sábado, 3 de julio de 2010

¿“Qué les pasa”?

“Que la defensa de la tradición de un pueblo No sea la plataforma insultante hacia otros” Fercahino


*Félix Carrillo Hinojosa

Se ha vuelto una constante en la cultura sabanera, señalar a la música vallenata como la responsable del ostracismo, en que se debate la rica música que ellos tienen y que otrora vivió su boom del que quedan sólidas muestras, que las nuevas generaciones para su infortunio, no han podido superar. Bajo esa equivocada visión, vemos como personas que tienen una formación intelectual, más no de investigación sobre el vallenato, toman como caballito de batalla lo que hasta el momento ha hecho nuestra expresión folclórica y como referente especial, el Festival de la Leyenda Vallenata. En esa estéril labor pero que hace daño, encontramos al filósofo Numa Gil Olivera, al compositor Adolfo Pacheco Anillo y al periodista Arminio Mestra Osorio, quienes no pierden oportunidad alguna, para emitir unos juicios en la que ellos creen ser portadores de la verdad sobre el tema vallenato, pero que en el fondo, la lectura que dejan entrever va más llena de resentimiento y de muchas falencias que ellos tienen, que solo conlleva a reducir ese espacio que su propia cultura tiene. Uno de sus primeros argumentos equivocados, se manifiesta cuando toman el ritmo de la cumbia, por encima de todos los que nacen en el caribe colombiano y dicen de manera tajante e irresponsable que: el vallenato en su parte rítmica nace de ahí. Tamaño error el de ellos y ante todo, cuando le hacen creer a la opinión pública, que nosotros para ser lo que somos, necesitamos de la bendición rítmica y conceptual de la cumbia, tesis que se cae de su propio peso y que de seguirla esgrimiendo, sería como quitarle la autonomía folclórica, a cada uno de los pueblos de Colombia. Peor aún, cuando los mencionados personajes van de foro en foro, exponiendo criterios que la mayoría de los asistentes terminan por creer y que en aras de la verdad, no son formales y mucho menos reales como es el caso a lo atinente a la participación de valores como Andrés Landero, Alfredo Gutiérrez, Adolfo Pacheco, Ramón Vargas, Felipe Paternina dentro del Festival de la Leyenda Vallenata. Todos sus argumentos se reducen a lo siguiente: que Consuelo AraújoNoguera persiguió al músico Alfredo Gutiérrez Vital. Que el relato musical de Andrés Landero, Lisandro Mesa, Ramón Vargas y Felipe Paternina no fueron tenidos en cuenta dentro de ese evento, porque eran sabaneros. Ninguna de las aseveraciones expuestas por Numa Gil Olivera, Adolfo Pacheco Anillo y Arminio Mestra Osorio tiene un medio asomo a la verdad. Que interesante sería, que ellos recurrieran y escudriñaran los hechos y los pusieran en una alfombra transparente, para que se cuenten lo que ocurrió en los años en que participaron dentro de nuestro evento folclórico. Se le olvida a los quejosos y ante todo a los participantes, hacerse una autocrítica, poco usual en su medio. Cuando ellos participaron y en especial, Andrés Landero y Alfredo Gutiérrez, sus falencias estaban amparados en el desconocimiento que hacia el ritmo de la puya tenían. Siempre que les correspondía ejecutarla, terminaban tocando un “fandango”, un ritmo propio de la región sabanera, en remplazo de nuestro ritmo exigido en el festival de la leyenda vallenata.






Ellos creían, que porque tenían un reconocimiento en el disco y eran exitosos, podían burlar los reglamentos que al interior tiene ese evento. Lo otro y que es lo más determinante en esta diatriba folclórica, corresponde que a ellos, les tocó enfrentarse a dos colosales músicos de nuestra gran provincia vallenata: Nicolás Mendoza y Miguel López.
No deja de sorprender los pobres pero respetados argumentos que esgrimen Gil, Pacheco y Mestra, quienes frente a esas dos derrotas que sufrieron sus apoderados y de las que todavía se lamentan, han llegado a la desatinada consideración, que es más un descrédito hacia los ganadores, personas cuyas páginas sirven de estandartes en la defensa y propagación de la música vallenata, en donde no se cansan de vociferar, que la labor de sus músicos es superior a la de nuestros, porque ellos tocan cumbia, acción temeraria por demás, ya que nuestro Festival está amparado rítmicamente en el paseo, son, merengue y puya, que son la base del vallenato y que ha llevado a personajes como Nicolás Mendoza Daza y Miguel López Gutiérrez a ser lo que son: unos iconos musicales. Olvida Alfredo Gutiérrez Vital decir, que para poder ganar en Valledupar tuvo que pasar una larga y buena temporada en la Paz-Cesar, en donde aprendió de la sabia que los Hermanos López, sus primos hermanos, le podían suministrar que es la misma raíz de su padre. Se niega Adolfo Pacheco Anillo, contar la verdad, sobre su aparición en el Festival Vallenato, en donde estuvo como concursante en 1973 como guacharaquero y compositor al lado de Ramón Vargas. En esa ocasión, también se les puso el barro duro y esta vez, el tropiezo no fue Consuelo AraújoNoguera o la malquerencia de un jurado amañado como siempre aducen. No. No fue así como ellos dicen. Fue el influjo musical del más grande del acordeón, Luís Enrique Martínez Argote y del sin igual compositor Armando Darío Zabaleta Guevara, quienes lo derrotaron a punta de acordeón y con el paseo “No vuelvo a Patillal”, en el que su “Fuente Vallenata” no le aguantó el arranque. El tiempo, juez de todo, nos da la razón y ha logrado poner todo en el sitio que corresponde. Será que Alfredo Gutiérrez, Andrés Landero, Ramón Vargas, Felipe Paternina y Lisandro Mesa son mejores acordeoneros que Luís Enrique Martínez, “Colacho” Mendoza, Miguel López y Emilianito Zuleta Díaz, por citar esos cuatro músicos. Será que Adolfo Pacheco Anillo es mejor compositor que Leandro Díaz y Armando Zabaleta.
Pero la osadía de Gil Olivera y Mestra Osorio va más allá de su propia realidad cultural, cuando propagan a los cuatro vientos, sin que ello haya tenido eco, solo en el ego desbordado de Adolfo Pacheco Anillo, que su obra “El Viejo Miguel” es el mejor merengue de la música vallenata. Otro desatino de los quejosos, quienes sin investigar pasan de manera olímpica, por encima de la tradición merenguera que han tenido nuestros juglares. ¿Esa es la manera de defender sus raíces?. No creo, porque mientras ellos tratan de pelear de mala manera y de ganar un espacio al interior del vallenato, uno como compositor y los otros como investigadores, la música de ellos se muere porque no tiene dolientes. Porque nuestra música vallenata, así como lo hizo por los años 30, 40 y 50, en que a través de procesos migratorios le llevaron y le enseñaron a los sabaneros, que había en una provincia desconocidas por ellos, no tenían por qué saberlo, una música que hoy se tomó a Colombia y sirve de referente especial para nuestra nación folclórica y se pasea triunfante en toda la sabana, sin que los grandes dirigentes culturales de allá, hagan grandes conquistas en torno a la defensa de esa bonita música que tienen. No olvide Numa Gil, Adolfo Pacheco y Arminio Mestra, que si no hubiese sido por ese proceso migratorio, el acordeón no tuviera en su tierra el protagonismo que tiene y es más, no echen en el oscurantismo folclórico que tratan de imponer, la labor de Alfredo Enrique Gutiérrez Acosta e Isaías Guerra, padres de Alfredo Gutiérrez y Andrés Landero, músicos nacidos en las entrañas de nuestra provincia, quienes llegaron allá tocando acordeón y caja, para dejar dos semillas que tienen nuestra sangre.



No es bueno por parte de Numa Gil, Adolfo Pacheco y Arminio Mestra, quienes por no tener el conocimiento natural que da el haber nacido en nuestra provincia, sumado a que no han hecho una investigación seria sobre el vallenato, emitan juicios ligeros y sin ninguna base científica, muchos menos folclórico, amparados en la burda manía del resentimiento. Cuanto me alegraría, que retomaran las sendas de la lucha por su música, que la sentimos hermanadas con la nuestra y que está tirada en un orfanato, sin quienes la visiten y le lleven una voz de esperanza. Me duele, que sus antepasados le pegaron a la metáfora y ustedes no hayan podido continuar todo ese rico legado. Nosotros por acá, en esta inmensa provincia, luchamos contra muchos fantasmas que tratan de hacerle daño a nuestra música vallenata. Somos conscientes y tratamos de hacerle ver, a los medios y a críticos mediáticos, que nuestra música vallenata es antes y después de la llegada del acordeón y que la misma, no es producto de una moda, festivales, narcotráfico, paramilitares, delincuencia común, elítes de donde provengan, casas disqueras y todos esos valores agregados, que se suman a una música local como la nuestra, la cual se levanta orgullosa más no ensimismada de su imaginario, que tiene su lenguaje, medios y estrategias, en donde muchos ghettos se hacen visibles en Colombia y el extranjero como una de nuestras grandes fortalezas, que nos permite hacer de manera constante un serio reconocimiento del otro, ante un mundo globalizado que con sus mecanismos trata de contaminarnos.

*Periodista-Escritor-Compositor y Gestor cultural proponente
para que el vallenato hoy día, tenga una categoría dentro de los Premios Grammy Latinos.

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