lunes, 19 de julio de 2010

La Canción Vallenata

“El Periódico de la Provincia”
*Félix Carrillo Hinojosa



La canción vallenata es el mejor discurso que construyó nuestro campesino analfabeto y semiletrado en toda la provincia. Sus versos musicalizados iban libres, abriendo trochas y caminos, sin importar a qué público estaba destinado. Ni la fama y el prestigio, las ventas o los listados de los más exitosos, era el fin. La misma nace espontánea y como elemento contestatario, ante tanta represión social. Antes de la llegada del Acordeón, instrumento simbólico menor, que arrasó con sus antecesores, el hombre nuestro silbaba melodías, tocaba con hojas, ocarinas, carrizos y golpeaba sobre un madero, siempre en busca de sonidos libertarios. Su memoria a manera de grabadora, recitaba y repetía versos, que iban dejando en los Caseríos como un sello personal. Ese aprendizaje de memoria logró posicionar el canto silvestre, que se mantuvo frente a las primeras penetraciones contaminantes que vivió nuestra música vallenata. Por eso su ritmo, tiempo, color, forma y contenido era directo, con un lenguaje y melodía sin laboratorio. Nuestro Juglar siempre cantó lo que sentía. Pese a sus diferencias sociales, se expresó como quiso hacerlo. Le cantó a todos los temas sin cercenar sus sueños, con el único propósito de convertirse en un canal directo para representar a aquellos que no tenían voz. Ahí emerge la figura del agente cultural que nació bajo la influencia feudal y que con su música, hizo el transito a lo urbano.Todos esos saltos generacionales con sus implicaciones sociales, económicas y políticas las ha vivido la canción vallenata, que ha tenido como protagonista al hombre que siempre cantó su sentir libre o en busca de la libertad. El estado social, económico y político siempre ha estado inmerso en nuestro hombre, posturas que fue perfeccionando y que hizo de esa canción vallenata primitiva una versión mucho más elaborada. Por eso su papel comunicante es evidente y destacado. Sus versos empezaron a construir, las más excelsas crónicas y reportajes del diario acontecer de una tierra sin vías, que elaboró su fuerza narrativa sustentada en su música. El periódico impreso y la radio eran nuestros Juglares y Trovadores, quienes sin conocer la construcción y los efectos del medioevo en el mundo Europeo, cantaban con la fuerza del pensador y hacedor de huellas tan visibles, que su música es la base de un folclor, cuyas connotaciones hacen que propios y visitantes, quieran conocer el por qué de su núcleo narrativo y quienes son los responsables del ayer y hoy de este movimiento musical. Los diferentes temas y enfoques, conque los mismos fueron tratados nos brindan ricas variables, tanto en su forma como en el contenido. Es por eso, que el hombre nuestro se convirtió en un exaltador del amor y puso a la mujer como el primer símbolo de su copla amorosa.



Esa musa no estaba sujeta a los últimos tratados de la moda con anorexia incluida. No, ella era una campesina en la mayoría de los casos, igual a quien le cortejaba. De esa etapa primaria existen muchos ejemplos al igual que en la actualidad, con sus marcadas diferencias. Porque no es igual cuando Alejo Durán le dijo a Fidelina en un son “Bella como flor del campo miren que mujer tan linda” frente a lo planteado por Leonardy Vega Gutiérrez al manifestarle a su musa “Qué tienes que cuando me miras mi vida se queda en tus ojos” O en la desaforada expresión de amor cuando Escalona le manifiesta a Dina Luz “Yo que te quiero hacerme nada como será si me das brujería” que contrasta con la poesía del compositor Fernando Meneses Romero que sin dar el nombre de su fuente inspiradora nos dice “Fuí descubriendo en caricias la inocencia de tus años”
Pero si nuestro creador ha sido rico al abordar el tema del amor, lo contrario a ésta fuerza afectiva, alcanza un importante protagonismo, sino miremos cuando el Juglar Lorenzo Morales Herrera de manera concluyente expresa, “El amor es un collar que más bien sirve de pena” para que Rita Fernández Padilla, comente lo experimentado frente a un amor escondido, al que eleva a una mínima expresión al decir “Hoy solo eres sombra perdida y las sombras pasan y se olvidan”, que se unen a la sentencia que manifiesta Escalona, al considerar que ese amor lo llevó a narrar, “Yo había quedado ni paloma errante cuando un muchacho va y le rompe el nido”, para concluir en la crónica de un amor que se extravió en el tiempo y que es comentado por José Alfonso Maestre Molina, al plantear “Todo acabó, ella se va, ella va, nada es eterno”.Pero si estos dos temas, fluyen copiosamente en el almanaque de canciones de nuestros autores y compositores, la Vida y la Muerte libran su batalla personal. Cada tema ocupa su espacio, tiempo y un protagonismo que vale la pena referenciar. Partamos desde lo que nos plantea Leandro Díaz Duarte, cuando relata “Cuando siento flaquear siento que Dios no me deja” o Gustavo Gutiérrez Cabello, al dejarse arrastrar por los juegos infantiles con su hijo, que deja como resultado un toque humano cuando refiere “Cuando jugamos me hace sentir niño”, que a manera de píque, los creadores Nicolás Maestre Martínez y Rosendo Romero Ospino logran citar “La vieja comprende que más y más se acerca la muerte” y “Algo en mí se está muriendo sin sentir dolor, van cayendo mis palabras como flor al río”, respectivamente.
Pero si estos aspectos, marcan una fortaleza en la construcción de la música vallenata, no lo es menos, el desarrollo del Canto Social, donde se plantean problemas y sus posibles soluciones. Su función directa es refrendada por Escalona cuando plantea “Es el gallo panameño pa echárselo a los gringos” que unido a lo referenciado por Leandro Díaz Duarte al argumentar que “Aquí en Colombia todo lo bueno está planeado para los de arriba y los de abajo, siguen sin pan, sin techo y sin medicina”. Esta función narrativa de lo social es cumplida a cabalidad hasta cierto tiempo, porque posteriormente ha sufrido un corto circuito producto de varios factores entre ellos: la industrialización de la música vallenata, la penetración del narcotráfico y otras fuerzas oscuras, que silenciaron esta capacidad innata de musicalizar la verdad del momento. En esta etapa que hoy continúa, el autor y compositor dejó de cantar el problema social, lo cotidiano y su entorno, sucumbió ante el amor. Estos temas expuestos en la música vallenata se unen a un rico pasado en donde la Píqueria y el Refranero, eran producido de viva voz por nuestra gente campesina, situación que está en vías de extinción, porque la tecnología arrincona y lleva a mal recaudo estas expresiones. Ya no están, los hoy viejos creadores y ante ellos y la nueva generación, se levanta la radio, el periódico y la televisión que en su mundo mediático les quitó su voz activa. Los nuevos valores con escasos ejemplos a seguir, están más preocupados en derrotar a su colega y no a construir de manera colectiva, mejores propuestas musicales, para no caer en la maldición de la mercancía de mala calidad. Antes y ahora existieron excelentes, buenos y malos divulgadores de nuestra música vallenata, pero es la industrialización del género, la que nos permite observar de cerca, quienes han dejado o tienen posibilidad de hacer huellas. Lo de ayer no es mejor ní peor que lo de hoy. Todo es cuestión de analizar en detenimiento, los tiempos vividos y sus efectos económicos, políticos y sociales. Esa es una de las razones que hacen permanente y grande al Festival de la Leyenda Vallenata, porque trata en lo posible, pese a todos los valores agregados que buscan contaminar su función natural, de preservar, divulgar, promocionar y conservar el acervo cultural de la gran provincia, para que los Juglares y Trovadores nuestros nunca mueran.


*Escritor, Periodista, Compositor y Rey Vallenato, Gestor Cultural proponente para que el Vallenato y la cumbia tenga una categoría dentro de los Premios Grammy Latinos.

No hay comentarios:

Publicar un comentario en la entrada