el vallenato, tendría que darse una unidad en lo que hacían “Alejo y Nafer Durán Díaz en el Paso”, “Andrés Landero y Ramón Vargas en San Jacinto”, “Emiliano Zuleta y Antonio Salas en el Plan”, a quienes les unía un elemento esencial en el análisis del tema escuela, “el hábito”, más aspectos de sangre en la mayoría de ellos, ya que su entorno era el mismo, compartían todo y al final, si escuchamos su música, su canto, sus relatos, percibimos que son distintos y que solo los une, el genero musical que exponen.
Un medio asomo de la existencia de la escuela en el vallenato lo planteó en el siglo XX, los grandes músicos Francisco Rada Batista y Eusebio Ayala, quienes montaron sus colegios de enseñanza, cuya especialidad eran los bajos, ya que el músico nuestro en sus inicios, desarrolló una etapa instrumental, en la que dedicó parte de su vida, a transportar sus primeras creaciones a ese instrumento invasor, el único que no nos ha hecho daño, para luego crear toda una unidad armónica de bajos y pitos, gestada por el músico molinero Francisco Irenio Bolaños Marshall. Allí hay una prueba de reunión, enseñanza, encuentro para aprender algo, que alguien sabía. Tanto Rada como Ayala son los precursores de esa iniciativa de escuela. Pero qué hay en el ambiente interpretativo de anteriores y posteriores generaciones, de todo eso que los músicos Rada y Ayala gestaron. Poco o nada, ya que cada uno se llevó en su partida física lo que tenía. De todos ellos, sin excepción, el que más influenció con su estilo a los de su época y posteriores generaciones fue Luís Enrique Martínez Argote, quien es el que más seguidores tiene en el ámbito vallenato, en donde su música es la más interpretada en los Festivales, que se hacen con este género musical y elevó, al mayor grado de madurez la labor del acordeón, las voces y formas de presentación de la canción vallenata, campesina por demás, al hacerle una introducción, reparto o puente y un remate o final, que antes de su aparición no existía y que muchos de sus generación no se atrevieron a desarrollar. Estos dos hechos dieron la sensación que estábamos frente a la construcción de una escuela en el vallenato, situación que se cae de su peso, al analizar en conjunto todo el aporte de cada uno de los músicos relevantes de nuestro mundo vallenatos, los cuales con o sin grabación, dejaron relevantes huellas y se ha demostrado con su obra, la separación marcada entre unos y otros, que nos lleva sin mucho afán, a encontrar en cada uno de ellos, un estilo que es como un sello indeleble tanto el tema de la composición como el de ser intérprete, hechos irrelevantes en la actualidad en donde existe una homogeneización de nuestra música, lo que conlleva a encontrar serios problemas de identidad, tanto en la forma como en el contenido. Pero sigamos con el tema que nos atañe, el cual tiene que tener una entrada y una salida, porque nuestra música explicativa por demás, nunca dejó temas a medias, es decir, que nuestros libretistas, especie de maromeros y teatreros se dieron a la tarea de dejar sus películas bien montadas. Eso les permitió ser, lo que representan para nuestra música, unos verdaderos depositarios de una vallenatía que con orgullo construyeron. Nuestros campesinos, son los únicos responsables que Colombia cante vallenato. A ellos todo honor y gloria. Mal haríamos los de ahora, no continuar todo ese legado. Por eso el tema de la escuela sigue vigente. Porque ahora si hay escuela y de verdad. Lo anterior fue, un arcoíris lleno del más variado conjunto de estilos. Ahora hay un hombre sencillo, “que no enseña sino que da lecciones”, conocido como Andres Gil Torres, un guajiro incomprendido en su momento como han sido los grandes hombres, quien reordenó el mundo vallenato a través de la enseñanza, en donde tomó a las niñas y niños, jóvenes y mayores y les llamó la atención, que el hecho vallenato a partir de su aparición tenía que ser contado de otra manera. Ahí es donde, arranca la verdadera escuela vallenata. El es quien revoluciona, sin disparar un fusil o quitarle la vida a alguien, el mundo vallenato y se empieza a mirar con seriedad, que los grandes cambios lo hacen las pequeñas cosas y se inicia, en la comprensión que se debe tener en la mirada infantil que niñas y niños tienen al acariciar un acordeón, una caja y una guacharaca, que los aleja del mundanal y ruidoso mundo de la guerra y corrupción, que sin duda los mayores crean sin cesar. Esa iniciativa de la escuela, generada por Andrés Gil Torres y acolitada por Consuelo Araujonoguera, “no podía ser otra”, ha caminado como debe hacerlo el bien siempre, en muchos lugares al que llega como un buen ejemplo y que es exaltada su tarea titánica. El querido “Turco”, tiene un lugar privilegiado en el mundo vallenato al igual que la inolvidable “cacica” y todo, porque ambos coincidieron en la genial tarea que la escuela del vallenato debía iniciarse ahora y no antes como se pensó. Todos debemos darle gracias, a esos campesinos nuestros que construyeron esa música vallenata e igual, no nos cansaremos de darles loas a quienes como “el turco” y “la cacica” tuvieron el olfato y ante todo el sentido común, de construir la verdadera escuela en el vallenato. Este hecho permitirá, que la formación de nuestros jóvenes músicos sea mejor que en el pasado y el espectro musical crecerá, para bien de unas raíces musicales que deben ser motivos de estudios todos los días, por parte de propios y extraños, en busca que haya siempre diversas miradas que sumen desde una óptica critica, todo ese mundo vallenato, del que nos sentimos altamente orgullosos. Seguro estoy que, el mundo del solfeo, la gramática musical, la composición, la escritura han de crecer, mientras haya personas como Andrés Gil Torres que no desmayan un segundo, en la enjundiosa tarea de mejorar el rumbo, de una música campesina que tiene despierta a la nación. Esta es una tarea que debe servir de ejemplo, a tantos burócratas culturales que están anquilosados en las gobernaciones, municipios y ministerios de Colombia, que no hacen ni dejan hacer, porque su misión es vivir de la cultura del sueldo. Ese tipo de gente no deja huellas, pero si se roba el sueldo de otros, que no lo mal usan y crean grandes ejemplos de trabajo y ante todo, de humildad y perseverancia en lo que hacen y logran.

lunes, 27 de septiembre de 2010

“Sí es cierto pero no es verdad”

*Félix Carrillo Hinojosa
Escritor, Periodista, Compositor y rey vallenato, gestor cultural para que el vallenato tenga una categoría en los Premios Grammy Latinos.


El mismo autor del artículo publicado en el Heraldo el 3 de Mayo/09, abre la puerta a la polémica que suscita, no los cuarenta años de creada la obra “La hamaca Grande” de Adolfo Rafael Pacheco Anillo, sino la posición sin argumentos como lo he de demostrar, que el crítico literario Ariel Castillo Mier usa y que al final, contrasta con la verdadera razón de ser de su texto. No sabía y me dolió saberlo, que una persona que estudia y construye un camino para ser considerado un intelectual, haga una argumentación poco creíble y se deje ganar la batalla de la ira y el resentimiento, con los que termina argumentando una sin razón, que lo lleva por sus propias convicciones a convertirse en un “enemigo” de todo lo que provenga de nuestra gran provincia y que lleve el nombre de Consuelo, Rafael, Gabriel y Alfonso. Si y es cierto, que la obra en ritmo de paseo, “La hamaca grande” cuyo autor es Adolfo Pacheco Anillo tiene todos los méritos armónicos y melódicos para estar, en el extenso listado de los buenos temas del vallenato, pero no es verdad que la misma, sea principio y fin del mundo construido por el paseo. Si eso que él asevera fuera verdad, entonces, en dónde quedaría la tradición de nuestros juglares del siglo 19, quienes son los padres del paseo. Con su obcecada posición, Castillo Mier pretende y él cree que lo logra, hacernos creer que el único poema existente y para mostrar dentro del paseo, se resume en la obra citada de Pacheco Anillo. Tamaño horror, que demuestra una vez más, que el tema vallenato en manos de quienes no lo conocen, termina siendo un desperdicio, máxime cuando el responsable de tal proceso se atreve a argumentar que “es muy raro encontrar en las composiciones tradicionales tan exquisito cuidado en la métrica”, ésta osadía que lleva al crítico literario a pasar por encima de Emiliano Zuleta Baquero con su “Gota fría”, de Julio Vásquez con su “Viajero”, de “Chema” Gómez con su “Fonseca”, de Carlos Huertas con su “Tierra de cantores”, de Rafael Escalona con su “Honda herida”, de Leandro Díaz con su “Dios no me deja”, de Lorenzo Morales con su “Errante”, de Calixto Ochoa con su “Lirio rojo”, que sumado al perdón que le pido a una centena de juglares, que son el sustento del movimiento vallenato, anteriores al surgimiento de Adolfo Pacheco Anillo, de quienes tomó, ya que él no inventó el vallenato mucho menos el paseo, unas marcadas y visibles influencias que puedo demostrar. Es más, lamento que un hombre como Ariel Castillo Mier, erudito en el tema literario más no, en el mundo vallenato, halle tantas fortalezas en Pacheco Anillo y desconozca en nuestros creadores, al afirmar que, “el lenguaje sencillo del canto oculta una sabia destreza verbal por parte de Adolfo Pacheco, reveladora de la creatividad del poeta. Nadie habla así, nadie mete una serenata en un cofre de plata, sólo el poeta, el hacedor, puede armar con las cumbias un collar y meter en la misma hamaca a los gaiteros y a los acordeonistas”. Será que Escalona, Vásquez, Díaz, Ochoa, Morales, Zuleta, Huertas y Gómez, están lejos de su imaginario, lenguaje y sentido de pertenencia, cuando el primero por citarlo, eleva en un paseo vallenato y construye “La casa en el aire”, uno de los más hermosos cantos de cuna, cuya trascendencia es evidente en Colombia. Por eso, no tiene sentido, lo que de manera forzada pretende el crítico literario, al sustentar que la mencionada obra de Pacheco Anillo es un canto de concordia, un himno fraternal y luego, usa unos calificativos que en vez de sumar, dejan mal parados al creador de “La hamaca grande”, a su defensor y a quienes quieren seguir en esa posición, que por demás se ha vuelto aberrante, al afirmar que “nosotros los vallenatos le cerramos el paso a toda delegación que de la Sabana llegue a Valledupar y en especial, al Festival de la Leyenda Vallenata”. Si es cierto que Andrés Landero Guerra, Alfredo Gutiérrez Vital, Ramón Vargas, Lisandro Mesa, Julio de la Ossa, Enrique Díaz, César Castro, Felipe Paternina, les tocó más duro que a los nuestros en la ejecución de las obras con raíces vallenatas y en el manejo de los ritmos, cuando se enfrentaron a Nicolás Mendoza, Miguel López con Jorge Oñate, entre otros, quienes por razones de hábito, los lleva a conocer lo íntimo de la rutina que sus antecesores crearon. Pero no es verdad Castillo Mier, que al interior del Festival de la Leyenda Vallenata se procedió a evaluar a los músicos sabaneros con criterios inadecuados. No se puede argumentar tal insensatez, sin haber asistido a esos eventos, todo porque a su alrededor, pocas personas, entre ellas, Adolfo Pacheco Anillo con sus falsos argumentos, le hace reafirmar una mentira. Es bueno recordarle al creador Sanjacintero, que cuando participó en 1973 con Ramón Vargas en la categoría profesional y en el concurso de la Canción Inédita, fue declarado mejor guacharaquero de nuestro evento, ya que tuvo la mala fortuna junto a su compañero, de enfrentarse a Luís Enrique Martínez, a la postre ganador como mejor acordeonero y obtener el segundo lugar con su paseo “Fuente Vallenata”, en donde “No vuelvo a Patilllal” de Armando Zabaleta fue la ganadora. El tiempo justiciero como siempre, pone los hechos en su justa dimensión y ella nos ha demostrado, que la música más divulgada en todos los Festivales de Música Vallenata, es la de Luís Enrique Martínez y de la que Ramón Vargas, fue un fiel seguidor como también el jurado que eligió la obra de Armando Zabaleta Guevara no estaba equivocado porque ella, es una de las más clásicas de nuestro movimiento musical, situación que no ocurrió con la obra “Fuente Vallenata”. Saldada esta primera acción, no encuentro la mala intención de los jurados, frente a la participación de Pacheco Anillo y Ramón Vargas en el Festival de la Leyenda Vallenata o de anteriores delegaciones llegadas de la sabana del Bolívar grande. Peor aún Castillo Mier, usted no lo sabe, no tiene porque saberlo, nuestra música llega a la tierra de Pacheco Anillo, Landero Guerra y Vargas Tapias, por un proceso dinámico de migración y no a la inversa, prueba de ello, nacen dos grandes que tiene esa cultura musical: Andrés Gregorio Landero Guerra y Alfredo de Jesús Gutiérrez Vital. Sus padres son de nuestra provincia vallenata y ellos son: Isaías Guerra y Alfredo Enrique Gutiérrez Acosta, uno de Rinconhondo y el otro, de la paz, ambos pueblos del Cesar. Es más, esto no lo vivió usted, pese a mis 9 años de edad en ese momento y de la mano de mi padre, le oí decir y a quienes le acompañaban en el primer Festival vallenato, que Andrés Landero fandangueo la puya. Este hecho, años más tarde fue confirmado por el propio músico cuando en una entrevista dijo: “nosotros no conocíamos la puya. La vinimos a ensayar fue en el festival”. Qué tristeza y dolor me causa, que el distinguido crítico literario Ariel Castillo Mier, lleno de una defensa más grande que la realidad de los hechos, nos señala con ese dedo acusador del yo todo poderoso, “la falta de juicio y sensatez” de la que hemos carecido los vallenatos. Por qué tienen que ser obligados interlocutores, Consuelo Araújo Noguera, Rafael Escalona Martínez Alfonso López Michelsen y Gabriel García Márquez en “La hamaca grande”, reconocida obra de Pacheco Anillo. Por qué el despropósito del columnista, quien se desborda temerariamente al decir, que nos “inventamos a Francisco el Hombre”, sin percatarse que es el mismo creador de Sanjacinto quien reafirma la leyenda cuando él mismo reconoce, que trae “unas leyendas cual las de Francisco el hombre”, en contrario de lo que el columnista afirma y da por hecho. Es bueno advertir, que la obra cumbre de nuestro admirado nobel Gabriel García Márquez es posterior, a toda esa labor que desarrollaron nuestros juglares y que cantaban como hablaban los abuelos de él. Ya ese hecho cultural, era parte de nuestra fortaleza y lo que hizo nuestro bien ponderado escritor, ante todo, por razones de sangre y tierra, no por embelecos, mostrar en su brillante narrativa, las tradiciones de la tierra guajira, de donde son sus abuelos, madre y descendientes. Por eso no es raro, el afecto que Gabriel García Márquez nos tiene, que es tan grande como el que nosotros le expresamos. Por eso Valledupar reclama sin decirlo y en eso, todos hacemos fila de sólido respaldo, en cuanto al tema del Festival de la Leyenda Vallenata. Si este evento no se construye en la “Capital mundial del Vallenato” como la denominó el hombre de teatro y radio ya fallecido, Héctor Velásquez Laos o “el vaticano del Vallenato” como la bauticé, la historia de nuestra música fuera otra. No olvidemos, que lo hecho por el Festival de la Leyenda Vallenata, fue nada menos que un reordenamiento cultural, alrededor de una música provinciana que poco o nada valía, dispersa en todo el Magdalena Grande, lo que es hoy el Magdalena, Cesar y Guajira.
A mí en lo particular, me disgusta la fijación, que a veces raya en lo insostenible, que Ariel Castillo Mier tiene frente a Pacheco Anillo, en donde se pone unas orejeras que no lo hacen mirar hacia otros creadores vallenatos, tan valiosos o más que el mencionado creador Sanjacintero. Pero bueno, ese es un problema que tiene el articulista y solo él, debe resolverlo, sin que ello, vaya en detrimento de nuestra cultura vallenata y de los valores que ambos tienen. De lo que si estoy seguro es que, no es cierto ni lo será jamás, que para concursar en nuestro evento cultural, haya que recurrir a introducir a más de nuestros cuatro ritmos como lo son el paseo, el son, la puya y el merengue, el paseaíto, el pasebol, la guaracha o la charanga, el porro, la cumbia y la gaita. No necesitamos de acciones exotéricas ni de agoreros de turno, para consolidar a nuestros ritmos e instrumentos. Eso ya lo demarcaron nuestros juglares y de cuya acción siempre estamos agradecidos. Y es por eso, que el Festival de la Leyenda Vallenata es lo que es: el primer certamen en organización, transparencia, asistencia de concursantes y público en toda Colombia. Nuestros bisabuelos, abuelos y padres, nos enseñaron que esos cuatro ritmos y tres instrumentos, eran los fundamentales para alegrar a una Nación. A ellos: a los creadores, ritmos e instrumentos son a los que hay que defender. Seguimos en esa tónica hasta la muerte, con la firme convicción que, las futuras generaciones no van a ser mezquinas en la defensa y continuidad de esos sueños. Por eso no tiene sentido, que usted junto a Pacheco Anillo, Numa Armando Gil Olivera y Arminio Mestra Osorio, a estos dos últimos se les ha ocurrido “la brillante idea” de poner por encima de los creadores del merengue, al “El Viejo Miguel” como el mejor merengue de la historia del vallenato, tema que si no lo graban los Hermanos Zuleta Díaz, no tendría la altura interpretativa de la que goza hoy día, quienes lideran una burda acción, con la que pretenden hacerles creer, a los asistentes a las reuniones privadas o en foros abiertos, donde solo hablan ellos, que por acá tenemos una soterrada maquinaria contra los músicos del Bolívar grande. Alfredo Gutiérrez Vital ha ganado tres veces, Julio Rojas dos veces, julio de la Ossa una vez, sumado a que Andrés Gregorio Landero Guerra fue declarado Rey Vitalicio por la Fundación del Festival vallenato en cabeza de Consuelo Araújo Noguera, junto a Emiliano Zuleta Baquero, Francisco Rada Batista, Abel Antonio Villa Villa, Antonio Salas Baquero, que entre otras, quienes no tienen nada que envidiarle a los músicos de la Sabana. Igual el reconocido compositor Sanjacintero fue homenajeado junto a Leandro Díaz, Rafael Escalona, Tobías Enrique Pumarejo y Calixto Ochoa, será que estos están por debajo del mencionado creador Bolivarense. Es bueno que eso no lo olviden, ya que nosotros cuando llegaron Lisandro Mesa, Enrique Díaz, César Castro, jamás tomamos banderas de exclusión, solo que ellos se enfrentaron a los mejores de nuestra provincia vallenata y no tenían como ganarnos. Por citar un ejemplo, pregunto: Nicolás Mendoza Daza es un mal acordeonero frente a Lisandro Mesa. Esa mentira no es verdad. Respetamos los valores que tiene éste músico Sucreño, pero frente a la esencia vallenata que resumen el tocar los cuatro aires como debe hacerse, me perdonan, pero el recorrido musical en el Vallenato nos dice que: “Colacho” Mendoza es un maestro de respeto y toca más acordeón que Lisandro Mesa en ese menester. Esto se las dejo ahí como dice mi primo Diomedes Díaz, para sustentar la píqueria que hace rato, quiere arman Ariel Castillo Mier con la segunda voz de Pacheco Anillo y otros de menor tenor, a quienes no les temo afrontar para que debatamos el tema cuando quieran y donde ellos digan, pero que para infortunio nuestro, son personas, que no pierden oportunidad alguna, para despotricar de una mujer que como Consuelo Araújo Noguera, tiene todos los reconocimientos que parten desde nuestra provincia vallenata hasta los diversos escenarios, a donde llegó su labor en pro de esta bonita música nuestra, sin ese maniqueísmo perverso que esas mencionadas personas no se cansan de esgrimir, sin una retórica argumentativa que permita validar sus voces. No me canso de unirme a ella cuando de manera enfática decía: “aquí calificamos bien al que toque vallenato. El Paseo que sepa a Paseo, el Merengue, El Son y la Puya a lo que en esencia ellos saben. No aceptamos disfraces”. No olviden Castillo Mier, Pacheco Anillo y quienes le secundan, que aquí en esta tierra nuestra, en la gran provincia vallenata, nosotros pese a la ausencia física de “La Cacica” seguimos en la misma postura. Nosotros no traicionamos nuestros sueños por ir en busca de lo que no es nuestro. Que interesante sería, que ustedes en vez de estar rumiando malquerencias, miren a su entorno social y ante todo musical, se hagan una autocritica y después de ello, verán que han perdido un valioso e irrecuperable tiempo, peleando contra el vallenato mientras el porro, la cumbia y la gaita agoniza. Es bueno que ustedes le enseñen a esa nueva generación el valor inmenso que tiene su cultura musical, ya que nuestros juglares y la misma “Cacica” nos enseñó a trabajar, defender y proteger lo nuestro. Ella lo que hizo, no fue arbitrario ni un robo cultural al escribir “Vallenatología”, que dio inicio, sin proponérselo la autora, a la apertura de una investigación sobre la música vallenata. Y es bueno que ustedes, no sigan vendiendo la pobre idea, que todo lo que realizó Aníbal Velásquez, Lisandro Mesa y los Corraleros del Majagual, es el formato que usamos nosotros. Eso no es cierto ni es verdad. Nuestros artistas, todos sin excepción, con todas las influencias que el entorno produjo, han pulido su estilo. Les pregunto: que hay de Anibal Velásquez en los Hermanos Zuleta Díaz. Qué hay de Lisandro Mesa en Luís Enrique Martínez o de los Corraleros del Majagual en Diomedes Díaz, Jorge Oñate, Beto Zabaleta, Silvio Brito, Iván Villazón, por citar a esos cantantes. Si lo que ustedes dicen es verdad, en dónde quedó la labor de nuestros juglares que antecedieron a sus mencionados y valiosos artistas. No olviden que primero son los abuelos que los padres. Esto demuestra Ariel Castillo Mier y Adolfo Pacheco Anillo que ustedes en el tema vallenato, no es mucho lo que saben y que ese poco conocimiento lo fragmentan con no muy buena intención, porque se dejan llenar de una serie de fantasmas que tienen, que es bueno los vayan eliminando y es bueno, que les quede claro: “como yo conozco el tema no sufro de engaño” (Sebastián Guerra)

domingo, 26 de septiembre de 2010

“La dancística en el Vallenato”

Por: Félix Carrillo Hinojosa
Escritor, Periodista, Compositor y Rey Vallenato, Gestor Cultural para que el vallenato y la cumbia tengan su categoría dentro de los Premios Grammy Latinos.


“Todo aquel que dice haber creado un ritmo, tiene la obligación de enseñar su coreografía” Fercahino

Todo ritmo trae consigo, amarrado en lo más íntimo de su alma, una dancística que le permite al bailador llenarse de goce, con el que atrae al desprevenido escucha, que termina sometido por su magia y sin darse cuenta, se convierte en un ferviente seguidor de su coreografía. Ese encanto lo tiene, cada una de las danzas inherentes a los diversos ritmos que tiene la música colombiana y en el vallenato no podía ser la excepción. Este es un tema que muchos desconocen y que quiero tocar, porque corre el serio peligro de desaparecer. Esto es un llamado serio, casi que un SOS, por la dancística vallenata, que muchos miran con soslayo e indiferencia y a la que poca trascendencia se le da, ya que piensan que hablar de ella y ante todo, ejecutarla, bailarla, danzarla, es creer que la misma es sinónimo de homosexualidad o quienes lo hacen, terminan en esas prácticas gestadas, por unas personas que merecen todo el respeto por su decisión, pero que es un error ese señalamiento, al que el machismo aberrante de nuestra provincia lo remitió.


“La dancística del son, paseo merengue y puya”, tienen una riqueza que muestra la influencia de las veinte o más mezclas que existen en nuestra cultura provinciana. Eso desvirtúa la reiterada designación, al que se remiten nuestros investigadores, que sin más allá de la nariz, suelen decir: tríetnia y nada más. Somos más ricos de lo que ellos creen. Nosotros, por nuestra pobreza investigativa, no sabemos lo que tenemos. La prueba está, en que pocos tocan, el tema coreográfico de nuestros ritmos que son ricos, en donde su dancística fortalece de gran manera, lo que significa el recorrido de nuestros ritmos en todo el territorio patrio. Para infortunio del “son, paseo, merengue y puya” los grupos vallenatos montaron su espectáculo sin tener en cuenta su dancística, lo que ha permitido su total desconocimiento y lo que es peor, el baile desapareció del escenario de la música vallenata, cuya gran responsabilidad recae en los artistas nuestros que ya poco cantan, sino que se han dedicado a que el público haga las veces de él.
Pero qué encierra la dancística vallenata, que pueda rescatarse y mostrarse como una gran fortaleza. Qué las diferencia del resto de las coreografías del país. Por fortuna, existen en nuestra tierra personas que siguen en la pelea masificadora de esta actividad, que de no ser así, la debacle fuera peor. Carlos Calderón y su ballet vallenato, se mantienen contra viento y marea como una gran voz de la dancística, que dice estar viva y de pie, mientras la industrialización trata de arrinconar a nuestros ritmos, en especial, el paseo, el más desarrollado como mercancía, en donde la mayoría que se produce en la actualidad, es de mala calidad.
La dancística de nuestros ritmos a diferencia de los restantes de Colombia, son más abiertos y libertarios, lo que le permite al nativo sentirse como pez en el agua y danzar como los dioses. Es tan generosa la coreografía que expresa “el son, paseo, merengue y puya”, que quien no sea de la tierra, puede aventurarse en su baile que no se va a sentir incomodo, mucho menos, zaherir el alma de nuestros ritmos ni el corazón del vallenato. Por eso el Vallenato, tiene tanta aceptación en otras culturas, no solo por lo diverso de sus relatos textuales, melódicos, cantoriles e interpretativos, sino porque pese al castramiento del baile en esta nueva generación, hay quienes se atreven a ir a un fiesta popular, agarrar su pareja y enamorarla a punta de melodías vallenatas. Eso es lo que tenemos que rescatar: la conquista amorosa a través del baile y que mejor, hacerlo con nuestros ritmos. Por eso es tarea ineludible, en colegios y universidades del Cesar y Guajira donde ronda el imaginario vallenato, poner a circular la voz, que la única manera de no dejar morir la dancística vallenata es que esa masa estudiantil, en vez de dejarse arrastrar por ritmos foráneos y modas que los lleve al consumo de alucinógenos, por qué no dedicarle una hora de cada semana, al baile de nuestros cuatro ritmos que bien bailados, son de una riqueza dancística incomparable.

introducción de la danza a cargo de los niños del programa proniño Valledupar


No piensen que esto es un embeleco mío ni que el Ballet Vallenato es de hoy. Ni lo uno ni lo otro. El ballet vallenato es un grupo coreográfico, cuyo historial rebaza más de cuatro décadas, en donde logró masificar en todo el país, lo que tienen estos cuatros ritmos como danza. Pero como en nuestra tierra todo lo volvemos moda y termina la mayoría de esos proyectos en un triste espectáculo, lo vivido por este grupo artístico no es menos, frente a otras actividades que están en vías de extinción. Como tengo la fortuna de olfatear los hechos que han de venir, sin ser agorero o pitoniso, lo que me lleva a decirles que, sino hacemos esa cruzada, la suerte de la dancística vallenata será tan grave como el pobre nivel de vida, al que están sometidos la mayoría de los creadores de nuestra música vallenata.
Por eso de la mano de Carlos Calderón, vamos a poner en el sitial que merece a nuestra dancística vallenata, a través de un Ballet Vallenato que puede ser renovado en toda su dimensión, sin perder al igual que el vallenato, su espíritu, que debe estar plegado al alma y sentir de nuestra tierra, que por mucho que avance, sus olores, sabores, colores, quejas, sueños logrados e insatisfechos, tragedias, llantos y alegrías deben estar intactos en cada uno de nosotros. Ya que sería una verdadera tragedia, que la gran provincia vallenata se le olvide: reír, llorar, su generosidad, perder la memoria de esa gran memoria que tiene, su lenguaje, sus historias, su grito a pulmón abierto, su regaño con cariño. Esa es la tierra que queremos. La que sabe bailar con sus propios ritmos, sus reales historias, no las inventadas y desteñidas que a veces desfilan por un momento, pero que desaparecen con más penas que gloria. Por eso, el renacer de nuestra dancística vallenata está cerca y no es para el mañana que no existe, es para hoy y se necesita de dirigentes culturales que tengan ganas de dejar historia. Junto a Carlos Calderón, hay un gran grupo humano que quiere refrendar lo que tiene de baile y de danza ancestral el vallenato, el cual los grupos artísticos nuestros deben incorporar para llevarle a quien no nos conoce, esa otra gran fortaleza que tenemos: nuestra dancística.
Si recuperamos ese gran espacio de la dancística, que tienen los cuatros ritmos vallenatos, encontraremos grandes expresiones amorosas y eróticas que al interior de ella existe, sin caer en expresiones ramplonas y vánales que se están usando en la actualidad para llamar la atención. Si esto es peligroso, no lo es menos, la irresponsable acción de la mayoría de los directores de grupos de danzas en el Cesar y la Guajira que, sin la formación que merece cualquier actividad en este tiempo, recrean hechos históricos fuera de toda credibilidad tanto de forma como de contenido. Es por ello que urge, profesionalizarse en todos los frentes para evitar repetir los mismos errores. Es necesario conocer lo íntimo de cada danza y montarla lo más cercana con su realidad. No estoy contra el avance de cualquier actividad. Me gusta la revolución de los hechos pequeños, pero más cuando en ella, hay respeto con lo raizal. Hay quienes quieren y se jactan de ser, unos revolucionarios de su tiempo y nos ponemos a analizar su labor y encontramos que: no se parecen a ellos y muchos menos a sus antecesores. Entonces, qué tanto es ese avance.
Por eso queremos, que se activen las muestras de la dancística vallenata pero con apego a las tradiciones, sin que las nuevas formas, desarticulen el real mundo de nuestra música y sus ritmos. Interesante sería ver, cada vez que se presenten nuestros artistas en los escenarios nacionales e internacionales, que en vez de mostrar toda esa parafernalia detrás de ellos, de músicos sinfónicos que suenan más a los corraleros del majagual, montaran con grupos de ballet de la región, toda esa riqueza dancística que tenemos. Le llegó la hora a nuestra dancística vallenata para ser mostrada como es, en donde “el son, paseo, merengue y puya” sean bailados como deben ser, sin ese relajo degradante en que muchos la quieren convertir.
“Nuestra música vallenata es generosa, pero seria y su dancística otro tanto más”.

sábado, 25 de septiembre de 2010

“Déjense de Novelerías”

“Construir donde no hay nada es la verdadera misión del creador” Fercahino
Por: *Félix Carrillo Hinojosa
*Escritor, Periodista, Compositor y Gestor cultural proponente para que el Vallenato y la cumbia tengan una categoría dentro de los Premios Grammy Latinos.

No hay en la tierra del Caribe Colombiano una gente más novelera que la existente en la gran provincia nuestra. Aquí se pierde el tiempo en construir situaciones innecesarias, que al final, lo que hacen es reafirmar que, la sin hueso mal usada, a más de lo perverso de su accionar, nos pone de grandes protagonistas en la situación en que estamos. A esta tierra le encanta más de lo mismo y ponemos a personas sin principios morales como paradigmas de nuestra sociedad, por eso creció la corrupción, el paramilitarismo y otras fuerzas oscuras que tienen postradas a la región. Los nuevos ricos son las personas que nos gusta mostrar y para obtener ciertos lucros por parte de ellos, canjeamos a nuestras hijas, vendemos al amigo y terminamos de meseros y hacedores de mandaos de esas personas que hicieron su dinero, no rezando en la iglesia la concepción, sino matando, delinquiendo y tantas formas que existen para ser una persona adinerada en este país. Mientras sigamos así, no es raro que surjan propuestas desatinadas en todos los ordenes en Valledupar y los pueblos del Cesar, Riohacha y los pueblos Guajiros, Santa Marta y los pueblos del Magdalena, por lo tanto, es hora ya que nos pongamos serios y tratemos de construir obras fundamentales para un mejor vivir, de los niños, jóvenes, mujeres y hombres adultos, que esperan y aspiran que sus gobernantes no se roben el erario publico, para ser al final de su mandato, un rico más y un mal ejemplo para la sociedad, que es lo que en últimas ha ocurrido con ellos. Cualquier persona que tenga cuatro dedos de frente y ponga a funcionar el sentido común puede decir:
“qué razón tenemos para destruir lo ya hecho. Es mejor hacer donde no hay nada”.
Pero como somos noveleros y el criterio de lo estético y de lo ético se van al carajo en boca de cualquiera que tenga poder, que importa tumbar la iglesia la concepción si aquí tenemos plata para hacerla de nuevo, obteniendo de paso el famoso 10% o más, depende del apetito del gobernante de turno y ya, así de fácil, tenemos una nueva obra. Y así es como se ha destruido, el centro de Valledupar y lo que falta.
Ahora que está de moda, el tema de la tarima Francisco el Hombre, en donde los que ganaron o no, dentro del marco de cada uno de los eventos del Festival Vallenato, sabemos que sería como cercenarle a una madre su hijo, cuando esta lo está amamantando y eso, no es raro, porque en un tierra sin memoria como la nuestra, se olvidaron todos que allí, en ese entorno, nació ese evento que es insignia no solo regional sino nacional, pero hay que tumbar, así sea la propia historia. Pero como nos encanta el espectáculo, allí cualquiera opina y le hacen caso y como se evidencia una falta de liderazgo, que arranca desde lo político, lo que ha permitido llenar a esa tierra, de monumentos que no van en concordancia con la realidad cultural nuestra y que en la mayoría de los casos, no se asoman a la imagen para quien están hechas. Esto se debe, a que no hay un freno a esa expansión que muchos artistas plantean, en busca de ganarse unos pesos, que son muchos para ellos, pero que al final cercenan nuestros gustos estéticos. Y el político de turno no mide ninguna consecuencia, aquí lo importante es ganarse un protagonismo mediático. Por eso el crecimiento, en este caso el de Valledupar, no ha sido ni será concordante, con el respeto que merece el tema urbanístico. Nuestros gobernantes, han sido pésimos observadores del alma de una ciudad que como esta, merece un mejor tratamiento. Pero sigamos con el novelero tema de la Tarima, que pone a conocedores, estudiosos y otros no tanto, de lo que le conviene a un espacio de bien publico, que al interior de él, tiene todo un historial artístico, que bien vale la pena se mire con detenimiento y pueda este hecho, irrelevante para unos y de mucho valor para otros, dirimir lo que no debió ponerse en esa fea balanza. La Tarima Francisco el Hombre por su razón de ser, continua de pie con su historia, por encima de los tantos alcaldes y gobernadores que ha tenido Valledupar y el Cesar, pocos de grata recordación y la mayoría, para que les cuento, si ustedes el constituyente primario de esa querida tierra, se han aguantado el peso del despilfarro moral y económica que se sufre, cuando se tiene malos gobernantes y solo ustedes, pueden decir con la voz en el tono más alto, quienes son los responsables de sus penurias, pero también deben autocriticarse que por esa lagartería que les cubre, han apoyado a quienes no debieron elegir. Creo y estoy convencido, que ese tema de la remodelación de la Tarima Francisco el Hombre, debe cerrarse con una verdadera transformación de las políticas culturales que el Municipio y el departamento de manera conjunta deben desarrollar, en vez de patrocinar ese genocidio urbanístico. Es hora ya, que quienes están al frente de los procesos culturales de Valledupar y el Cesar, pongan a funcionar el cerebro y originen verdaderas políticas culturales, que generen grandes conquistas para esa tierra y activen ese espacio publico, que tiene su historia pero que puede ser más, para contrarrestar la maniqueista visión que solo dentro del Festival, es que es productiva Valledupar. Si en el Caribe y en especial Valledupar y el Cesar, se hiciera más en vez de tanta cháchara que balbucea desde el necio hasta el más letrado, la suerte de todo ese bello territorio sería mejor. Si en vez, de tanto arrodillamiento ante las malas compañías, generadas por el narcotráfico, paramilitarismo, corrupción y delincuencia común, con su consabida adulación a los nuevos ricos, nos levantáramos a exigirnos una mejor suerte, toda la gran provincia nuestra gozaría de un mejor nivel de vida que arranca desde lo mental hasta lo social, económico y político. Necesitamos pasar ya, a la acción y no quedarnos en tanto palabrerío. No olviden, que la remodelación de la Tarima Francisco el Hombre, no es más que un embeleco, característica que siempre ha acompañado a la gran provincia nuestra y que la tiene en el sitial que nosotros, todos sin excepción, la hemos llevado a ese mal lugar. En vez de tumbar lo hecho, por qué no adornar la plaza Alfonso López y sitios relevantes de la ciudad, con las efigies de grandes valores del arte vallenato. Presento excusas por sugerir esto, ya que en vez de poner las imágenes de Alejo Durán, Luís Enrique Martínez, Diomedes Díaz, Poncho Zuleta, Jorge Oñate, Leandro Díaz, Luis Enrique Martínez, “Colacho” Mendoza, Emilianito Zuleta y Rafael Escalona, por citar algunos, son capaces de poner al mafioso de turno, al que se robó al municipio o al departamento. Porque así somos en la gran provincia. No olviden gobernantes:
“que la cultura es una política de Estado y no de un gobierno”.

“El Fenómeno SILVESTRE”

Por: *Félix Carrillo Hinojosa
*Escritor, Periodista, Compositor y Gestor cultural proponente para que el Vallenato y la cumbia tengan una categoría dentro de los Premios Grammy Latinos.


Nuestra cultura musical vallenata experimenta en éste momento, unas de sus etapas más visible que la llevan a consolidar su madurez artística, sustentada en todo un proceso antes y después de la llegada del acordeón por la vía de la guajira, a nuestra gran provincia. Son muchos los pasajes construidos por hombres y mujeres, que en sus distintos tiempos fortalecieron los sueños de creadores proletarios y de un instrumento muy parecido al alma de sus intérpretes. Ese instrumento menor frente a los de su género, cambió el comportamiento de los campesinos nuestros y quienes son los padres gestores de todo el movimiento vallenato. A ellos, un tributo de admiración y respeto, quienes sin saber hacia donde podía llegar la fuerza de sus cantos e interpretación, nos dejaron el orgullo de tener una de las músicas más bonita de nuestro continente. A todos esos hombres, muchos de ellos anónimos y otros más reconocidos, un gracias por construir caminos de herraduras que fueron musicalizados por la sabiduría de tantos hombres iletrados. Esos artesanos, especies de talladores de frases y melodías, vieron venir una generación y estos a su vez, otras que hacían su labor, construyendo nuevas elaboraciones culturales que de hecho, generaban críticas y como factor dinámico, se sigue dando en la actualidad. Esto me lleva, a presentar una mirada sobre un joven valor del vallenato, que con su canto y la construcción de sencillas canciones, se enruta como cabeza descollante de la nueva generación de la música vallenata. Ese fenómeno aglutinador de masas, que desborda cualquier análisis y que la mayoría de las veces, no es bien percibido en todo su contexto, porque la capacidad de digerir la convocatoria que hace Silvestre Dangond Corrales, se queda más en una acción, mirada más hacia lo personal por parte de sus analistas, lo que con poca fortuna ha llevado a periodistas, más que todo regionales, a emitir juicios muy mediáticos, que terminan siendo más un instrumento de destrucción, que de construir hechos positivos alrededor de una figura que como otras de su generación, hay es que rodearla de posiciones coherentes para evitar nefastos finales en personas con demasiado talento, pero con muchos fantasmas en su cabeza. Es evidente, que la madurez síquica de nuestros artistas ha ido creciendo a la par de su organización. Se está dando el salto de lo agrario a lo urbanístico, sin que ello no quiera decir, que los rezagos feudales sigan evidente en nuestra cultura social, política y cultural. Está quedando atrás el representante vendedor de bailes y se construye el manager que visualiza otras alternativas, que deben ir más allá del tratamiento doméstico de las grandes diferencias entre ser amigo, agente comercial o el que todo le acolita a su representado. Ese olfato del actual manager en construcción, dentro del vallenato, se debe fortalecer con su formación personal, cuya preparación debe arrancar desde su presentación personal hasta el mejoramiento del lenguaje, sin que ello implique perder sus raíces. Es claro, que la fortaleza de nuestra música, es la que ha hecho llegar tan lejos la dimensión de sus artistas, obviando muchas veces, la limitada visión de quienes representan a nuestros artistas.




En el caso de Silvestre Dangond Corrales, veo muchos elementos que lo ligan con personajes que han descollado en el mundo de la música, no solo en el orden nacional sino internacional. Sin compararlo, quiero mirar una serie de fortalezas y falencias que sumadas a las que muchas personas le ven, nos pueden dar un perfil de un joven artista, que es sinónimo de éxito. Es carismático y él en sí, está lleno de música. Su comportamiento en la tarima es más pasional que racional, lo que hace que su libreto en la práctica no exista, lo que ha llevado a sus críticos a pensar, que es una acción más caricaturesca, que de artista en sí. Si su accionar artístico lo vemos como un gran valor agregado, podemos decir, que él le entrega a una masa que asiste al evento, unas muestras de su comportamiento y el público que no es tan mojigato como muchos piensan, la acoge. Él lo entiende así y plantea muchas más expresiones de su quehacer artístico, en los que de hecho, tiende a excederse. Si eso se corrige, tenemos en corto tiempo, un producto que junto al de otros artistas del vallenato, será un renglón de exportación, que fortalecería más el eslabón artístico que es Colombia y que convertiría a ésta expresión en muy corto tiempo, en el ombligo musical del continente.
La corta presencia de Silvestre Dangond Corrales en la música vallenata, le ha permitido saborear algunos destellos que lo pueden llevar a la fama y ante todo al prestigio, que sumado a su discurrir por los escenarios de Colombia y muchos países del mundo, le ha generado obtener grandes dividendos económicos, que es el talón de Aquiles en cualquier actividad de la vida y más, sí se es joven y sin la experiencia para contrarrestar de la mejor manera, los diversos fantasmas que acosan a cualquier ser humano y más si el estrellato llega a esa edad. Pero, ¿cuál ha sido la reacción de éste artista frente a estos nuevos hechos?, contrario a lo que muchos periodistas argumentan, que él anda por los caminos del desorden, encontramos que ha logrado con su trabajo artístico, brindarle a sus padres un mejor vivir, que su comportamiento en el hogar es para resaltar y que el fruto de su trabajo artístico está bien orientado. No quiere decir esto, que no deba mejorar situaciones que él conoce y que su replanteamiento le pueda permitir conquistar excelentes dividendos entre ellos, consolidar una conciencia social frente a su aporte artístico, en donde no se debe pensar solo en la fama, que al final es como una espuma, sino, en la construcción real de un prestigio. No olvidemos que el primero es efímero y el segundo le catapulta para ser un buen o mal ejemplo. Sin señalar a nadie en el arte, en éste país hay muchos que tiene lo primero, más no lo segundo. Es urgente, lograr conformar un equipo de gente útil, más no necesaria, que sepa hablarle al oído y ante todo, que nuestro artista sepa escuchar, para que la diferencia del lleva y trae, que en nuestra música vallenata tiene una gran dinámica comunicante o lo que muchos llaman, “radio bemba o radio pasillo”, no lesione relaciones ni construyan falsos ídolos de barro, que no aguantan un aguacero. Por eso, su capacidad debe estar siempre aflote, frente a esos vaivenes de la vida, en donde le llegarán gentes de otros bandos con buenas intenciones y al interior de su bunker, habrá quienes no sean fieles a sus sueños.










Es determinante no olvidar, que la vida no puede ser una construcción de bandos, en donde a la derecha están los buenos y a la izquierda los malos. Ella tiene que ser un ideario dinámico constante de valores, sino es así, la dignificación de las actividades que el ser humano emprenda, serán muy cortas en su accionar y poca o nada en su recordación. No creo en los artistas, que no quiebran un plato. No queremos que sean santos para unos hechos y diablos para otros. Queremos artistas que dignifiquen el oficio y sean al final de sus vidas, unos buenos ejemplos a seguir. Nuestro país ha tenidos grandes artistas que han observado una buena conducta en su accionar y por eso pese a su ausencia física, siempre son renombrados. Esto no es un libreto para la vida de Silvestre Dangond Corrales o para los de su generación, mucho menos, una rígida directriz en la que deba enmarcarse sus vidas, pero si nos acercamos a un gran porcentaje de su cumplimiento, la misma es más gratificante.
Creo y estoy convencido, que la nueva generación del vallenato tiene con qué ser un buen ejemplo dentro y fuera de nuestro país. Es determinante, que los medios de comunicación, no solo en lo regional, deban ser cuidadosos con lo que dicen sus fuentes y lo que ellos reproducen en la construcción de sus noticias, porque a veces son asaltados en su buena fe y terminan haciendo algo que no corresponde a la verdad. Muchas veces lo he vivido, al estar en una presentación de Silvestre Dangond Corrales y de otros valores del vallenato, cuando al día siguiente, uno ve y escucha a cualquier comunicador irresponsable, decir: el artista Silvestre Dangond Corrales se presentó borracho y con otros síntomas, que hizo imposible su presentación o el mencionado artista ofendió a un colega. En donde la impotencia lo hace llenarse de coraje y decir: pero si estuve junto a Silvestre Dangond Corrales y él no estaba así. ¿Quién defiende la moral de un artista?, ¿Cómo se reconstruye el robo de reputación que se le hace a un artista?, son interrogantes que es bueno plantear para que nuestra nación reelabore una mejor visión de los valores y a veces no seamos tan proclive a la trampa. Nuestra cultura musical vallenata tiene la capacidad de diferenciar, entre una persona buena y un nuevo rico, por las razones que sea, pero termina en la mayoría de los casos, asociándose con la segunda.

Creo en la actividad artística que hacen Silvestre Dangond Corrales, Peter Manjarres, Jean Carlos Centeno y Jorge Celedón, por citar nombres dentro de ésta nueva generación, quienes deben aprender de los errores y las virtudes del pasado pero ante todo, construir sus propias goletas musicales y lanzarse a la alta mar, en donde de seguro, serán unos dignos representantes de nuestra cultura musical vallenata.

domingo, 12 de septiembre de 2010

El quinto ritmo o aire vallenato

“En dónde está, que no lo veo”
Por: *Félix Carrillo Hinojosa*Escritor, Periodista, Compositor y Gestor cultural proponente para que el Vallenato y la cumbia tengan una categoría dentro de los Premios Grammy Latinos.

“No le tiren piedras al sol
Porque nunca le pegan”
Juan Polo Valencia


Se ha vuelto una constante en el mundo vallenato, legislar sobre un tema, cualquiera que sea, en el que se crean tesis, sin que medie para ello, el debito proceso y cuyo debate debe ser enmarcado, en escuchar las distintas voces que han ayudado a crear este folclor musical. El más reciente caso, nos remite a la consideración planteada por Hernán Urbina Joiro, secundado por Rafael Escalona, Alfonso López y Francisco Zumaqué, en el que dan por sentado, que “el paseo lírico” actual es el quinto ritmo o aire vallenato. Si eso es así, es urgente que los mencionados proponentes presenten los argumentos rítmicos y dancísticos, que un nuevo ritmo debe tener, para que “el pelao” no se quede moruno, porque no tiene sentido que opten por la más fácil, que es tomar el paseo evolucionado y lo llamen “Paseo Lírico”, que los ha de llevar necesariamente a considerar, que hay un “Merengue Lírico”, una “Puya Lírica” y un “Son Lírico”. También les corresponde definir de una vez por todas, hasta donde va “La lírica” en el vallenato tanto en su forma como en el contenido.


Parece que la “lírica” no los deja dormir y dan como punto de partida, la aparición de Gustavo Gutiérrez Cabello en el escenario vallenato, para sustentar su tesis. ¿Pero qué es lo evidente con la aparición de éste cantautor?, con él se obtiene la mayor madurez del paseo, cuya formato estaba enmarcado en ese momento en unos elementos feudales y con su aporte, cuya influencia está influenciada en la poesía de García Lorca, los cantores Atahualpa Yupanqui y Horacio Guaraní, se subjetiviza más el contenido y la forma de la composición. Esta nueva postura de cantar el paseo, cuyo lenguaje es más citadino, logra su evolución y le brinda unos nuevos parámetros que van de la mano, con la nueva visión del hombre creador en nuestra gran provincia vallenata. La reflexión frente al problema social y el amor, están dadas por una nueva metáfora que enruta a la composición por nuevos caminos y compromete a su creador, a salirse de los parámetros establecidos y configurar unas rupturas más visibles que las anteriores. Porque parece que es ahí donde comienza el debate. ¿Es el vallenato una música de rupturas?, ¿Se debe mirar a una música local como la nuestra, creadora de tiempos?, ambas aseveraciones son ciertas. En todos los tiempos de la música vallenata, han existido creadores que como especie de paradigmas, los lleva a separarse de su cordón umbilical y se convierten en elementos a seguir. Por citar un ejemplo, Alejandro Durán, Abel Antonio Villa y Francisco Rada son portadores de un vallenato campesino y cuyas bases son las mismas de las que emerge Luís Enrique Martínez Argote, con las mismas condiciones sociales y formación académica, pero que con su propuesta musical, se separa de todos los intérpretes de su generación. Esa situación planteada por éste músico, genera una cadena de seguidores de un estilo que hoy por hoy, es el que más se escucha en los diversos festivales de música vallenata y en las grabaciones. Otro ejemplo sería, la música construida por Rafael Escalona y Leandro Díaz Duarte, teniendo más seguidores la de este último, porque es una música más abierta, en cambio la del primero, conserva elementos feudales tanto en su letra como en su música. Con el siguiente atenuante: Que tanto los intérpretes como los compositores, tienen una “lirica” definida, que los hace portadores de un estilo propio, situación visible en la anterior generación. Esto nos lleva a una reflexión más profunda como es la de mirar, la constante evolución que ha sufrido “el paseo” frente a los otros ritmos, al igual que los intérpretes, que fueron creadores de las bases para una industrialización de nuestra música. No sin mencionar, un hecho relevante que tiene mucho que ver con la dancística de nuestra expresión folclórica, ya que los cuatro ritmos nuestros como son el paseo, merengue, puya y son, tienen una forma de baile definido, por lo tanto, es deber de los legisladores que promueven el quinto ritmo, presentar la coreografía que debe acompañar a éste nuevo ritmo inventado por ellos. O para explicarme mejor, le solicito a Hernán Urbina, Rafael Escalona, Alfonso López, Francisco Zumaqué y quien apoye este “embeleco”, a que nos indiquen cómo se bailaría este quinto ritmo. Espero que Francisco Zumaqué no salga con la vieja explicación, pero nueva para él, que el quinto ritmo es el “Paseo-Son”, como lo aseveró en un medio televisivo en compañía de Rafael Escalona. Cuando me refiero a lo de vieja explicación, es porque ese fue un término que acuñaron nuestros juglares cuando no podían darle nombre a esos ritmos que fluían en cada cumbiamba, situación que es nueva para el destacado músico que no conoce de vallenato, más allá de la sensación que brinda una fría partitura.



Comparto la posición del presidente del Festival de la Leyenda Vallenata, Rodolfo Molina Araújo y quienes dentro de ese ente, sigan esos lineamientos, como es la de no incluir un nuevo ritmo dentro de los concursos, ya que la razón de ser de ese y los festivales que surgieron luego, es preservar, defender y afianzar las raíces de una música campesina, que ha evolucionado acorde con sus diversos tiempos y que pese, a su constante contaminación producto del hibridismo cultural, sigue en pie. Sin proponérselo y por la razón misma del Festival de la Leyenda Vallenata, la canción vallenata es la muestra de mayor inclusión, ya que en ella intervienen mujeres, hombres, niños como creadores e intérpretes. Y no he encontrado todavía, la primera canción que en ese concurso, que venga sin “lirica” y no haya muestras del paseo evolucionado, que tanto pregonan los legisladores. Les dejo tres muestras: “Nació mí poesía”, “Canasta de Ensueño” y “Río Badillo”, de los autores y compositores Fernando Dangond Castro, Fernando Meneses y Octavio Daza. Es más, cada agrupación vallenata al hacer su presentación, en el escenario que sea, muestran su repertorio que tiene en su interior obras clásicas y de la actual generación, lo que lleva a conjugar tiempos que merece un análisis serio, ya que se demuestra, que nuestros anteriores intérpretes dieron el salto generacional para interpretar lo actual y los intérpretes de ahora, quieren hacer historia, basado en su mundo circundante.
Esto nos reafirma, lo que se ha defendido en muchas ocasiones, al interior de los foros vallenatos: “La Lírica está plegada al sentir vallenato como la nevada para nuestros nativos”. Por eso, nada será igual al pasado, solo nos une, unos instrumentos como es el acordeón, caja y guacharaca como elementos simbólicos de una cultura musical, que ha desafiado los embates externos e internos desde lo económico hasta lo lingüístico. Si no, preguntémonos, ¿Qué va de lo que hace Emilianito Zuleta Díaz en su acordeón a lo que plantea Israel Romero Ospino?, son dos mundos cuyas afectaciones económicas, sociales y políticas no son las mismas. O lo que hizo Gustavo Gutiérrez Cabello y lo que nos dejó Kaleth Morales Troya. Por lo tanto, determinar rápida y tajantemente donde comienza y termina lo vallenato, es una tarea que merece un debate amplio y ante todo, serio.
Esta reflexión nos debe conducir, a una mejor visión frente a lo creado por la nueva generación. Ellos cantan y componen acorde con su entorno. Lo mismo pasó con lo vivido, por las anteriores generaciones. Por lo tanto, quienes se empecinan en crear un quinto ritmo, están mostrando a nuestros hijos pero a la vez, castran lo que hicieron nuestros abuelos y padres. En el Festival de la Leyenda Vallenata se entrelaza sueños, porque nuestra misión es “hacer que los niños toquen y canten, para que no se duerman nuestros padres y abuelos”.





jueves, 9 de septiembre de 2010

En qué Quedamos

“Música Vallenata o de Acordeón”
Por: *Félix Carrillo Hinojosa
*Escritor, Periodista, Compositor y Gestor cultural proponente para que el Vallenato y la cumbia tengan una categoría dentro de los Premios Grammy Latinos.

“Me lleva él o me lo llevo Yo”
(Emiliano Antonio Zuleta Baquero)





Rememorando a los juglares Vallenatos que sin conocerse y con la sola referencia que en “ tal caserío hay un músico y su obra ya empieza a ser comentada”, quiero dirigirme a los aportes expresados por diversos autores reconocidos en el libro “ Mochuelos Cantores de los Montes de Maria la Alta ” del filosofo Numas Armando Gil Olivera, en donde además de hacer un análisis sociológico de esa región Caribeña, recoge de viva voz, las expresiones de dos creadores de la cultura musical colombiana como lo son Adolfo Rafael Pacheco Anillo y Ramón Vargas Tapia ( Q.E.P.D . ).
En el prólogo del reconocido periodista y escritor, amante del tema Vallenato, Daniel Samper Pizano, plantea que a través de esa investigación, se obtiene el propósito de reivindicar todo el aporte hecho a la cultura musical vallenata, del hombre de las sabanas del Bolívar grande, o sea Bolívar, Sucre y Córdoba, cuando dice “ en el flamante mundo de la Vallenato logia es la reivindicación del llamado vallenato sabanero, denominación que más propiamente corresponde a la música de acordeón de las sabanas del antiguo departamento de Bolívar, San Jacinto y los Montes de Maria ”, situación que no es cierta, debido a que la obra notoria de Adolfo Pacheco Anillo ha sido propagada y querida, en las voces de nuestros más reconocidos cantores e intérpretes vallenatos sumado al hecho relevante que cada vez que éste personaje está dentro o fuera del Festival de la leyenda Vallenata o una delegación de esa región caribeña concursa en el mismo, el tratamiento de nosotros como buenos anfitriones, no ha dejado algo que desear frente a ellos. Esto se lo ha ganado el creador Pacheco Anillo con sus canciones que son vallenatas y el don de gente que posee, que también cuenta al final de un resumen de cualquier actividad, que asuma el ser humano.

Luego interpreta, la postura del escritor Gil Olivera, que toma como referente especial una obra de Adolfo Pacheco Anillo, titulada “ La Diferencia ”, “ el canto contrasta la actitud abierta, conciliadora de los músicos sabaneros que interpretan tanto los aires vallenatos como los de su región, con la actitud despótica de los vallenatos que se dedican de manera exclusiva y excluyente a cuatro ritmos canónicos: paseo, merengue, puya y son”.Y remata diciendo, “ Así de caliente están las cosas ”. Pero el prologuista va más allá cuando reafirma “son paginas que contribuyen a consolidar el alegato cultural de esta rica región, a cuyos aportes musicales aún no se les ha hecho justicia”. Termina depositando en “los verdaderos amantes del vallenato –entre los cuales hay muchísimos oriundos de Valledupar y Cesar – ven con entusiamo y alegría el “destape” de la música de acordeón bolivarense”, una responsabilidad que está desde hace mucho tiempo, manifiesta y amplia_
mente satisfecha en cada uno de los aportes realizados por estas dos regiones del caribe colombiano. No he podido entender a estas alturas, por qué ese “continuo alegato cultural” del que habla Daniel Samper Pizano. Máxime que “El Porro”, “La Cumbia”, “El Merecumbé” y “La Gaita” han recibido en justicia, un reconocimiento nacional e internacional, como ritmos ancestrales de nuestro país y de esa región caribeña. Si no es así, qué podríamos aportar nosotros para que ello ocurra?, o dónde está la labor no solo discográfica sino tesonera de tantos valores que hicieron de esos ritmos toda una industria cultural?, dónde quedó lo aportado por “ Los Corraleros del Majagual”, “Gaiteros de San Jacinto”, “Rufo Garrido”, “Pedro Laza y sus Pelayeros”, las Orquestas “ Fuentes” y “Sonolux”, “Lucho Bermúdez”, “Pello Torres y los Diablos del Ritmo”, “Petrona Martínez”, “Totò la Momposina”, sumado a las incontables orquestas y bandas, hechas por hombres que atesoraron su labor bajo el lema del deber cumplido.
Por fortuna y eso debido al Festival de la Leyenda Vallenata, nosotros nos hemos dedicado a defender los cuatros ritmos que nuestros ancestros crearon como es el Paseo, Son, Merengue y Puya. Por ellos, hemos sido conocidos en el ámbito musical de Colombia y el extranjero.
Siempre consideró CONSUELO ARAÙJONOGUERA, no por capricho o malisdicencia folclórica como ha sido malinterpretado, es más, así lo dejó entrever en su libro “Vallenatología”, que existían en diversos puntos de la geografía caribeña, varias expresiones del Vallenato. Por razones muy personales, producto de su investigación y un sentido común que siempre le acompañó, no dejó de comentar el deber que existía en cada uno de nosotros frente a su protección, divulgación y cuido, para que los elementos citadinos que se veían venir, no desviaran su fuerza narrativa y poética. Y por ello, llegó a visionar que esta música cubriría a todo el país, como ha ocurrido. Habló de las “escuelas” al interior de esta muestra cultural, las que hoy día, fundamentado en la ciencia, tendrían una mejor explicación, ya que ella sin ser etnomusicóloga, socióloga o antropóloga, veía una ruptura de estilos en cada una de las regiones, que a veces sobrepasaban razones étnicas, de entornos y generacionales, en cada uno de los focos de esa música que emergía con gran fuerza. Como a muchos les ha frenado su norte crítico esto de la “clasificación”, con el permiso de su creadora Consuelo AraùjoNoguera, no hablemos de ello y enfoquemos la discusión en la variedad de “estilos” que posee el creador nuestro.
Otro de los elementos rescatables del aporte de “La Cacica”, a la cultura vallenata, es que a través del Festival, más de un creador se despertó y expuso su talento, para hacerse conocer o reeditar su trayectoria ya lograda. A estas alturas, no he podido encontrar los elementos excluyentes y arbitrarios que haya usado ella, para arrinconar las capacidades musicales de los concursantes de esa querida región sabanera. Si existen, me gustaría conocerlos y si hay lugar a debate estoy dispuesto a hacerlo.
Del libro “Mochuelos Cantores De Los Montes De Maria La Alta”, es rescatable la rica y variada sociología que plantea su autor, sobre esa hermosa región del Caribe Colombiano y que compromete a ésta y futuras generaciones a defender y encontrar con ahínco, las causas, consecuencias y posibles soluciones al mal social, político, cultural y económico que padece Colombia y por ende, esa bucólica tierra. Ya en el plano musical, hace uso de las voces, más que autorizadas de Adolfo Pacheco Anillo y Ramón Vargas Tapia, para cubrir de trazos y versos musicales a una región que por ancestro es melodía. Dejan entrever los mismos, las influencias recibidas en asuntos de “tejer mochilas” como también en lo de musicalizar sentimientos. Por ello, no es raro hallar un profundo vínculo entre la “chuana” o gaita San Jacintera, “el Chicote” de nuestros ancestros en Atanquez – Cesar – y “los decimeros” de Lagunita y la Sierra de los Brito, cerca de Barrancas – Guajira - . Qué nos reafirma esto?, que no somos tan distintos pero tampoco iguales. Ese es uno de nuestro mayor valor agregado.
Muchos censuran la postura de “LA CACICA” frente a la protección y proyección del Festival de la Leyenda Vallenata y de nuestra música. Sin entrar en defensa de nuestra querida e inolvidable mujer de la cultura popular, ya que ella, a través de su talante e inteligencia supo hacerlo, no comparto, más si respeto, la postura del cantautor Adolfo Pacheco Anillo, que en la pagina 63 expone lo siguiente: “ pero en el festival lo derrotaron. ¡Ñerda! Que frustración tan grande. Lo derrotaron porque Consuelo Araujo quería demostrarle a la gente que eso era de ellos; que el vallenato era de Valledupar, de la provincia de Padilla, y que de ahí se exportó al Magdalena y a la sabana. Ella no quería que le quitaran eso; siempre fue una mujer de pensamiento muy egocéntrico, muy yoísta. Ella hizo su libro y su festival. El festival fue creación de García Márquez; después López Michelsen la respaldó. Entonces ella lo dividió: el vallenato vallenato; el vallenato bajero y el vallenato sabanero. Al principio ella se confundía con el festival. Le puso al músico Colacho Mendoza, porque Colacho no estaba en la misma nota de Landeros; quería que estuvieran los dos, para sacar al sabanero; para demostrar que lo sabanero era inferior a lo de allá, del Valle de Upar, donde estaban los mejores ejecutores del Acordeón. Eso lo hizo también en el primer festival, cuando Emiliano y Alejo Duràn se enfrentaron. El que iba a ganar era el viejo Emiliano, y eso lo hizo difundir así en el Valle de Upar, a pesar de que el viejo Emiliano había pasado ya su mejor época y Alejo Duran estaba en su apogeo. Pero fue tanta la superioridad de Alejo que los jurados debieron bajar la cabeza ante el acordeón del negro”. Es necesario precisar y corregir varias situaciones planteadas por nuestro admirado creador. Todo concurso, ya sea de belleza, literario o musical tiene sus reglamentos o parámetros que al final rigen o modelan el temperamento de quienes se someten a él. En el caso que nos corresponde, debo decirle que es un tema que no tiene ninguna justificación por parte de los habitantes de la sabana, porque conociendo a Nicolás Mendoza Daza, jamás se prestaría para ser utilizado en su momento o en la actualidad, de comodín por Consuelo Araujo Noguera u otra persona, para salir de ganador en un concurso tan exigente como es el nuestro. Con el respeto que merece aún después de muerto Andrés Gregorio Landero Guerra y sumado todo su palmarés, se dio una serie de factores musicales que incidieron en el resultado. Entre ellos, El respaldo en la Caja de Rodolfo Castilla y Guacharaca, Adán Montero, situación que no tuvo el representante de la Sabana. En la ejecución de la Puya, cuando Nicolás Mendoza Daza interpretó “Cuando el Tigre está en la Cueva” de Juan Muñoz Mejía, se notó profusamente la diferencia con Andrés Landero Guerra que terminó “Fandangueando” su puya. Es más, muchos argumentaron que Nicolás Mendoza Daza era un músico de la élite vallenata, que era muy poco su recorrido artístico. Tamaño despropósito, ya que en ese instante, tenía un trabajo de más quince años, entre grabaciones cantando y tocando o acompañado por otros cantantes, entre ellos, Isaac Carrillo Vega. Y si fue después, con el sonado “Rey de Reyes”, que más le podían pedir sus detractores, si venía de triunfar con todas las voces más premiadas del Vallenato, Jorge Oñate, Alfonso Zuleta, Carlos Lleras Araujo, Diomedes Díaz y Silvio Brito. Si a esto le sumamos, la gallarda postura de Gilberto Alejandro Durán Díaz, cuando reconoció sus yerros en la ejecución del acordeón. No hay razón alguna, para desconocer el valor artístico y ante todo moral, de un hombre como Nicolás Elías Mendoza Daza. Ahora, en lo relacionado a la postura personal de Consuelo Araujo Noguera, considerada por muchos, entre ellos, Adolfo Pacheco Anillo, de “Egocéntrica” y “Yoista”, que no es más, que el resultado de su estilo tan peculiar que a “cierta gente ” no le gustaba. Era eso, su “estilo”, que pocos llegaron a descifrar y quienes lo logramos, tuvimos amiga y crítica, sin perder la esencia inmensa de su amistad. Si ella, no asume esa defensa, por el solo hecho de tener al frente una cultura tan machista como la nuestra, en lo relacionado con la gestación, nacimiento, crianza y darle su mayor estatus, el Festival de la Leyenda Vallenata, dónde estaría?. Eso fue lo que hizo ella, así le tocara debatirse con el más encopetado de los caciques feudales del valle y de otras regiones , que vieron antes de iniciarse este evento folclórico, como una muestra de poca clase social y música con prematura muerte. Será que a estas alturas Consuelo Araujo Noguera no tiene toda la razón y no creen, que valió la pena confundirse con el evento mismo, al fin y al cabo era su hijo. Es más, si la música de la sabana hubiese tenido una protectora y líder como lo fue “La Cacica” con el Vallenato, el desarraigo que están padeciendo los cultores de esa región, no fuera tan evidente. Ahora, este evento lo crearon personas que tenían su razón de ser, frente a lo hecho hasta ahora por Campesinos analfabetas y semiletrados. Que son los argumentos de mala fe que siempre esgrimen, entre ellos, la aparición del escritor Gabriel García Márquez y expresidente Doctor Alfonso López Michelsen en la Música Vallenata. Estos dos personajes, tienen su cercanía con este folclor por razones de sangre, que al final, son de un poder tremendo. Quien lo dude, es bueno que lo averigüe.
Tampoco es cierto, la analogía que hacen entre Nicolás Mendoza Daza y Andrés Landero Guerra y lo de Emiliano Zuleta Baquero frente a Alejo Duran Díaz. No se puede dar por cierto, todo lo que emite el pueblo. No siempre ese monstruo de mil cabezas va en concordancia con los designios de Dios. Pero quiero dejarle una prueba: Si Consuelo AraùjoNoguera, tenía como su único candidato a Emiliano Zuleta Baquero, por qué lo dejó irse a celebrar al barrio las tablitas, para luego por ese hecho, ser eliminado a los tres llamados. Si ella quitaba y ponía al jurado, éste debió elegir inmediatamente a Emiliano Zuleta Baquero y no plantear una segunda presentación. Se le olvida a nuestro apreciado cantautor, el aprieto en que puso a los mencionados concursantes, un joven de Maríangola llamado Ovidio Granado, que con la voz y guacharaca de Miguel Yaneth, fallecido
y Rodolfo Castilla en la Caja, les demostró que no solo los arriba mencionados, eran los que podían llevarse la corona como primer rey del Festival de la Leyenda Vallenata. Me gustaría conocer ese acerbo probatorio que llevó al creador Adolfo Pacheco Anillo, para decir con tanta certeza lo expuesto. Es más, seria importante que miráramos con un poco de detenimiento, el jurado que eligió a Nicolás Mendoza Daza, rey del Segundo Festival.
En lo atinente al libro “ Vallenatología ”, tema de debate siempre que de este folclor haya que hablar, se han detenido siempre en la “clasificación”, pero no apuntan sus dardos a decir siquiera, que este texto es el punto de partida y estimuló a más de uno, en la investigación sobre el Folclor, sus raíces, presente y futuro del mismo. Y si miramos más allá de la nariz, encontramos que hace 36 años no había un evento en donde vaciar tanta música represada. Hoy tenemos el Festival de la Leyenda Vallenata, que por sus conquistadas connotaciones folclóricas, se erige por voluntad propia como el primero de su género y que le compite en igualdad de condiciones, a más de uno en Colombia y el resto de América. Esto me hace presumir, que la actitud planteada por “La Cacica” valió la pena asumirla.
El Vallenato en su contexto musical no es un solo ritmo. Éste, está asusten_
fado en “ El Chicote ”, “ El Pilón ” y “ La Tambora ”, que le sirvieron de fundamentación instrumental y rítmica al nacimiento de “El Paseo”, “ El Son”, “ El Merengue ” y “ La Puya”, con un atenuante que enriquece al que le escucha y es, la de tener una dancística abierta que le brinda al bailador una mejor manera de expresarse como quiera, frente a sus ritmos, a diferencia de : “El Bambuco”, “La Cumbia”, “El Porro”, “El Pasaje y Joropo”, “El Currulao”, “La Guabina”, “El Bunde”, “El Torbellino”,entre otros, que para “ bailarlo” hay que someterse a una rígida coreografía, que es válida y respetable para cada uno de esos folclores.
El folclor vallenato también ha vivido procesos de aculturación y transculturación, zambaje, mestizaje y todos esos componentes que enriquecen a Colombia. En nuestra música y cada uno de nosotros, hay vivos vestigios de la cultura Europea, Negroide e Indígena. Por ello, el hombre de la provincia reconoce el papel determinante que cumplieron ritmos externos como: “ La Ranchera ”, “ El Corrido ”, ” El Tango ”, “ El Couple”,” El Bolero ”, “ La Guaracha ”, “ El Danzón ”, “ El Foxtrox”, “ El Pasillo ”, “ El Vals ”, “ El Mambo ” o de manera interna, “ El Porro ”, “ La Cumbia ” y “ El Merecumbé ”. Sumado a ello, valdría la pena que ustedes reconocieran el proceso migratorio ejercido por nuestros juglares a las Sabanas del Bolívar Grande. Entre sus pertenencias no faltó nunca, un Acordeoncito de uno o dos teclados, una mochila o peyòn, lleno de plantas medicinales que unido a su fama de curandero de culebra y de otros maleficios, dejaron profundas huellas que sirven de unión para ambas culturas. Prueba de ello, está Alfredo de Jesús Gutiérrez Vital. Que no es solo Sabanero, también tiene su tronco Vallenato. Por eso él, es grande al interpretar la rica música de la tierra de su madre Dioselina Vital al igual, cuando recurre a las raíces del viejo Alfredo Enrique Gutiérrez Acosta.
No en vano Carlos Araque, Francisco Rada Batista, Rafael Gutiérrez, Calixto Ochoa Campo, Sebastián Guerra, Luis Enrique Martínez, Abel Antonio Villa, Alejandro Durán Díaz, Juan Manuel Polo Cervantes “Juancho Polo Valencia” sembraron grandes semillas difíciles de desconocer en la cultura de las Sabanas del Bolivar grande.
Por lo tanto, es más que urgente y necesario, que los investigadores, valores artísticos, seguidores y uno que otro mecenas de esa región, trabajen unidos sin tantas divisiones tanto de forma como de contenido, para no quedarse en el simple remoquete de “ Música de Acordeón ” a lo aportado por tanta gente valiosa, entre ellos, “ Los Corraleros de Majagual ”. Porque en lo atinente a nosotros, si tenemos bien claro lo que es Vallenato y cuando consideramos por razones propias de la obra, que ésta está enmarcada en nuestra estructura rítmica. Es más, no dudamos un segundo en hacerlo ver, así esta obra venga de las Sabanas del Bolívar grande. Prueba fechaciente, es que nosotros consideramos que Adolfo Pacheco Anillo es un creador Vallenato, así él, no se sienta a gusto con esa realidad.
Todos estos antecedentes, me permiten decirles que no es cierto, que a los intérpretes vallenatos les queda difícil crear, divulgar o llevar entre sus acordeones y voces, los acordes líricos de una cumbia o un porro. Esas grandes diferencias están zanjadas y prueba fehaciente de ello, son los triunfos de nuestros Acordeoneros en sus Festivales, donde ustedes reemplazan el merengue y la Puya por el Porro y la Cumbia. Es más, cuando El Binomio de Oro, los Hermanos Alfonso y Emiliano Zuleta Díaz, Iván Villazón y Saúl Lallemand, Los Betos y Jorge Oñate con Julián Rojas, han hecho uso de sus porros y cumbias, la versatilidad de nuestros artistas queda en evidencia. Si hay alguna queja al respecto, no he tenido conocimiento sobre ella. No sobra decirles, que Calixto Ochoa Campo, natural de Valencia de Jesús – Cesar -, salió de nuestras entrañas con todo el influjo musical que tenemos y un día cualquiera, recorrió en nuestra representación toda esa tierra de la Sabana. Allí se posesiono y con lujos de detalles en doble vía, logró enriquecer a esa tierra para constituirse en el gran pilar creativo de “Los Corraleros del Majagual” y de la Música Vallenata.
Pese a todos esos logros en ambas partes, no deja de sorprenderme la posición de ciertos investigadores, que se dejan arropar por el ambiente donde se hallan y le dan rienda suelta a la imaginación y empiezan, a construir un discurso que va en contravía de la verdad y ante todo, de sus propios conocimientos. Es el caso de Simón Martínez Ubárnez, que en su afán de querer prenderla una vela a la sabana y a sus excelentes cultores, en detrimento de la tierra vallenata, al exponer en su elocuente discurso lo siguiente, “ nunca los Vallenatos hemos tenido la deferencia de agradecer ese presente que el gusto colectivo –asumiendo la determinación de que su voz es la voz de Dios.......”, olvidando que el Compositor y director de Turismo, organizador del Festival de la leyenda Vallenata en los años 1972 y 1973, Doctor Alonso Fernández Oñate, fallecido, participó con un paseo “ Gracias por la Hamaca Grande ”, obra que fue exaltada por la junta organizadora de nuestro evento, al recibir una mención especial. Sumado a esto, aparece el periodista Alfonso Hamburger planteando una serie de conjeturas, las cuales me gustaría conocer, “Cuáles son las mentiras construidas a través del festival de la Leyenda vallenata”, muy a pesar que él reconoce, que a su música le ha faltado dolientes y las falencias que tuvo Andrés Landero y el que no lo era, proveniente de la tierra Sabanera. O las que el escritor Ariel Castillo Mier acuña, al emitir unos conceptos, que estoy seguro él, debe tener todos las pruebas que soporten sus señalamientos. Por ello, me gustaría conocer los nombres de los que han visto en el merengue “El Pintor” de Adolfo Pacheco Anillo una directa alusión a nuestro creador Rafael Calixto Escalona Martínez, cuyo “Ego” según Castillo Mier es “argentino” “ y que después de viejo se volvió pintor y novelista Naif”. Sobre su apreciación, le puedo decir que: “ESCALONA, es el que mejor ha pintado en sus canciones nuestra región y por ello su grandeza”. No comprendo, por qué Usted valora lo creado por Adolfo Pacheco Anillo, en detrimento de lo nuestro, al decir “una canción que, como muy pocas en el vallenato plantea una reflexión acerca del lenguaje poético, su naturaleza, su función y sus relaciones con otros lenguajes artísticos”. Siento, que lo ha hecho pecar, su falta de conocimiento y estudio sobre nuestra música vallenata. Por qué esa postura de defender a unos ritmos, debe ser enfocada por el escritor Ariel Castillo Mier como “actitud despótica de los Vallenatos”. Me gustaría conocer los factores económicos, políticos y sociales, que manipularon el desplazamiento de la música sabanera por la vallenata. En donde señala, sin pruebas, si las hay que las presente, que el Festival de la Leyenda vallenata es el “producto de Alfonso López Michelsen, Gabriel García Márquez, Consuelo Araújo Noguera, bajo “la complicidad” de los medios masivos de comunicación y que producto de ello, la música vallenata está en el sitial donde se halla”. Será que nuestra cultura musical y folclórica necesita del aval del mar para lograr su consolidación?. Nuestros antepasados y menos nosotros, hemos dividido cualquier expresión artística alguna. Lo que nos encomendaron, ha sido la continuidad de todo ese legado construido por ellos, que está lleno de música. Haciendo uso del instrumento de la paciencia y como el caracol, hemos hecho inmortalizar a una región conocida como “La Gran Provincia”, con una música sencilla y raizal. No puede ser, que solo en la obra de nuestro admirado creador Adolfo Pacheco Anillo, se encuentre los variados elementos de “razón, sentido crítico y autoconciencia crítica”. En nuestra tierra también hay de eso, que usted anota. Péguese un buen viajecito por la “provincia”, para atenderlo como Dios manda y empezará a encontrar de manera silvestre, un variado grupo de acordeoneros, cajeros, guacharaqueros, compositores y cantantes, que descifran el sentimiento que fluye de manera natural, en cada rincón de nuestra tierra. Acá, “nosotros seguimos mostrando a nuestros hijos sin tener que esconder a nuestros padres y abuelos”, Porque nuestra música ha dado los saltos generacionales que le permiten mantenerse. En ella, se destacan los elementos rurales, campesinos y feudales hasta llegar a lo urbano, fuentes constructora para que lo clásico, moderno y postmoderno de nuestros creadores e intérpretes, sean corresponsales directos de nuestra cultura musical.

“ En el Vallenato hay que crear semillas libertarias,
para evitar el autoritarismo folclórico”
Fercahino