domingo, 11 de julio de 2010

“La Maye, más que una musa”

"Nuestra Maye es un lucero que permanece incólume en el firmamento vallenato"Fercahino




*Félix Carrillo Hinojosa

En el tropel de la vida que vivió el mítico personaje, que una tarde fuera bautizado en Patillal, pueblito pastoril y corredor cultural de la gran provincia vallenata, con el nombre de Rafael Calixto Escalona Martines, aparecen como por arte de magia, la novia del caserío que se enfrentaba sin tapujo a la del pueblo, que por muy lejos que estuviesen siempre recibían el galanteo del jovencito bien vestido y bohemio por demás, que hacia hasta lo imposible, por quedar bien con su más reciente conquista. Así se sumaron tantos amores, que a él le quedaba complicado asumir su rol de don Juan empedernido. En ese papel de actor principal, en el mundillo amoroso que tejió Rafael Calixto, sus amigos jugaron un lugar preponderante. Él los repartía a los lugares más insospechados con las mejores estrategias, para llevar razones de boca, papelitos con sus frases amorosas y uno que otro regalito. En esa red, cuya frase esencial era el amor, el mejor narrador musical y quien con sus letras distintas pero no lejanas de lo raizal, se convirtió en el Cervantes del Vallenato, se paseaba orondo como Pedro por su casa, en donde el personaje central era él y no el amor, en donde las mujeres caían rendidas ante su enjundia cubierta por el palabrerío que siempre le acompañó. Pero como es costumbre decir en nuestra provincia, a toda olla le llega su tapa, por mucho que hubiera repartido el corazón ante tantos amores, Escalona Martínez recibió el primer y único sacudón afectivo, que puso a tambalear el imperio romántico que él mismo construyó. La responsable era una jovencita bien parecida y de buena familia que vivía cerca a Valledupar, donde él tenía montado todo su redil amistoso y ante todo romántico. Ella llegó con el corazón en la mano, le cambió la vida y lo puso a pensar en serio. Ella de la noche a la mañana, tenía la única oportunidad de amansar lo indomable del trashumante recitador de versos. Ya los nombres de las musas del creador se redujeron y se limitaron a decir: todo gira en torno a los amores de La Maye con Rafa. Si el chupaflor se perdía en cualquier jardín, él ni corto ni perezoso, le brindaba a La Maye las explicaciones necesarias, siempre cubiertas de música. Si duraba varios días de bohemia como siempre ocurrió, no había nada que lo atara, solo una mujer dentro de esa libertad que él mismo se daba, podía cantarle la tabla, así le entrara por un oído y le saliera por el otro. Esa mujer era y sigue plegada a la historia de su vida, de nuestras vidas, de su historia, de nuestras historias, que moldeó la inspiración de Rafael Escalona Martínez, personaje que tuvo de todo en su vida y antes que nada, vivió de todo, pero con la única musa que fue más que eso y que desbordó de manera leal toda su pasión. Pero quién es esa mujer, que pese a los constantes viajes de Escalona Martínez detrás del amor o de los embelecos políticos que le atrajeron siempre, nunca el creador pudo desprenderse de su sombra. Quién es esa mujer, que jamás lanzó una mala frase contra el creador de las bellas páginas de amor, quien siempre tenía una excusa para sus ausencias. Quien es esa mujer, a la que todo el mundo vallenato exalta y todo el que llega a Valledupar quiere conocer.




Quién es ella, para hacer parte como lo hace, de ese mundo mágico que solo un hombre como Escalona Martínez pudo crear. Ella tiene nombre propio y está viva. Es Marina Arzuaga Mejía, una flor que le entregó todo su perfume. Ella es, la inocente mujer que se enamoró de los pies a la

cabeza y que pese a los vientos que traían quejas del comportamiento de su amado, jamás dejó de creer en él. Ella se casó con el mundo de Escalona, desde el mismo instante en que lo vio. La Maye supo bordar pacientemente los versos hechos en su honor y aquellos de nuevas aventuras que vivía su eterno amor, los supo comprender. Eso es ella. Un mundo de ternura, que no cayó rendida ante el espectáculo de figurar. Ella no necesita levantar su voz para decir que está viva. Todos los vallenatos y los que aman a nuestra música, saben que cada vez que se abre el gran libro para leer los grandes reportajes y crónicas de nuestra música y sobre la vida de Escalona Martínez, ella aparece como una musa eterna. Eso también lo supo siempre el creador, que con ella a su lado, tenía toda una fuente de inspiración segura. Ella es la mujer que supo agigantarse cuando las tormentas de todo tipo llegaron a su vida. Con y sin la compañía de Escalona Martínez, la gran Maye supo soportar y salir avante ante tanto escollo

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Ella dentro de su gran silencio, que es más que todo un culto a la prudencia, que siempre le ha acompañado, se ha levantado como una gran muralla que todos los Valduparenses apoyan, sin que ella lo pida. La Maye, no necesita salir en ningún medio de comunicación para decir, que es la esposa de Escalona o que tiene tantos hijos con él. Ella no está interesada en ponerles el apellido a sus hijos para subir de estatus o lograr figurar en los grandes diarios de Colombia. Ella no necesita hacerse fotos con el presidente o el Ministro de turno o llamar al periodista para que la entreviste, en busca de un reconocimiento social, político o económico. Ella no necesita de esa parafernalia que como una mercancía se construye, para ser lo que nunca se ha sido. Más de uno, sabe la verdad de todo el mundo de Escalona Martínez y somos los llamados a hacer fila en torno a la gran Maye, que nunca pedirá nada pero que sin lugar a dudas, es el gran hilo conductor para entrar al territorio ESCALONA, en donde ella tiene un lugar indestronable. Por eso cada vez que se habla de La Maye, la cometa de mil colores que tiene la obra de ESCALONA trae su nombre en letras doradas.

*Periodista- Compositor y Gestor para que el vallenato y la cumbia tenga una categoría en Los Premios Grammy Latinos

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