lunes, 16 de agosto de 2010

Emiliano Zuleta Baquero

“El Hombre de la Gota Fría”
*Felix Carrillo Hinojosa


Lo encontré recostado en una hamaca de rayas. Apenas me vio, se levantó, dejando entrever esos buenos modales, que le acompañó siempre. Su cabeza blanca y su mirada perdida, daban testimonio de los años vividos. Con sus pies menuditos y un caminar lento, se me puso al frente. Me dio su mano. Sentí un apretón de acordeonero curtido y no era para menos. Él logró librar, más de una batalla folclórica, de las que siempre pudo salir airoso. ¿Pero qué tenía de atrayente, un personaje como él? .Eso lo descubrí después de brindarme un taburete. Se sentó en su hamaca y sentí en su mirada de veterano gladiador, un reto para conocer de su viva voz, esos pasajes que siempre construyó a punta de sonidos musicales y sus versos que como juglar libertario, dejó en los caseríos y veredas que luego se convirtieron en pueblos, pero que nunca lo olvidaron.

¿Dónde nació Emiliano Zuleta Baquero?
“Nací en la Jagua del Pilar o del Pedregal, el 11 de Enero de 1912. Mis padres ya fallecidos, fueron Sara María Baquero Salas y Cristóbal Zuleta Bermúdez. A pesar que conviví casi nada con mi padre, de él, sé que era músico completo. Tocaba guitarra, tiple, caja, bombo, redoblante y era un buen cantante. Pero es mi madre, quien prácticamente me crió sola, de la que mayor influencia tuve. Era una mujer menudita, que se vestía con pollerines de muchos colores. Fue cantadora, recitadora y bailadora de cumbiamba. Era del partido conservador. Ella me inculcó esa vocación por ese partido, al que con orgullo pertenezco. También me dejó su manera especial de servir. Su capacidad de dar ordenes, la hizo convertirse en un personaje en el Plan Sierra Montaña, en donde escuché por primera vez, el sonido de un acordeón”.

¿Cómo fue su infancia y juventud en el Plan?

“Toda mi niñez la pasé en Valledupar, concertado en la casa de la señora Conchita Ustáriz. Había nada más dos barrios. El Cañaguate y el Cerezo. Mi oficio era recoger en la madrugada, el agua del río, llevar la leche y cortar la leña. En esa actividad duré hasta los trece años. Luego la vieja Sara me llevó a la Jagua.
Nosotros somos campesinos. Desde los trece años, me dediqué a labrar la tierra. No había tiempo para el estudio. Durante las faenas, que se iniciaban temprano y se extendían hasta tarde, los trabajadores que estaban conmigo, bajaban al pueblo y traían noticias, que hablaban de enfrentamiento de los músicos. Esto me incentivó y tomé prestao un acordeoncito de un teclado, que tenía mi tío Francisco Salas, hermano de mí mamá. Fue un robo consentío. A mí siempre me atrajo el sonido del acordeón. Así me hice músico, en contra de la vieja Sara, que no veía con buenos ojos, que un hijo de ella, se metiera en esas cosas de la música, porque era solo para borrachines. Por eso, después de durar un tiempo aprendiendo la ejecución del acordeón, me le presenté a mi tío y le dí una serenata con un merengue que le hice, que todavía está inédito, que dice: “Le vivo rogando a Dios, que me perdone mí tío, por culpa del acordeón, que yo me llevé escondío”. Él, al escucharme, se levantó y me felicitó y me regaló un acordeón, que estaba en mejores condiciones. Así me hice músico”.

Maestro Emiliano, ¿Cómo hace un muchacho como Usted, para meterse en el mundo de la música?

“Bueno, es que fíjese, antes de conocer el acordeón, los hombres que hacían los trabajos en la sierra, en los descansos formaban sus conjuntos con las hojitas de plátano y café, produciendo unas melodías raras. Así aprendí a ponerle melodía a los versos sueltos que hacía. Eso me hizo un decimero de respeto en toda la región. A cualquier detalle le ponía melodía. Además aprendí a tocar la caja y ejecutar el carrizo, que lo aprendí de Cayetano Atencio, el mejor gaitero de Villanueva. Después, me metí en la sierra a tocar acordeón solo, que era la costumbre de antes. El acordeonero ejecutaba su instrumento sin acompañamiento. Si aparecía el cajero o el guacharaquero bien, o sino también”.

¿En qué momento, se sintió Usted músico?

“Uno a veces se cree lo que no es. En un principio, pensé que porque ya tenía un acordeoncito al pecho, era músico. Pero resulta, que era apenas el comienzo, porque los acordeones de antes, eran incompletos y en el caso mío, apenas “chapuceaba” unas cuantas melodías. Pese a esa dificultad, no dejaba de creerme acordeonero, pero hubo un pasaje que me enseñó mucho. En una parranda en Villanueva, varios amigos míos me sonsacaron para que me enfrentara al músico que estaba tocando. Era nada menos que “Chico” Bolaños, que ya tenía una fama extendía por toda la provincia. Llegué con un acordeoncito remendao con cabulla y le lancé un verso, el cual no me dejó terminar y que recuerdo tanto: “Aquí ha llegado Emiliano, y ha llegado como un loco, con un machetito mocho, a matase con Bolaños”. Eso me hizo aterrizar. Ese día nos hicimos grandes amigos”

Maestro Emiliano, en la vida del juglar vallenato no dejaba de existir la copla amorosa para las musas, en la mayoría de los casos, cambiantes porque Ustedes eran unos trotamundos. Hoy estaban aquí, al día siguiente en otro lugar.

¿Cómo fue su vida amorosa?

“El músico vallenato a pesar, que se le consideraba poca cosa, su música atraía a la mujer. En esos recorridos de pueblo en pueblo, uno tenía sus amoríos. La mayoría de las veces, se olvidaban por razones de los viajes. En mi caso, antes de conocer a Carmen Díaz, tuve unos amores y productos de ellos, unos hijos. Pero el día que la conocí en Manaure Cesar, cuando le fui a poner una serenata de parte de un amigo, quedé enamorado de ella. Era una mujer esbelta y elegante. Tenía una sonrisa y una mirada que me atrajo. Al verla me dije: Esta es la mía. Y así ocurrió. Ella es la madre de mis hijos y la musa más grande que he tenido. Todos mis cantos tienen la presencia de ella. Ya sean de afecto o de rabia. La única mujer que estuvo en mi corazón, antes, después de casado y luego de separados, fue ella. En un verso se lo digo: “Si me caso en otros tiempos, me vuelvo a casar con Carmen”. Ella fue una gran mujer, pero sus celos, su incomprensión con mí actividad de músico, que en esa época no se ganaba nada y el poco valor de la música, terminaron nuestros amores”.

La piquería lo ha perseguido y siempre se habla, de la que sostuvo con Lorenzo Morales. ¿Qué otras vivió el Maestro Emiliano?

“Para llegar a ser lo que soy, me tocó pasá más de un arroyito. Esa píqueria con mi compadre Morales tiene su historia. A mí me llegaban noticias que traían los que venían del Valle, que en Guacoche existía un músico de extraordinarias cualidades, que decía que era mejor que yo. Ni corto ni perezoso le mandaba la contesta, a pesar que no lo conocía. Eso fue por la década del 30. Le hacía cantos, que él respondía. De igual manera le pasaba conmigo. Que en Patillal o Valledupar, siempre encontraba recaos groseros. En ese son, estuvimos como ocho años, hasta que por fín nos tropezamos en Urumita. Al final, Morales se fue de madrugada, evitando la contienda conmigo. Él dice que fue allá a hacerle una diligencia a su mamá Juana Herrera y que tenía que regresarse rápido. Ante su repentino viaje, decidí hacerle la pieza, “La Gota Fría”, por allá en 1938”.

Maestro Emiliano, ¿Por qué el nombre de “La Gota fría”?
“Desde muchacho, le escuchaba a las personas mayores, en especial a la vieja Sara decir, “ajuiciate porque te va a caé la Gota Fría”, ya que en Tunja había un panóptico que tenía un cuarto especial conocido como “La Gota Fría”, en donde eran recluidos los presos pelioneros o de alta peligrosidad. Este cuarto tenía una rendija en la parte superior, por la que penetraba una gota de agua, que le caía al preso en la mollera. Como él permanecía de pie, eso era un suplicio que la mayoría no aguantaba, es decir, que caían derrotados. Como Lorenzo salió huyendo para evitarme, entonces, se me ocurrió aplicarle eso que vivieron los presos. A mí la píqueria me ha llamado atención. Fíjese lo que viví con “Chico” Bolaños.

En 1950 sostuvo en la gallera de Villanueva, una con Abel Antonio Villa. Fue tan fuerte ese encuentro, que la disputa terminó en San Juan del Cesar, en casa de Arturo Molina. Él era un músico ofensivo y nos veía, a los que no habíamos grabado como músicos del montón. Llegó vestido de lino y empezó con su barra a ofenderme y a echarme versos. Recuerdo uno: “Yo soy el que pinta huellas, antes de poner el pie”. Pero de inmediato le respondí: “Yo soy el fuerte aguacero, que apaga la huella en la tierra”. Esto lo volvió malhumorado y trató de encararme, pero la oportuna intervención de varios amigos, evitó ese mal pasaje, por parte de Abel Antonio Villa. Al final, terminamos en un fuerte abrazo. Soy un musico que no le gusta el mal comportamiento con sus colegas, situación que le transmití a mis hijos y que por fortuna, ellos han sabido recoger.
Otra fue, la que trataron de armar los músicos Luís Enrique Martínez y Juancho Polo Valencia, al hacer unos cantos en donde me retaban. Pero no les hice parada. No por temor, sino porque sin motivo y sin razón no se debe hacer píqueria Si a esto le suma, las rabietas de mi hermano “Toño” Salas un músico bueno, pero que no sabe de chanzas. Para fregarle la vida, siempre le mandaba esto: “Cada quien toca en su puesto, mostrando su repertorio, que creo ese el arroyo, que no va a pasá mi hermano”.

Su fama se extendió por toda la provincia y todos querían conocerlo, entre ellos, Guillermo Buitrago Henríquez, un guitarrista y cantante de Cienaga, que tenía una fama y hacia programas en la radio. ¿Cómo se conoció con él?


“Él vino a Villanueva en 1945. Escuchó varios cantos míos y de otros músicos. Tenía una memoria prodigiosa. Todo lo grababa inmediatamente. Así se aprendió varias canciones y como en esa época no valía nada la música, las grabó y se coloco de autor. Él en realidad, era más intérprete, que compositor, igual que Abel Antonio Villa. Me tocó pelear para que esas canciones tuvieran el nombre de su verdadero autor, ya que él, la grabó como “Que criterio”, en vez de su nombre original y desconociendo mi autoría. Así hizo con varios compositores de ésta región, entre ellos, Rafael Enrique Daza compositor del “huerfanito”, entre otras cosas, un gran acordeonero”.

El escenario está invadido, por nuevos valores de la música vallenata, que han creado una nueva forma de sentir ésta música. ¿Qué opina de ellos?

“Esos muchachos pueden ser nietos míos. Lo que ellos hacen es diferente. A veces, no tiene ninguna relación con lo que nosotros y los anteriores a mí, construimos. Pero entiendo, que esa es su forma de ver y sentir a nuestra música. Es bueno, que los muchachos de hoy, no pierdan la esencia del vallenato. Por eso me gustó lo que hizo Carlos Vives, no solo con la obra mía, sino con los grandes compositores del vallenato. Lo que siempre he dicho, es que los buenos harán historia. Nosotros no somos moda”

Maestro, siempre se ha comentado su paso como concursante del Festival de la Leyenda Vallenata. ¿Qué pasó esa noche de la final?




“Llevé todo mi música, que había hecho en la sierra. Ya mis canciones tenían renombre en todos los pueblos. Era reconocido como acordeonero, a pesar de no haber grabado. Como compositor y verseador tenía un respeto en toda la provincia. Cuando nos invitaron a participar en el Festival Vallenato, me encontré con Luis Enrique Martínez, un acordeonero prodigioso. También venía Alejo Durán, Abel Antonio Villa, Lorenzo Morales y me llamó la atención, un acordeonero de Mariangola, llamado él, Ovidio Granados. Todas mis presentaciones fueron acogidas por el pueblo. Como no me dijeron que había que tocar nuevamente, me fui con “Poncho” Cotes, Alfonso Murgas, Andrés Becerra, al barrio las tablitas. Allí festejamos mi actuación. Eso era un triunfo seguro. Al cabo rato, me llegó buscando un taxista conocido como “me agacho”, quien me dijo, que si no me presentaba en el término de la distancia a la plaza, me iban a eliminar. Todos salimos para allá, con tan mala suerte, que al llegar ya estaba descalificao. Cogí un rabietón, pero no hubo poder humano, que les hiciera recapacitar en su decisión. Eso me dolió mucho. Porque no era la manera para sacarme del festival. Después con el tiempo, comprendí que esos son los concursos. Prometí no competir más nunca allí, pero que va, en 1972 participé y fue cuando se me murió en plena competencia mi cajero, el compadre Cirino Castilla”.

Los juglares de la música vallenata, son respetados por considerárseles, los gestores de todo este movimiento folclórico, que tiene un importante espacio en Colombia y varios países del mundo.


¿Qué piensa del reconocimiento que recibe su obra y sus hijos “Poncho” y Emiliano Zuleta Díaz?

“Cuando comencé, no pensé jamás que mi música iba a recorrer tantos caminos. Imagínese, “La Gota Fría” cantado por Julio Iglesias y Carlos Vives y Egidio Cuadrado, un muchacho de Villanueva. La Píqueria con mi compadre Morales, cuantos comentarios no ha generado. Fíjese que con mi actividad de músico, logré que muchos personajes que permanecían escondidos en la sierra, fueran escuchados. Ahora, les dejo unos hijos que son el emblema de la música vallenata. Y no es porque sean mis hijos, pero “Poncho” en su canto, con sus versos y canciones y Emilianito con su acordeón al pecho, también con sus canciones y como verseador, son extraordinarios. Ha sido una fortuna para mí, tener a unos hijos así. Grandes en la música. A esto súmele, a mi hijo Héctor quien falleció siendo un niño, pero que dejó una música exquisita, en el acordeón y en la composición, que no ha sido superada. A Mario y Fabio, quienes tienen su valor en la música. Soy un hombre que puede morir tranquilo, porque su música tiene quien la difunda, contrario a lo que ha ocurrido con mis colegas, que son muy grandes, pero su obra, no ha tenido continuidad. Tengo además, unos nietos que sienten la música y el canto, con gran calidad. Ahí está Iván, que anda con Diomedes Díaz, Andrés Alfonso, Héctor Arturo y Cabeto, que están estudiando, pero les gusta la música. Es que en los Zuleta, hasta las mujeres viven la música vallenata. Es decir, que me puedo ir, pero ahí les dejo a la Dinastía Zuleta, para que no me olviden”.

*Escritor-Periodista-Compositor y rey vallenato-Gestor cultural proponente para que el vallenato tenga una categoría dentro de los Premios Grammy Latinos

1 comentario:

  1. Felicitaciones muy enriquecedor el preservar la historia inedita de nuestros ancestros de la musica vallenata

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