domingo, 1 de agosto de 2010

Tiempos del Vallenato

*Felix Carrillo Hinojosa


“La Música Vallenata no puede ser una laguna sin salida”
Fercahino

La música vallenata hace parte del relato nacional, que los pueblos nuestros construyen, a manera de supervivencia, para que sus voces lleguen más allá de lo previsto, por los centros de poder. A través de él, se confunden clases sociales, razas, etnias y regiones, en donde sus experiencias cotidianas, en los duelos a versos o píquerias enfrentan culturas, dinamizan sueños que se confunden en triunfos y derrotas, que nos hacen al final, caer en cuenta que si nos miramos de frente y empezamos a resolver diferencias y acercarnos a través de ellas, logramos centrarnos de una vez por todas, en que la tarea a seguir no es el revanchismo irreconciliable que está volviendo a esa cultura musical en una aldea y más que eso, en una isla sin salida.
Dentro y fuera del imaginario Vallenato, es urgente y necesario, construir el respeto por las voces que han surgido, en los distintos tiempos que ha vivido nuestra música. Hecho que se evidencia de dos maneras. Una, por parte de los investigadores, “sabios” y “soberbios” conocedores que dictan sus cátedras, sientan tesis y no dejan títeres sin cabeza, ya que todo lo que tenga que ver con Vallenato, tiene que pasar por sus manos. Los otros, que sin tener conocimiento y hacer el deber de formarse medianamente en esa materia, dejan que los primeros le llenen las cabecitas de cucarachas y terminan endiosándolos. Ni lo uno ni lo otro es bueno, ya que los primeros de manera excluyente dicen, “esto si” y “esto no” es Vallenato, sin analizar la construcción del hombre nuestro en los distintos tiempos, social, cultural y políticamente, limitándose a mirar nada más, el producto y no su proceso constructor. Todo esto, ha generado una inmensa tormenta que hace, que los primeros se rasguen las vestiduras y alcen banderas de SOS, en contra de la labor que desarrolla la nueva generación, cuyas funciones están acordes con su tiempo. Y ahí, es donde la inteligencia y el sistemático proceso de apoderamiento, de la cultura musical y demás, se vislumbra como único mecanismo empotrado en la vestidura de “la verdad” de los primeros. Esta postura, permite desconocer que hace el otro y eso desde ya, plantea una discusión en torno al papel de los creadores, en cada uno de sus tiempos, con su forma y contenido y la de los “sabios pensadores” que se sitúan siempre, con contadas excepciones, por encima del creador. Gestando desde el mismo origen de su planteamiento, una visible expresión negativa, que cierra el paso de entrelazar las experiencias de unos y otros. Esto conduce a los segundos, a desarrollar un profundo silencio cómplice, que termina “endiosando” a los primeros.

Dentro del proceso proteccionista que lideran “los sabios pensadores” del Vallenato, hecho que les niega la posibilidad de estudiar, a las leyendas urbanas y citadinas de un folclor, que nació con los elementos más claros del feudalismo, se levantan a diseñar nombres y nuevos ritmos, para lo que está construyendo la nueva generación. Sin comprender estos, que la música vallenata desde su nacimiento, sustentó todos sus aportes en las rupturas que ha logrado proyectar, en los diferentes sitios nacionales y en otros, del orden mundial. Prueba de ello, es el surgimiento de Carlos Vives y Egidio Cuadrado con su grupo “la Provincia” que vistió de otros colores al ya exitoso repertorio de obras consagradas del Vallenato, situación que el único análisis que mereció por parte de ese reducido grupo de notables, fue que “atentaba contra las raíces y el valor de la cultura que los mismos cantos tenían”. “No podía ser, que un muchacho de finos rasgos y actor de televisión, dilapidara nuestra música de esa manera”. Pero eso sí, nuestra gente con lo novelera que es y en especial, “los sabios pensadores”, se sentaron y lo van a hacer cada vez que puedan, cuando se presente el Cantautor con su grupo en el Festival de la Leyenda vallenata o en otro sitio, en busca del consabido protagonismo. Pero los mismos, no miraron la recuperación de memoria, que vivieron esos cantos y sus creadores, al igual que la proyección universal de los mismos. Espantaron al intérprete, a seguir haciendo uso de la obra vallenata, porque además de ello, los cantantes nuestros vieron de mal gusto que éste interpretara Vallenato. Era una usurpación de música y región, hecho que no mereció tampoco análisis de los “sabio pensadores”, ya que Carlos Vives, Egidio Cuadrado, por citar dos nombres, son del Magdalena Grande, marco territorial donde nuestros aborígenes en unión con los africanos y europeos españoles y no españoles, entre ellos, los alemanes, franceses, italianos que junto a los asiáticos, entre otros, lograron construir unos ricos pasajes que entre zambaje y mestizaje, consolidan todo lo multiétnico y pluricultural que por fortuna tenemos. Es decir, tanto Carlos Vives como Egidio Cuadrado no lo recogen del suelo. Pero si este proceso, que trató de ser seguido por otros del Vallenato, caso Iván Villazón y Saúl Lallemand, que también fueron excomulgados sin derecho a explicación, por “los sabios pensadores”, lograron además, por dos años consecutivos, en representación de nuestra cultura músical, hecho que tampoco mereció comentarios por unos y otros, ser preseleccionado entre miles de productos discográficos, que llegan de tantos lugares del mundo, a los competidos Premios Grammy. Allí estos artistas nuestros, sin padrinos, confiados en un talento que poseen, enviaron sus productos “Desafío” y “ El Gallo Fino”, y la Academia Latina de la Grabación en una postura transparente, coincidieron que esos trabajos merecían competir entre los de su género. Pero eso, no importó y no fue de muy buen recibo, por parte de ese grupo de notables, el que estos artistas se abrieran a buscar nuevas rutas para el Vallenato, situación continuada por “El Binomio de Oro de América”,“ Las Estrellas Vallenatas”, “ Vetto Galvez”, entre otros, como tampoco que se solicitara, después de haber obtenido tres Grammy en manos de Carlos Vives y Egidio Cuadrado y su Provincia, la consecución de una “Categoría” para la Música Vallenata como si esto, se tratara de un trueque, en donde los petrodólares hacen su agosto.

Sería como negar lo significativo que ha sido, el que un Francisco “ Chico” Bolaños Marshall en un verdadero arranque revolucionario, sin disparar un fusil, le introdujera a la música vallenata, “ el Golpe de bajo” o que junto a Tomás Gregorio Hinojosa Mendoza y Eusebio Ayala llevaran “El Acordeón” a la zona bananera, donde fueron trabajadores y encontraron que allí, solo reinaban los instrumentos musicales como El Violín, Armonio, Piano y la Guitarra, usados para las fiestas exclusivas de los dueños de las grandes empresas del banano.
Pero vayamos más reciente. El grande Luis Enrique Martínez Argote, ¿qué no construyó, a través de su mente y sus dedos posados en su acordeón?. Nada menos, que “un estilo”, que se regó en genios de ese instrumento. Como negarle a Alfredo Gutiérrez, lo vital que ha sido para nuestra cultura musical. O un Gilberto Alejandro Durán Díaz. Es como decir, que un Calixto Ochoa, Lisandro Mesa, Andrés Gregorio Landero Guerra, Ramón Vargas, Nicolás Elías Mendoza Daza, Emiliano Zuleta Díaz, Israel Romero Ospino, Juan Rois Zúñiga y Omar Géles Suárez, junto a tantos valores ejecutantes de ese instrumento, no han ayudado a crear los elementos determinates y posicionar, el Acordeón, la Caja y Guacharaca, instrumentos proletarios, gestando así el mayor estatus social para la música vallenata, que le ha permitido hoy día, a la nueva generación, con un entorno diferente y rodeado de variados elementos tecnológicos y capitalistas a la mano, sumado a una globalización que impone otro ritmo, toda la mayor masificación posible, que música en Colombia haya obtenido.

Hoy de verdad, se vislumbra un verdadero posicionamiento de una “escuela vallenata”, tras la tesonera labor de Andrés Gil Torres, en donde el aprendizaje de Solfeo, armonía y demás elementos académicos, producto de un trabajo anterior, sustentado por la aparición en nuestra provincia del maestro Antonio María Peñalosa, que le permiten a la nueva generación de niños, niñas y jóvenes, conocer las notas musicales y llevarlas a un instrumento tan esquivo como es “El Acordeón”. Pero si éste instrumento proletario, logró su espacio social, no lo es menos, la labor desarrollada por la fuerza narrativa de nuestros creadores y los colores que tantas voces pudieron exponer. Esa suma de creación y voz, consolidó el movimiento que necesitaba la “Gran Provincia” para ser reconocida nacional e internacionalmente. Esto permitió un gran salto social. Ya el conjunto musical nuestro no es puesto en un rincón junto a unas botellas de ron blanco, ñeque o chirrinche o ser utilizado por los gamonales de turno, sin pago alguno. Sus derechos morales y patrimoniales son reivindicados. Hoy, es una profesión que demanda respeto y reconocimiento.




Así como los creadores e intérpretes vallenatos han ido paralelo a los diferentes procesos, que el mecenazgo o los nuevos ordenes económicos globalizados, entre ellos, “El Narcotráfico” que le han impuesto nuevas estrategias comerciales y que “le robó la inocencia a nuestra música”, es necesario presentar los elementos que contaminan ese proceso creativo y que merece, un mejor tratamiento por todos los involucrados en este movimiento cultural, en busca de posibles soluciones conjuntas, sin necesidad que la orden venga de “los sabios pensadores”. Esto es un problema de todos y por lo tanto, es hora que en un gran foro se escuchan las voces de unos y otros. Porque para nadie es un secreto, que nuestra familia artística vallenata es frágil como lo es Colombia, en el degradante mundo del “consumo”, que conlleva a una urgente posición de los gobiernos departamentales de la Guajira y el Cesar y todos sus municipios, epicentro de ese Folclor y su música, para que a través de convenios, empiecen a desarrollar actividades educativos, para controlar ese flagelo, que si dejamos que crezca, se volverá incontrolable y minimizará, todas las conquistas logradas por nuestros valores artísticos. Es de anotar, que no toda la familia vallenata transita por este túnel sin salida. De igual manera, es rescatable como la nueva generación, mirando anteriores espejos, plantea mejores ejemplos.
No está demás, volver dinámica y respetuosa, la discusión frente a las Casas Disqueras, quienes han cumplido un papel productor y consolidador de una industria musical, que si bien es cierto le ha generado grandes ganancias, no lo es menos el hecho que Creadores e intérpretes se han beneficiado de esa acción comercial. Es cierto y comparto, la queja de los creadores e intérpretes, que el sector editorial y casas disqueras deben de manera conjunta, reelaborar junto a los creadores, un mejor contrato que reivindique la acción del autor, compositor e intérprete, como también, que estos últimos deben replantear su lenguaje, porque de todos es conocido, que siempre sus voces no le reconocen elementos buenos a los primeros, máxime que las nuevas tecnologías y fenómenos como “La Piratería”, implican un mayor conocimiento, de las partes involucradas en este proceso cultural.


Ese eterno enfrentamiento entre lo rural y lo urbano, que es expuesto a través de los variados estilos, que se vislumbra en cada uno de los creadores e intérpretes, permite dentro de la discusión que siempre abordan “los sabios pensadores”, en donde encontramos aseveraciones como “una ausencia del Vallenato”, “ producir un quinto ritmo”, “ La Lírica es a partir de ”, “que en la nueva generación no hay vallenato”, situación que se cae de su peso, porque ellos de manera estacionaria señalan “donde comienza y termina el Vallenato”, sin que su retórica argumentativa no sea más que, la perdida de protagonismo de los mismos, frente a los intérpretes jóvenes. Sin meditar siquiera, que “la lírica” como vocación creadora ha estado presente en el Paseo, Son, Merengue y con poca aparición en la Puya. Es más, nuestros diferentes cruces étnicos son portadores de ella, pese a su grado de oralidad, en ausencia de la escritura. Porque las fusiones y anexos instrumentales a la música vallenata, es tan vieja como lo son hoy, nuestras glorias juglarescas. Es decir, que nuestro valor hoy juglar, por su obra en el tiempo y espacio, cuando salió de su entorno, con un Acordeoncito de uno o dos teclados o una violina y llegó a un medio como Barranquilla y Cartagena, pioneras de la grabación, en donde fueron acondicionado en unas casas o radio teatros, para que elementos distintos al Acordeón, Caja y Guacharaca, se sumaran a todo lo que tiene que ver con una grabación: Bajo, tumbadora, cencerro, coros y tiempo de exposición de la obra en la grabación, que le dan al hoy juglar, una postura moderna. Si esa ruptura se dio hace más de medio siglo, por qué no analizamos mejor y en detenimiento, lo que está pasando con una nueva generación que ha hecho grandes conquistas, entre ellas: “Urbanizar a Colombia” con una música conocida como Vallenato.

Esto nos implica de entrada, decir que “ Una de las mejores maneras de no dejar que lo clásico y moderno muera, es proyectar y apoyar a los valores postmodernos del vallenato, para que sigan cantando con su espíritu renovador y acorde con su tiempo, las nuevas formas de esta música”, porque cada vez que se escuchen a los nuevos valores, el naciente amante del vallenato querrá conocer de donde nace nuestra música, sus protagonistas y de hecho, “los sabios pensadores” deberán hacerlo, de lo contrario su pensamiento será estacionario como su palabra. Por lo tanto, los invito a que “Dejemos cantar a los nuevos creadores e intérpretes Vallenatos, con la libertad que tiene el pájaro en las montañas, que lo hace bien y no cobra”. Es más, que interesante sería lograr en consenso, algo que debe ser una premisa: “una música que no canta su tiempo desaparece” Fercahino


*Escritor, Periodista, Compositor y Rey Vallenato, Gestor Cultural proponente para que el Vallenato y la cumbia tenga una categoría dentro de los Premios Grammy Latinos.

1 comentario:

  1. Me gusta su postura, sin sesgos regionalistas como debe ser. Reconoce algo fundamental que casi siempre se olvida y es que los cambios en la cultura musical son inevitables cuando hay cambios en el contexto económico que es el que determina, en esencia, los rumbos de la cultura, de la música y de las preferencias de los consumidores del vallenato. Lo invito a leer el artículo "Diversidad y riqueza de estilos en la música vallenata del Caribe colombiano" en este link: http://musicaribecol.blogspot.com.co/2016/02/diversidad-y-riqueza-de-estilos-en-la.html

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