martes, 10 de agosto de 2010

NICOLÁS MENDOZA DAZA

TODO UN SEÑOR VALLENATO ”
Por: Félix Carrillo Hinojosa





“ Soy un hombre de pocas palabras,el acordeón habla por mí ” “ Colacho”
En 1957 llegó a Valledupar. Venía de un pueblo guajiro conocido como Caracolí Sabanas de Manuela, corregimiento de San Juan del Cesar, donde nació el 15 de Abril de 1935. Allí vivió su infancia cubierta de música, por parte de su padre Julio Mendoza Mejía y su hermano mayor Emiliano Mendoza Daza, quien falleció prematuramente. Al lado de su madre Juana Bautista y sus hermanos Andrés, “Barón”, Rita y Rosa salió en el 48 para la Jagua del Pedregal donde capoteó su adolescencia. Allí veía a su padre ejercer la actividad de técnico de Acordeón, al tiempo que desarrollaba su personalidad callada, tímida y humilde. Esto lo hizo refugiarse en las notas de su acordeón de dos teclados, que le regaló su padre y que cayó seducido por sus dedos gigantes, que servían de puente para entrelazar la música criolla y los más expresivos acordes modernos. Esto generó en el joven de escasos 17 años, la fortaleza necesaria para buscar nuevas rutas. Codazzi, Fundación y Patillal, fueron los primeros lugares que vieron su imagen menudita. Pero es la hoy, “Capital Mundial del Vallenato”, su sitio de mayor consolidación, donde llegó para quedarse. El hogar de don Roberto Pavajeau y doña Rita Molina, padres de Darío y “El Turco”, le dieron la bienvenida. En ella se estacionó y empezó a cubrirla de música, mientras desempeñaba las funciones de chofer, del ya reconocido creador Rafael Calixto Escalona Martínez, en donde la música del mismo, creció y se extendió en los distintos rincones de la provincia, la voz y la música de
“ Colacho”, se levantaba como el más reconfortante regalo identificador, de una cultura musical que tomaba vuelo y empezaba a desplazar a otros foráneos géneros musicales.
No era raro verlo al lado de Simón Herrera en la Caja, la guacharaca y el canto de “Tijito” Carrillo enfrentándose al más versado ejecutante del acordeón en “el Café la bolsa”, en la parranda de la elite vallenata o en el barrio más humilde. Cuando estos dejaron de acompañarlo, la presencia del hoy legendario Rodolfo Castilla Polo, se hizo insustituible junto a la guacharaca de Adán Montero. Este trío musical logró nueve años más tarde, volver posible el sueño de independencia que atesoraban tantos Valduparenses y Migrantes. Porque a nadie debe extrañar, que desde sus inicios, la música vallenata se dedicó a abrir puertas donde era imposible entrar. Si bien es cierto que el verbo de tantos hombres y mujeres acuñaban la esperanza de lograr en derecho ese propósito, no lo es menos fundamental, que el Acordeón y la voz de Nicolás Elías Mendoza Daza se fundieron en un solo coro, mientras el rebruje de la caja de Castilla Polo se entrelazaba en un círculo armónico con el repicar de la guacharaca de Adán Montero. Al tiempo que, los versos de Escalona que como una radiografía, dibujaban lo más íntimo de la provincia, envuelta en personajes alegóricos que se parecían a los sitios y lenguajes populares, que identificaron a una ciudad como epicentro del folclor y el nacimiento de un departamento, como lo más pujante en el área caribeña, que tienen en su cultura musical, uno de sus mayores valores agregados.



Pero “ Colacho” el hombre, conjugaba como músico otras virtudes. Su personalidad fuerte y de una sola palabra, se soltó del cascaron proteccionista de Escalona y empezó a regar su música por todas partes. No tenía necesidad, de dejar de cantar la obra de su más admirado creador. Todo lo contrario. Para “ Colacho” no era fundamental tener a Escalona susurrándole al oído sus misteriosas melodías. Él, se las sabías toditas y en más de una ocasión, le recordaba versos que éste olvidaba.
Fue tanta la ocupación del gran acordeonero, que ya no se le veía en Valledupar. Unas veces, le correspondió estar metido en los estudios de grabación para dejar en su voz o la de Isaac Carrillo Vega, en el sello Carrizal, las obras que hoy gozan de un respeto y admiración. Las otras, acompañando a Escalona en sus largas y grandes correrías, que si no eran con el Ministro, el Presidente, el Embajador, se confundían con la serenata a la mujer amada, no importaba su edad, posición social o lugar. Al final, a Escalona eso poco le importó. A “ Colacho” si que menos. Él con tal de estar cerca a su admirado compositor y amigo, las horas se volvían días, estos meses y los años, caían envuelto en una alcahuetería musical, que dejó a más de un corazón destrozado como también unas inmensas trochas urbanizadoras, de las que hoy se recogen grandes resultados.
Pero al andariego músico, le llegó el momento justo, que durante mucho tiempo buscó, para derrotar su soledad afectiva. Fue una morena, de ojos vivos y caminar alegre, que sonsacó al esquivo “ Colacho” y lo llevó al altar un 25 de agosto de 1961. Fanny Zuleta logró cubrir de amor la vida del acordeonero. Fue tanto el impacto en la vida de sus amigos y en especial, la de Escalona que éste, ante la inminente decisión, no tuvo más remedio que musicalizar en ritmo de merengue, “ El Matrimonio de Colacho”. “ Entristecido quedó Escalona porque Fanny se lleva a “Colacho” mírenla vestía de blanco con su velo y su corona

Esto no fue impedimento para que el amor de “Colacho”, se regara en distintas mujeres y quedaran siete hijos, que tienen el vivo reflejo de una excelente persona y gran acordeonero.Después vino para el cantor, acordeonero, compositor y versificador Nicolás Elías Mendoza Daza, una continua conquista de éxitos. Rey del Festival de la Leyenda Vallenata en la categoría profesional, acompañado en la Caja por Rodolfo Castilla Polo y en la Guacharaca, Adán Montero. Esa noche de abril de 1969, “El hombre del sombrerito” como graciosamente se hacía llamar, les demostró a todos, pese al montaje de un reducido sector asistente a la plaza Alfonso López, que trató de abuchear su presentación, que “ Colacho” no era ni fue, producto de la elite vallenata, de unos organizadores sectarios o de un jurado amañado. Porque en honor a la verdad, el teclado de su acordeón cayó vencido por el vendaval de notas, que solo un grande como él pudo exponer. Esa noche, los cuatros aires nuestros se desgranaban en un vaivén melódico confundidos en un solo de caja, guacharaca y acordeón.
Pero eso no quedó ahí. Su voz hizo un paro y se dedicó a musicalizar, el sentir de tantas voces grandes de nuestra música. Con todos ellos salió triunfador. Caso único en la historia del Folclor vallenato, que un Acordeonero que viene de triunfar como rey vallenato y da el salto justo, para armonizar con otras voces. Él, logró conectar de manera armoniosa, todo lo que había conquistado a través del tiempo, para que en conjunto, con esos variados colores del canto vallenato, le pueda presentar a nuestro continente, pese a no estar físicamente, una importante hoja de vida al servicio de nuestra cultura musical.
Y así era “ Colacho”. Un hombre serio, que no se dejó trastocar por el éxito y otras formas económicas, que desestabilizaron al artista vallenato. Su vida era amplia y dedicada al servicio de su actividad artística, sin egoísmo, uno de los males que ayuda a construir toda esa confrontación fraticida, que en nuestro medio se levanta como un muro, que minimiza la salida a toda actividad humana. Después de grabar con Alberto Fernández Mindiola y Pedro García Díaz y a pesar de ser rey vallenato en 1969, invitó a un nuevo cantante de 20 años en ese entonces, Tomás Alfonso Zuleta Díaz, quien acababa de ser rey aficionado en 1969, con su hermano Emiliano Alcides Zuleta Díaz, para que compartiera el set de grabación, con seis canciones que perfilaron una nueva voz para el folclor vallenato. Después llegaron otras inmensamente grandes como Jorge Oñate, Diomedes Díaz, Silvio Brito, Carlos Lleras Araujo, Ivo Díaz y Rafael Santos Díaz, quienes consideraron la ejecución del Acordeonero, en el nivel justo como lo saben hacer “Los Maestros”, hecho que se ratificó al conquistar el Rey de Reyes en 1987 al lado de Pablo López y Virgilio Barrera, ejecutantes clásicos de la Caja y Guacharaca y que envolvió al Acordeonero, en unas nubes musicales que lo convirtieron en “leyenda” viva de la música colombiana. Esta cima fue superior a los comentarios, que siempre trataron de restarle a su grandeza de artista.
Nos quedan, tantos recuerdos almacenados en el baúl sentimental, que todos tenemos guardo en la mejor parte de nuestra vida, que cada vez que nos toquen el potecito de la nostalgia, se abrirán nuevos párrafos en la que necesariamente el nombre de Nicolás Elías Mendoza Daza ocupará página especial.
No se le haga extraño amigo lector, si alguien que usted no sabe quien es, que viene de un lugar lejano o cercano, le musite cerca de su oreja como quien cuenta una pena, un verso de Ivo Díaz: “ Quién es el que toca bonito ” “ COLACHO ”........ Siempre........... “ COLACHO ”

*Escritor, Periodista, Compositor y Rey Vallenato, Gestor Cultural proponente para que el Vallenato y la cumbia tenga una categoría dentro de los Premios Grammy Latinos.

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