domingo, 11 de julio de 2010

Los hijos de los famosos

“¿Una generación pérdida?”


“Nada es igual al pasado” Fercahino





Por: *Félix Carrillo Hinojosa


Con muy contadas excepciones, dentro de nuestra música vallenata, se ha logrado repetir o continuar las grandes conquistas culturales de nuestros juglares por parte de sus hijos. Ese no reforzamiento musical, pese a no consolidar procesos y generar unos cortos circuitos, lo que ha llevado al final de todo, es a consolidar la labor de esos patrones culturales que siguen de pie, pese al embate del tiempo. Con excepción de lo vivido por Emiliano Zuleta Baquero, ninguno de los hijos de los músicos de su generación o anterior a él, han tenido la calidad artística para reafirmar lo hecho por esos juglares y abrirse con su propio sello a construir nuevos espacios y dejar relatos que contribuyan a que esta expresión musical gane los mejores comentarios. Esta es la historia, que pueden contar los hijos de Zuleta Baquero con Carmen Díaz, quienes hechos del verso serrano de nuestra gran provincia, se levantan como la mayor reserva musical de nuestra tierra. Por qué los hijos de esos grandes valores de la música vallenata, no han podido acercarse a la cuota inicial de la gloria de ellos. Son varios los factores que han incidido, en esa tarea que muchos han pretendido acometer y les ha sido imposible llevar a cabo. Una de ellas, es que la calidad de sus antecesores es demasiada, lo que le cierra el paso a esos hijos que tratan de aportar, pero su calidad está en entre dicho, frente a la de sus padres. Lo otro es, en donde más se han equivocado, cuando ellos pretenden emular con su voz y su ejecución lo que hicieron sus padres, sin sentarse a pensar que, el vallenato es una música cerrada, fuerte y que poco o nada admite, las copias de colores de voz o de ejecución parecida. Todas esas expresiones que esos hijos construyen tienen corta vida, ya que se estrellan con esa muralla de lo hecho por sus padres. Muchos directores artísticos y ante todo, los hijos de los famosos músicos vallenatos, han caído en la trampa de querer plegarse a lo hecho por sus padres, sin darse cuenta que esa labor fue un hecho histórico irrepetible y que tratar de seguirlos o copiarlos, en vez de sumar lo que hace es cerrarles el paso a tantos sueños a una generación, que en la mayoría de los casos, no sabe para donde va. A veces uno escucha, “Rafael Santos, Héctor Arturo, Jorge Luís, Adaníes de Jesús, Silvio, Iván David cantan igualitico a Diomedes Díaz, Poncho Zuleta, Jorge Oñate, Adaníes Díaz, Silvio Brito e Iván Villazón, por citar un ejemplo. Esto en vez de construir, lo que ha hecho es frenar lo que esos muchachos pueden dar en sus aspiraciones, que no deben ser las de emular a sus padres, hecho que jamás se dará, sino de crear su propio estilo y dejar un buen aporte. Caso contrario, es el que ha ocurrido con kaleth Morales y Silvestre Dangond, quienes con relación a sus padres Miguel y William, han sido relevante, ya que sin parecerse en nada, con la voz de sus padres, ha podido situarse como unos abanderados, de una nueva forma de mostrar a la música vallenata. Este hecho de seguir no es malo, mucho menos, es el núcleo del problema, tampoco es nuevo en nuestro medio artístico. Si miramos el cuerpo musical de lo construido por Emiliano Zuleta Díaz, encontramos que en su estilo hay algo de su papá Emiliano, Luís Enrique Martínez, “Colacho” Mendoza, Ovidio Granados y otras tantas rutinas expuestas por muchos juglares, pero él pudo construir su propio sello musical, “Emilianito se parece es a él”. Cuando se logra dar ese salto, se puede decir que es un artista consumado, de lo contrario, es un mal remedo frente a esa cantidad de influencias que se tiene. Construir una identidad no es fácil, mantenerla mucho menos, pero lo que si es real frente a nuestros cantores y acordeoneros del ayer y de hoy, es que quienes logren consolidar de buena manera lo hecho por sus padres, son los llamados a liderar nuestras manifestaciones artísticas. Por eso, en nuestra música vallenata como en otras expresiones, habrá intérpretes y creadores.


Los primeros copiarán casi que de manera exacta lo hecho por sus antecesores pero no harán nada distinto a lo creado, mientras que los segundos, tienen todo a su favor y gozarán del buen comentario que, pudieron transformar lo hecho y crear nuevas visiones, que enriquecen el rumbo de cualquier muestra cultural. En qué puesto quedaría, esta nueva generación vallenata que tenemos. Qué podemos rescatar de lo que se ha hecho en este nuevo milenio. Son serios interrogantes que llevarán entre pecho y espalda esta nueva generación vallenata que apenas se asoma a la realidad de lo que puede ser. Es una generación que no aguanta un profundo análisis, por varias razones, entre ellas, la fundamental y es que, un movimiento que apenas comienzan a recorrer caminos no puede ser arrinconada por la buena o mala crítica, sin embargo, no debe escapar a lo que ella produce, cualquier asomo de una bien o mal intencionada expresión. Sin lugar a dudas, esta nueva generación en el tema del acordeón, salvo el aporte de Juan Roís e Israel Romero, son más intérpretes que creadores y en lo que respecta a la composición, a través de relevantes obras, entre ellas, “los caminos de la vida”, “”Ahí vas paloma”, “Vivo en el limbo”, “Orgullosa”, “Al final del sendero”, de los compositores Omar Geles, José Alfonso Maestre Molina, Fabián Corrales, Luis Egurrola, por citar algunas, son más creadores en serie de obras, que conducen más a la exaltación de una mala mercancía, que a verdaderos gestores comprometidos con la causa vallenata. El monotemático accionar del creador actual, le cierra cada vez más el paso, a lograr que su obra se quede en la memoria colectiva como un buen aporte. Esto sin decir que, antes y ahora hubo y habrá buenos y malos intérpretes y compositores. Pero qué hacer ante la aparición de nuevas tecnologías y ante todo, de la confirmación que estamos ante la industrialización de nuestra música vallenata, hecho que no lo detiene ninguna postura ortodoxa. Por eso es bueno y ante todo saludable, sin perderle el camino a lo que hacen, dejar que esta nueva generación, en la que creo, construya sus propias pistas de vuelo y aterrizaje, para lo que necesitarán de la reformulación de nuevos lenguajes y propuestas de mezclas de ritmos, sin que ello implique, la pérdida de ese espíritu que tiene el vallenato. Cuando ello ocurra, es decir, la usencia del espíritu vallenato, no habrá vestigios de esa música que nos dejaron nuestros bisabuelos, abuelos y padres y nos tocará como cualquier provinciano más, remitirnos a la evocación nostálgica de ese pasado glorioso que tiene el Vallenato. Otro aspecto positivo y que es rescatable de lo hecho hasta ahora, por la nueva generación vallenata, es que cada vez que se hable de Jorge Celedón, Jean Carlos Centeno, Silvestre Dangond, Peter Manjarres, Alex Manga, Juan Mario de la Espriella, Jimmy Zambrano, Sergio Luís Rodríguez, en cuanto al tema de la interpretación y a Omar Geles, Jorge Mario Gutiérrez, Richard Daza, Wilfran Castillo, Alberto Mercado en lo que respecta a la composición, por citar algunos, llevan a quien conozcan por primera vez sobre éste género musical, quienes y dónde están los que le antecedieron y a los que conocen de sobra por razones de habito o investigación, a comprobar que esa fuerza narrativa del vallenato que construyeron nuestros campesinos y que tenía bien resguardada la gran provincia como su gran fortaleza, pese a todos los aires de modernidad y posmodernidad que trata de golpear para bien o para mal a nuestra música, siempre tendrá un dejo inquebrantable que por mucho que trate de irse y perderse en el raro mundo de lo citadino, estará presente en el alma rural que seguir firme como un cañaguate frondoso y florido que en verano e invierno no deja de ser lo que es.


Pero si todo ello es cierto, no lo es menos, lo que le ha tocado padecer a esta nueva generación, aparte de la bulla ruidosa de la mal encarada fama. Y es la droga, que cuando toca a los ya consagrados artistas nuestros, ya eran lo que hoy día son. Por eso, salvo una o dos excepciones, no fueron derrotados por ese flagelo del narcotráfico que con sus tentáculos, trata desde varios frentes, mostrarle sus garras a estos nuevos muchachos. Sumado al problema de la construcción de una identidad, que muy pocos han logrado fortalecer, aparece la droga que toca sin miramiento alguno, la puerta de todos los estratos y arrincona desde la elite hasta el grado más bajo de la lumpen, por lo que urge en los departamentos del Cesar, Guajira y Magdalena, que no debe ser menos en otros departamentos del Caribe Colombiano, serias políticas sobre la salud pública que redireccione los caminos de la salud mental de sus habitantes. La nueva generación tiene que construir buenos ejemplos, en la que prime más el prestigio que la fama. Lo hedónico no puede estar por encima de la vida como si este fuera, una expresión única y privilegiada. La nueva generación tiene que organizar cada uno de los frentes de producción en busca que cada una de sus inversiones vaya al sitio indicado y no terminar en la reafirmación feudal en la que han incurrido anteriores generaciones, lecciones que muy pocos han aprendido, en la que el lenguaje recurrente es: Vallenato sinónimo de vacas y tierras, cuando existen grandes alternativas de inversiones más solidas y de mayor rentabilidad, sin que ello implique que se tenga una manera fea de ver la inversión en tierra y ganado. “Todos los huevos no se deben echar en una misma canasta y está mandado a recoger, la visión latifundista del ayer agrario vallenato”.
La organización es fundamental en el presente de esta nueva generación vallenata e igual, romperle el pescuezo al comportamiento de nuestra cultura genital, que deja una estela irresponsable de encarar los hijos en esta vida terrenal como un padrote sin ley y sin orden. El compromiso y la responsabilidad de esta nueva generación vallenata, es mucho más de lo que ella cree que tiene. No es solo cantar, tocar o componer una canción. Si creen que es eso nada más, están equivocados. Tenemos que poner a nuestra música con la mayor altura y responsabilidad, en todos los continentes del mundo. Por ahora, es de urgente cumplimiento, mirar con sentido empresarial y no de espectáculo organizado, la salida cada vez que ello ocurra, de nuestras delegaciones artísticas a los pueblos de América. Por eso nuestros artistas vallenatos no deben olvidar que, de su responsable tarea depende que “el vallenato en poco tiempo sea el ombligo en nuestro continente”.

*Escritor, Periodista, Compositor y rey vallenato, gestor cultural proponente para que el vallenato y la cumbia tengan una categoría dentro de los Premios Grammy Latinos.

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