lunes, 27 de septiembre de 2010

“Sí es cierto pero no es verdad”

*Félix Carrillo Hinojosa
Escritor, Periodista, Compositor y rey vallenato, gestor cultural para que el vallenato tenga una categoría en los Premios Grammy Latinos.


El mismo autor del artículo publicado en el Heraldo el 3 de Mayo/09, abre la puerta a la polémica que suscita, no los cuarenta años de creada la obra “La hamaca Grande” de Adolfo Rafael Pacheco Anillo, sino la posición sin argumentos como lo he de demostrar, que el crítico literario Ariel Castillo Mier usa y que al final, contrasta con la verdadera razón de ser de su texto. No sabía y me dolió saberlo, que una persona que estudia y construye un camino para ser considerado un intelectual, haga una argumentación poco creíble y se deje ganar la batalla de la ira y el resentimiento, con los que termina argumentando una sin razón, que lo lleva por sus propias convicciones a convertirse en un “enemigo” de todo lo que provenga de nuestra gran provincia y que lleve el nombre de Consuelo, Rafael, Gabriel y Alfonso. Si y es cierto, que la obra en ritmo de paseo, “La hamaca grande” cuyo autor es Adolfo Pacheco Anillo tiene todos los méritos armónicos y melódicos para estar, en el extenso listado de los buenos temas del vallenato, pero no es verdad que la misma, sea principio y fin del mundo construido por el paseo. Si eso que él asevera fuera verdad, entonces, en dónde quedaría la tradición de nuestros juglares del siglo 19, quienes son los padres del paseo. Con su obcecada posición, Castillo Mier pretende y él cree que lo logra, hacernos creer que el único poema existente y para mostrar dentro del paseo, se resume en la obra citada de Pacheco Anillo. Tamaño horror, que demuestra una vez más, que el tema vallenato en manos de quienes no lo conocen, termina siendo un desperdicio, máxime cuando el responsable de tal proceso se atreve a argumentar que “es muy raro encontrar en las composiciones tradicionales tan exquisito cuidado en la métrica”, ésta osadía que lleva al crítico literario a pasar por encima de Emiliano Zuleta Baquero con su “Gota fría”, de Julio Vásquez con su “Viajero”, de “Chema” Gómez con su “Fonseca”, de Carlos Huertas con su “Tierra de cantores”, de Rafael Escalona con su “Honda herida”, de Leandro Díaz con su “Dios no me deja”, de Lorenzo Morales con su “Errante”, de Calixto Ochoa con su “Lirio rojo”, que sumado al perdón que le pido a una centena de juglares, que son el sustento del movimiento vallenato, anteriores al surgimiento de Adolfo Pacheco Anillo, de quienes tomó, ya que él no inventó el vallenato mucho menos el paseo, unas marcadas y visibles influencias que puedo demostrar. Es más, lamento que un hombre como Ariel Castillo Mier, erudito en el tema literario más no, en el mundo vallenato, halle tantas fortalezas en Pacheco Anillo y desconozca en nuestros creadores, al afirmar que, “el lenguaje sencillo del canto oculta una sabia destreza verbal por parte de Adolfo Pacheco, reveladora de la creatividad del poeta. Nadie habla así, nadie mete una serenata en un cofre de plata, sólo el poeta, el hacedor, puede armar con las cumbias un collar y meter en la misma hamaca a los gaiteros y a los acordeonistas”. Será que Escalona, Vásquez, Díaz, Ochoa, Morales, Zuleta, Huertas y Gómez, están lejos de su imaginario, lenguaje y sentido de pertenencia, cuando el primero por citarlo, eleva en un paseo vallenato y construye “La casa en el aire”, uno de los más hermosos cantos de cuna, cuya trascendencia es evidente en Colombia. Por eso, no tiene sentido, lo que de manera forzada pretende el crítico literario, al sustentar que la mencionada obra de Pacheco Anillo es un canto de concordia, un himno fraternal y luego, usa unos calificativos que en vez de sumar, dejan mal parados al creador de “La hamaca grande”, a su defensor y a quienes quieren seguir en esa posición, que por demás se ha vuelto aberrante, al afirmar que “nosotros los vallenatos le cerramos el paso a toda delegación que de la Sabana llegue a Valledupar y en especial, al Festival de la Leyenda Vallenata”. Si es cierto que Andrés Landero Guerra, Alfredo Gutiérrez Vital, Ramón Vargas, Lisandro Mesa, Julio de la Ossa, Enrique Díaz, César Castro, Felipe Paternina, les tocó más duro que a los nuestros en la ejecución de las obras con raíces vallenatas y en el manejo de los ritmos, cuando se enfrentaron a Nicolás Mendoza, Miguel López con Jorge Oñate, entre otros, quienes por razones de hábito, los lleva a conocer lo íntimo de la rutina que sus antecesores crearon. Pero no es verdad Castillo Mier, que al interior del Festival de la Leyenda Vallenata se procedió a evaluar a los músicos sabaneros con criterios inadecuados. No se puede argumentar tal insensatez, sin haber asistido a esos eventos, todo porque a su alrededor, pocas personas, entre ellas, Adolfo Pacheco Anillo con sus falsos argumentos, le hace reafirmar una mentira. Es bueno recordarle al creador Sanjacintero, que cuando participó en 1973 con Ramón Vargas en la categoría profesional y en el concurso de la Canción Inédita, fue declarado mejor guacharaquero de nuestro evento, ya que tuvo la mala fortuna junto a su compañero, de enfrentarse a Luís Enrique Martínez, a la postre ganador como mejor acordeonero y obtener el segundo lugar con su paseo “Fuente Vallenata”, en donde “No vuelvo a Patilllal” de Armando Zabaleta fue la ganadora. El tiempo justiciero como siempre, pone los hechos en su justa dimensión y ella nos ha demostrado, que la música más divulgada en todos los Festivales de Música Vallenata, es la de Luís Enrique Martínez y de la que Ramón Vargas, fue un fiel seguidor como también el jurado que eligió la obra de Armando Zabaleta Guevara no estaba equivocado porque ella, es una de las más clásicas de nuestro movimiento musical, situación que no ocurrió con la obra “Fuente Vallenata”. Saldada esta primera acción, no encuentro la mala intención de los jurados, frente a la participación de Pacheco Anillo y Ramón Vargas en el Festival de la Leyenda Vallenata o de anteriores delegaciones llegadas de la sabana del Bolívar grande. Peor aún Castillo Mier, usted no lo sabe, no tiene porque saberlo, nuestra música llega a la tierra de Pacheco Anillo, Landero Guerra y Vargas Tapias, por un proceso dinámico de migración y no a la inversa, prueba de ello, nacen dos grandes que tiene esa cultura musical: Andrés Gregorio Landero Guerra y Alfredo de Jesús Gutiérrez Vital. Sus padres son de nuestra provincia vallenata y ellos son: Isaías Guerra y Alfredo Enrique Gutiérrez Acosta, uno de Rinconhondo y el otro, de la paz, ambos pueblos del Cesar. Es más, esto no lo vivió usted, pese a mis 9 años de edad en ese momento y de la mano de mi padre, le oí decir y a quienes le acompañaban en el primer Festival vallenato, que Andrés Landero fandangueo la puya. Este hecho, años más tarde fue confirmado por el propio músico cuando en una entrevista dijo: “nosotros no conocíamos la puya. La vinimos a ensayar fue en el festival”. Qué tristeza y dolor me causa, que el distinguido crítico literario Ariel Castillo Mier, lleno de una defensa más grande que la realidad de los hechos, nos señala con ese dedo acusador del yo todo poderoso, “la falta de juicio y sensatez” de la que hemos carecido los vallenatos. Por qué tienen que ser obligados interlocutores, Consuelo Araújo Noguera, Rafael Escalona Martínez Alfonso López Michelsen y Gabriel García Márquez en “La hamaca grande”, reconocida obra de Pacheco Anillo. Por qué el despropósito del columnista, quien se desborda temerariamente al decir, que nos “inventamos a Francisco el Hombre”, sin percatarse que es el mismo creador de Sanjacinto quien reafirma la leyenda cuando él mismo reconoce, que trae “unas leyendas cual las de Francisco el hombre”, en contrario de lo que el columnista afirma y da por hecho. Es bueno advertir, que la obra cumbre de nuestro admirado nobel Gabriel García Márquez es posterior, a toda esa labor que desarrollaron nuestros juglares y que cantaban como hablaban los abuelos de él. Ya ese hecho cultural, era parte de nuestra fortaleza y lo que hizo nuestro bien ponderado escritor, ante todo, por razones de sangre y tierra, no por embelecos, mostrar en su brillante narrativa, las tradiciones de la tierra guajira, de donde son sus abuelos, madre y descendientes. Por eso no es raro, el afecto que Gabriel García Márquez nos tiene, que es tan grande como el que nosotros le expresamos. Por eso Valledupar reclama sin decirlo y en eso, todos hacemos fila de sólido respaldo, en cuanto al tema del Festival de la Leyenda Vallenata. Si este evento no se construye en la “Capital mundial del Vallenato” como la denominó el hombre de teatro y radio ya fallecido, Héctor Velásquez Laos o “el vaticano del Vallenato” como la bauticé, la historia de nuestra música fuera otra. No olvidemos, que lo hecho por el Festival de la Leyenda Vallenata, fue nada menos que un reordenamiento cultural, alrededor de una música provinciana que poco o nada valía, dispersa en todo el Magdalena Grande, lo que es hoy el Magdalena, Cesar y Guajira.
A mí en lo particular, me disgusta la fijación, que a veces raya en lo insostenible, que Ariel Castillo Mier tiene frente a Pacheco Anillo, en donde se pone unas orejeras que no lo hacen mirar hacia otros creadores vallenatos, tan valiosos o más que el mencionado creador Sanjacintero. Pero bueno, ese es un problema que tiene el articulista y solo él, debe resolverlo, sin que ello, vaya en detrimento de nuestra cultura vallenata y de los valores que ambos tienen. De lo que si estoy seguro es que, no es cierto ni lo será jamás, que para concursar en nuestro evento cultural, haya que recurrir a introducir a más de nuestros cuatro ritmos como lo son el paseo, el son, la puya y el merengue, el paseaíto, el pasebol, la guaracha o la charanga, el porro, la cumbia y la gaita. No necesitamos de acciones exotéricas ni de agoreros de turno, para consolidar a nuestros ritmos e instrumentos. Eso ya lo demarcaron nuestros juglares y de cuya acción siempre estamos agradecidos. Y es por eso, que el Festival de la Leyenda Vallenata es lo que es: el primer certamen en organización, transparencia, asistencia de concursantes y público en toda Colombia. Nuestros bisabuelos, abuelos y padres, nos enseñaron que esos cuatro ritmos y tres instrumentos, eran los fundamentales para alegrar a una Nación. A ellos: a los creadores, ritmos e instrumentos son a los que hay que defender. Seguimos en esa tónica hasta la muerte, con la firme convicción que, las futuras generaciones no van a ser mezquinas en la defensa y continuidad de esos sueños. Por eso no tiene sentido, que usted junto a Pacheco Anillo, Numa Armando Gil Olivera y Arminio Mestra Osorio, a estos dos últimos se les ha ocurrido “la brillante idea” de poner por encima de los creadores del merengue, al “El Viejo Miguel” como el mejor merengue de la historia del vallenato, tema que si no lo graban los Hermanos Zuleta Díaz, no tendría la altura interpretativa de la que goza hoy día, quienes lideran una burda acción, con la que pretenden hacerles creer, a los asistentes a las reuniones privadas o en foros abiertos, donde solo hablan ellos, que por acá tenemos una soterrada maquinaria contra los músicos del Bolívar grande. Alfredo Gutiérrez Vital ha ganado tres veces, Julio Rojas dos veces, julio de la Ossa una vez, sumado a que Andrés Gregorio Landero Guerra fue declarado Rey Vitalicio por la Fundación del Festival vallenato en cabeza de Consuelo Araújo Noguera, junto a Emiliano Zuleta Baquero, Francisco Rada Batista, Abel Antonio Villa Villa, Antonio Salas Baquero, que entre otras, quienes no tienen nada que envidiarle a los músicos de la Sabana. Igual el reconocido compositor Sanjacintero fue homenajeado junto a Leandro Díaz, Rafael Escalona, Tobías Enrique Pumarejo y Calixto Ochoa, será que estos están por debajo del mencionado creador Bolivarense. Es bueno que eso no lo olviden, ya que nosotros cuando llegaron Lisandro Mesa, Enrique Díaz, César Castro, jamás tomamos banderas de exclusión, solo que ellos se enfrentaron a los mejores de nuestra provincia vallenata y no tenían como ganarnos. Por citar un ejemplo, pregunto: Nicolás Mendoza Daza es un mal acordeonero frente a Lisandro Mesa. Esa mentira no es verdad. Respetamos los valores que tiene éste músico Sucreño, pero frente a la esencia vallenata que resumen el tocar los cuatro aires como debe hacerse, me perdonan, pero el recorrido musical en el Vallenato nos dice que: “Colacho” Mendoza es un maestro de respeto y toca más acordeón que Lisandro Mesa en ese menester. Esto se las dejo ahí como dice mi primo Diomedes Díaz, para sustentar la píqueria que hace rato, quiere arman Ariel Castillo Mier con la segunda voz de Pacheco Anillo y otros de menor tenor, a quienes no les temo afrontar para que debatamos el tema cuando quieran y donde ellos digan, pero que para infortunio nuestro, son personas, que no pierden oportunidad alguna, para despotricar de una mujer que como Consuelo Araújo Noguera, tiene todos los reconocimientos que parten desde nuestra provincia vallenata hasta los diversos escenarios, a donde llegó su labor en pro de esta bonita música nuestra, sin ese maniqueísmo perverso que esas mencionadas personas no se cansan de esgrimir, sin una retórica argumentativa que permita validar sus voces. No me canso de unirme a ella cuando de manera enfática decía: “aquí calificamos bien al que toque vallenato. El Paseo que sepa a Paseo, el Merengue, El Son y la Puya a lo que en esencia ellos saben. No aceptamos disfraces”. No olviden Castillo Mier, Pacheco Anillo y quienes le secundan, que aquí en esta tierra nuestra, en la gran provincia vallenata, nosotros pese a la ausencia física de “La Cacica” seguimos en la misma postura. Nosotros no traicionamos nuestros sueños por ir en busca de lo que no es nuestro. Que interesante sería, que ustedes en vez de estar rumiando malquerencias, miren a su entorno social y ante todo musical, se hagan una autocritica y después de ello, verán que han perdido un valioso e irrecuperable tiempo, peleando contra el vallenato mientras el porro, la cumbia y la gaita agoniza. Es bueno que ustedes le enseñen a esa nueva generación el valor inmenso que tiene su cultura musical, ya que nuestros juglares y la misma “Cacica” nos enseñó a trabajar, defender y proteger lo nuestro. Ella lo que hizo, no fue arbitrario ni un robo cultural al escribir “Vallenatología”, que dio inicio, sin proponérselo la autora, a la apertura de una investigación sobre la música vallenata. Y es bueno que ustedes, no sigan vendiendo la pobre idea, que todo lo que realizó Aníbal Velásquez, Lisandro Mesa y los Corraleros del Majagual, es el formato que usamos nosotros. Eso no es cierto ni es verdad. Nuestros artistas, todos sin excepción, con todas las influencias que el entorno produjo, han pulido su estilo. Les pregunto: que hay de Anibal Velásquez en los Hermanos Zuleta Díaz. Qué hay de Lisandro Mesa en Luís Enrique Martínez o de los Corraleros del Majagual en Diomedes Díaz, Jorge Oñate, Beto Zabaleta, Silvio Brito, Iván Villazón, por citar a esos cantantes. Si lo que ustedes dicen es verdad, en dónde quedó la labor de nuestros juglares que antecedieron a sus mencionados y valiosos artistas. No olviden que primero son los abuelos que los padres. Esto demuestra Ariel Castillo Mier y Adolfo Pacheco Anillo que ustedes en el tema vallenato, no es mucho lo que saben y que ese poco conocimiento lo fragmentan con no muy buena intención, porque se dejan llenar de una serie de fantasmas que tienen, que es bueno los vayan eliminando y es bueno, que les quede claro: “como yo conozco el tema no sufro de engaño” (Sebastián Guerra)

1 comentario:

  1. El vallenato se escucha y se siente; en este sentido Leandro es el mas grande, y declaró una vez. Landero tiene la cumbia en su acordeón..

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